Nuevatribuna

Al cantar a

Por suerte su tiempo ha sido nuestro tiempo.

Se marchó el decano de los articulistas españoles. En su honor reescribo algo que le dediqué cuando cumplió 86 años, el 10 de enero de 2014.

Se llamaba Manuel Alcántara, natural de Málaga, crecido en Madrid y vecino del Rincón de la Victoria. Como él, creemos que no hay un “en mis tiempos” mientras estemos vivos. Un gran poeta, magnífico periodista y fiel contertulio. Tal vez, y por desgracia, muchos de los que estudian o se dedican hoy al periodismo no hayan oído hablar nunca del decano de los articulistas españoles.

alcantara-1En literatura obtuvo el Premio de Poesía Antonio Machado con Manera de silencio en 1955; con Ciudad de entonces logró en 1962 el Premio Nacional de Literatura, y recibió el Premio Ibn Zaydun en 1985 por Este verano en Málaga. En periodismo fue reconocido con, entre otros, el Luca de Tena en 1965 por su artículo “Pablo VI en Harlem”; el Mariano de Cavia en 1975 por su artículo “Federico Muelas” y el González-Ruano por su artículo “Tono” en 1978.

El paseo marítimo de Torre del Mar tenía, cuando las baldosas no se caían o no las arrancaba algún inculto e incívico personaje, regados sus poemas frente al Mediterráneo. Mayte Martín ha cantado sus versos en su álbum “Al cantar a Manuel” y los periódicos del grupo Vocento tuvieron el privilegio de contar con su pluma.

Compartía con él la afinidad por el periodismo y el cariño a esa tierra malagueña. Cuando viajaba al sur peninsular a visitar a mi familia leía su columna en la contraportada del diario Sur. Una breve reflexión que destilaba ironía, humor elegante y eléctricos juegos de palabras sobre los temas más diversos y actuales.

Gran aficionado al deporte, buen conocedor y seguidor del fútbol y amante del boxeo. Decía de sí mismo que era “un cantor de lo cotidiano, aunque algunas canciones sean tristes”; y aseguraba que hacía “un periodismo que aspira a salvar instantes”. Llevaba más de cincuenta y cinco años rescatando momentos al publicar su columna periodística. Les recomiendo que lean su Aniversario, y que busquen sus textos para continuar recuperando momentos.

Pese a todos los premios que atesora y que le honran, pienso que no ha sido reconocido como su valía humana y profesional merecían. Les invito a visitar la Fundación Manuel Alcántara, física y virtualmente, para conocer su obra y al autor. También pueden ustedes ver el documental El pésimo actor mexicano con el que le retrató su paisano Jiménez Núñez.

Afirmaba Manuel Alcántara que “Cumplir años, incluso cumplir días, es siempre un salto en el vacío”. Hoy ha dado su último brinco y su ausencia dejará muchos vacíos. Celebrémosle con su coctel favorito, ese “dry Martini” al que nombraba un “cuchillo disuelto”. Nosotros intentaremos llenar el vacío que deja a base de periodismo y de palabras como las suyas. Hasta siempre, maestro.

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Poema de M. Alcántara en el paseo Marítimo de Torre del Mar, Málaga (foto: Iñaki Chaves)

Las palabras 

Donde más me conozco empiezan mis palabras.

Quiero escribirme / como se escribe el silencio en las piedras / o la lluvia en las frentes;

igual que el miedo al agua / en el embarcadero.

Quiero ponerle nombre a lo que va conmigo / y quedarme a vivir en ese nombre,

como se queda / en el barro corrido de una jarra / el resumen de un muerto.

Las palabras me llevan a la tristeza siempre. 

Las amo porque guardan cosas mías: / antigüedad, amor, aroma…, incluso / los recibos del cuerpo que habitaron.

Ellas me obligan al recuerdo, / como un cigarro a solas.

Cuando las miro acaban por dolerme.

Pero ya digo que las amo.

Por ellas tengo días colgados por el pecho, / pájaros en la noche, amigos que ya no, / aniversarios cada tres minutos.

Desde el principio supe / que son iguales que el silencio, / a su manera.

Ahora están viniendo de puntillas / para que no les oiga la tristeza,

para que no se alarme el hombre al que delatan.

Llegan como un calor entre la sombra, / como un color en medio de la niebla.

Siempre son tristes las palabras / si están escritas.

Aunque suenen canciones por el puerto, / cantes del sur junto a la mar pequeña,

o abiertamente pidan / cosas que necesito más que el aire.

Pero vuelvo a decir que yo las amo.

Y sé que no resuelven nada y son inútiles / como ese número de teléfono

que se ha quedado en la memoria / y que no sirve

ni volverá a servir ya nunca / porque aquella persona a quien llamábamos…