miércoles. 24.07.2024
Pepe Soriano
Pepe Soriano

Todos los que vivimos, cuanto mayores nos hacemos, sabemos y nos avenimos con la certeza de que esto que llamamos vida, termina irremediablemente en la muerte. Pero, esa muerte física resulta en un despertar de recuerdos en la memoria de tantos buenos momentos compartidos con quien nos ha dejado, que se aumentan a niveles gigantescos cuando esa persona era un actor descomunal, y por si fuera poco un amigo entrañable como Pepe Soriano.

Pepe decía que desde niño había querido ser actor, cuando alguien de la familia o del grupo de inmigrantes italianos que frecuentaban su casa le entregó una guitarra cuando tenía apenas 5 años, en medio de un coro de canzonetas nostálgicas de alguna región italiana de la que provenían. 

Porque el apellido Soriano, por más español que parezca, aparece también en diversas regiones de Italia, y curiosamente con más frecuencia que en las demás en Campo Basso, del lado de la costa Adriática de la bota de donde salieron tantos de nuestros antepasados. Digo curiosamente, porque de esa región itálica provenían también mis abuelos, y los padres de otro amigo genial que vive en España, pero que también nació en Argentina, Héctor Alterio. Y eso, sin que lo hayamos sabido de antemano, parece haber sido el certificado oculto del destino que nos llevaría a ser tres íntimos amigos.

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Tita y Héctor Alterio, Mar Lynn Cox, esposa de Jorge Bosso, y Pepe Soriano.

Pepe Soriano, un actor descomunal y un amigo entrañable

Pero, es que Pepe que nació en Colegiales, un barrio entre Palermo y Belgrano, y no muy lejos de Chacarita el barrio donde nació Alterio, en una casa que está en una calle que unos cien metros se corta con las vías del ferrocarril. Una calle que resulta difícil acceder, hasta para los taxistas de Buenos Aires. Pero, sólo tienes que decir voy a la casa de Pepe Soriano, y ahí sí te llevan sin necesidad de más. Así de conocido era, es Pepe Soriano en la Argentina. Una casa grande de las antiguas, donde nació y donde vivió su padre hasta su muerte, a la que Pepe en España, donde dejó una huella imborrable de su talento de actor, tras decidir volver a Argentina, también decidió volver. La casa familiar que había dejado cuando apenas con 20 años dejó para casarse y convertirse en actor profesional muy pronto, de esos que necesitan trabajar no sólo como solaz creativo de interpretación, si no también para sostener a su familia.

Cuando en los años cincuenta yo empezaba a considerar la posibilidad de dedicarme al teatro, Pepe Soriano ya era bastante conocido en la Argentina. Según contaba, en una de sus primeras actuaciones profesionales en una obra clásica, a principios de esa década, al terminar la función, el director le dijo: “Serás siempre un actor de peluca”. Quería decir que no iba a hacer papeles de galán, sino esos llamados secundarios, que requieren por lo general una caracterización especial. Y ese vaticinio se cumplió tal cuál, porque con una serie de personajes de ese tipo, Pepe fue avanzando en su carrera durante la década de los 60, tanto en teatro, como televisión y cine, cuando primero lo conozco personalmente dentro del marco del sindicato de actores argentino, al cual yo me había acercado como nuevo y joven afiliado, entonces más interesado en las actividades culturales y deportivas. 

En la década del 70 llega su consagración definitiva, hasta alcanzar un protagonismo propio, con la primera película que se premia su interpretación, “Juan Lamaglia y Sra”, pero sigue con toda una seguidilla de películas, algunas emblemáticas en la historia del cine argentino, como “Los gauchos judíos”, y “La Patagonia Rebelde”. Pepe Soriano culmina esa década con el éxito masivo, en televisión, teatro y cine, con la composición de La Nona, de Tito Cossa, esa abuela con hambre insaciable que devora todo lo que encuentra a su alrededor, hasta su propia familia. Simbólica representación del sentido de patria engullidora tan propio de los militares argentinos. Cumplido el vaticinio del actor “con peluca” a su máxima excelencia. 

“Serás siempre un actor de peluca”. Quería decir que no iba a hacer papeles de galán, sino esos llamados secundarios

Pero, también en los 70, lamentablemente, había llegado al país la época de las amenazas de muerte, de los desaparecidos, del terrorismo de estado, y por ende, del éxodo hacia el exilio de grandes artistas. Pepe, es uno de los más comprometidos y, sin embargo, decide quedarse en el país, en un ejercicio paradójico increíble, con una especie de gira teatral “de incógnito” por todo lo ancho y largo del territorio argentino, con su monólogo El Loro Calabrés. Contaba que llegaba a un pueblo pequeño y anunciaba como podía la representación tal vez para esa misma noche. El teatro o lugar elegido para la función se llenaba, demostrando la adhesión del público del interior, ya no de Buenos Aires y la grandes ciudades hacia Pepe Soriano, corriendo el riesgo aún de ser aprehendidos por la policía. Con esa recaudación seguía adelante, y hasta logró a ayudar mínimamente a sus hijos. Una experiencia alucinante, pero, como es de entender, igualmente alienante. Por tanto, no es de extrañar que se produjera una crisis, más o menos cuando el país recobraba la democracia, y la necesidad de trabajar como forma de terapia. Entonces, el azar hace que encuentre el gran amor de su vida, Diana Hughes, una joven psicoanalista argentina, de familia galesa, entre tantos y tantas admiradores. Ese encuentro hace eclosión en una relación apasionada, a pesar de la diferencia de edad, que dura hasta la muerte de Pepe Soriano. 

Pepe Soriano y su mujer Diana Hughes, en primer plano, en una visita a la Unión de Actores de Madrid, con Jorge Bosso secretario general en el centro, a su derecha Iñaki Guevara, posteriormente su sucesor, y a su izq. el actor argentino Pablo Echarri y la actriz española Gloria Vega
Pepe Soriano y su mujer Diana Hughes, en primer plano, en una visita a la Unión de Actores de Madrid, con Jorge Bosso secretario general en el centro, a su derecha Iñaki Guevara, posteriormente su sucesor, y a su izq. el actor argentino Pablo Echarri y la actriz española Gloria Vega

Pero, entretanto en España, alrededor de 1987/88, cuando yo estaba inmerso de los albores de la entonces Unión de Actores de Madrid, me entero que viene a España siendo representado por mi mismo representante, el también argentino José Marzilli, que también representaba a otros artistas, grandes amigos españoles, como Pilar Bardem, y su familia. Pero es que Pepe Soriano venía contratado por el director español Antonio Mercero, para interpretar el personaje protagónico del doble de Franco, en la recordada película “Espérame en el cielo”.

Pronto se afilió al sindicato. Y vino a vivir con Diana a escasos cien metros de mi casa, lo que realmente permitió ahondar en una amistad entrañable, cotidiana, ya no personal sino también familiar. Con frecuencia, era lo mismo que nos reuniéramos en casa de uno u otro. Coincidimos como actores en varios trabajos, que recuerde, como El crimen de las estanqueras de Sevilla, un episodio dirigido por Ricardo Franco, de la exitosa serie de TVE La Huella del crimen, y en la película El Rey Pasmado, de Imanol Uribe. Pero, hay una película que no me resisto a contar la anécdota que condujo a ella. 

Pepe Soriano venía contratado por el director español Antonio Mercero, para interpretar el personaje protagónico del doble de Franco

En torno a 1989 me llamó Emma Cohen, de parte de Fernando Fernán Gómez, que era mi gran maestro y amigo español. Sabían de mi amistad con Pepe Soriano, y me pidieron si yo podía invitarlo a un almuerzo en la casa de Fernando y Emma, que ya vivían en Algete. Fernando había trabajado anteriormente en una película en Buenos Aires, junto con Pepe, que los había agasajado. Querían devolverle la atención. Mi mujer y yo también estábamos invitados. Poco me costó invitar a Pepe y que aceptara encantado. Fuimos en mi coche con mi mujer Pepe y Diana. En un hermoso día, almorzamos al aire libre, en el jardín, un típico asado argentino, que había preparado Emma con la inefable ayuda de Dolores, quien los asistió y cuidó por muchos años. Durante el almuerzo, y en la larga sobremesa, Pepe dio una muestra verdaderamente maestra de desdoblamiento lingüístico, asombrando a todos, al referirse en perfecto acento castellano a los anfitriones, como al resto de los invitados españoles, entre quienes se encontraba la inolvidable María Luisa Ponte, y cuando se dirigía tanto a mí, como a mi mujer o a la suya, lo hacía con el clásico acento argentino. De ese encuentro surgió que Pepe interpretara el personaje protagónico del hermano argentino de Fernando Fernán Gómez, en su película El Mar y el Tiempo. El motivo del reencuentro de los dos hermanos separados por la guerra civil española era la muerte inminente de la madre, interpretada por Rafaela Aparicio.

Pepe siguió trabajando en España, y ya entrado los noventa, Antonio Mercero volvió a contratarlo para su exitosa serie de televisión, modelo de comedia de situación familiar, Farmacia de Guardia, interpretada por Concha Cuetos, y Carlos Larrañaga. Pepe Soriano tuvo a su cargo el atractivo papel del abuelo. Así transcurrieron unos 5 años en que Pepe Soriano se convirtió en un actor popular en España, pero nunca a los niveles que había alcanzado en Argentina. Tal vez por eso, una y otra vez en esas reuniones frecuentes que manteníamos, a veces con otros amigos, Pepe expresaba su añoranza de Argentina. Y así fue que ante de llegar a la media docena de años en España, y en pleno éxito, decidió volver a Argentina, coincidiendo con la recuperación de la casa de su padre, que poco a poco, con exquisito gusto compartido con su mujer, fue remodelando a su gusto. Una casa paterna que les brindó el magnifico regalo de una hija, que no habían podido tener en España. La llamaron Victoria, como la consagración de la felicidad de la pareja de Pepe y Diana.

Desde su vuelta, yo mismo he comprobado cantidad de veces al asistir a verlo en diversas obras teatrales, la verdadera devoción que le profesaba el público argentino, y al ser testigo de ello me resulta perfectamente comprensible ese deseo de volver de Pepe, mucho más allá de la clásica nostalgia de los argentinos. No sólo he comprobado esa mala costumbre de ovacionar hasta la emoción a Pepe, cuando aparecía por primera en escenario, y digo mala, porque interrumpe la secuencia teatral, pero comprendo que debe ser algo muy impactante para el actor o actriz que la recibe. He sido también testigo una y otra vez de algo que no había visto en teatro en ningún otro país, el público acercándose en el saludo final, para estrecharle la mano, para tocar agradecido al actor, Pepe Soriano, tan increíblemente popular, que sabía corresponder en otro emotivo remate.  

Pepe Soriano se convirtió en un actor popular en España, pero nunca a los niveles que había alcanzado en Argentina

Pepe Soriano volvió a hacer una película en España, en torno al 2003, “La suerte dormida”, dirigida por Ángeles Gonzáles Sinde, y trabajó en varias coproducciones hispano argentinas, así como asistió a festivales y encuentros donde alguna vez fue premiado. Siempre que estuvo en Madrid, desde entonces, nos vimos él acercándose al sindicato de la Unión de Actores, o visitando mi casa. Lo mismo ocurrió en Buenos Aires, a la recíproca, con Pepe y Diana como anfitriones, tantas veces como yo, mi mujer o mis hijos hemos estado allí de visita. 

Además de la afinidad por la lucha sindical, trabajamos alguna vez juntos por la implantación de los derechos de propiedad intelectual para los actores argentinos, como ya habíamos conseguido en España. Fue el primer presidente de SAGAI la sociedad de gestión recaudadora de esos derechos en Argentina, y hasta su reciente desaparición fue Presidente de honor de la misma. 

Pepe Soriano festeja a la izquierda las anécdotas de la madre de Jorge Bosso, mientra Héctor Alterio atiende de pie
Pepe Soriano festeja a la izquierda las anécdotas de la madre de Jorge Bosso, mientra Héctor Alterio atiende de pie

Pero, además de disfrutar de su amistad siempre le estaré por la atención que supo dispensar a mi madre cuando ella estuvo en Madrid, compartiendo una tarde de mates, o asistiendo, recuerdo, con Héctor Alterio, a uno de los cumpleaños de ella, celebrado en mi casa. Emocionante, ver como estos dos genios de la interpretación la hacían sentir protagonista, atendiendo los cuentos y anécdotas que mi madre contaba. Ella murió hace 15 años en Buenos Aires, pero ese agradecimiento a ambos perdura en mí.

Como me solía decir un antiguo profesor francés de teatro, “no es tan importante eso de nacer actor, lo que realmente importa es morir siéndolo.” Pepe lo ha hecho con toda dignidad. En la hermosa casa familiar de Pepe en Buenos Aires, hay una pared de la construcción original que ha quedado como recuerdo. Allí hay una leyenda que me parece que dice, PUNTO DE PARTIDA, y creo puso Diana para señalar que ahí comenzó todo con su nacimiento. En esa casa ha alcanzado al punto de LLEGADA de lo que consideramos vida. Pero es también la entrada por la puerta grande de esos artistas, como Pepe, que sentimos son inmortales en la memoria, por tanto que nos han regalado con sus geniales interpretaciones. Eso no muere y así lo sentimos seguramente en su familia, y aquellos que fuimos sus amigos.

Pepe Soriano, comprometido y apasionado