martes 3/8/21
LIBROS ENSAYOS

“La filosofía nos ayuda a encajar el golpe y a responder de la forma más audaz, crítica y profunda”

Entrevista a José Barrientos, autor de Filosofía Aplicada Experiencial.
2. José Barrientos
José Barrientos

El filósofo nos ofrece algunas claves de su nuevo libro publicado por Plaza y Valdés Editores, todo un desafío para los lectores, como el que propone el mismo autor en cada una de sus respuestas.

Entre las actividades que desarrolla Barrientos se encuentra un programa de llevar filosofía a los centros penitenciarios.


Pregunta: - ¿Qué encontrará el lector en Filosofía Aplicada Experiencial?

Cubierta del libro Filosofía aplicadaRespuesta: - En primer lugar, se expone una forma de encarnar la Filosofía con personas o con grupos. Estos últimos integran desde alumnado de cualquier nivel educativo hasta padres y madres de familia y miembros de organizaciones públicas y privadas hasta privados de libertad, jóvenes conflictivos o personas con diversidad funcional que necesiten afrontar los problemas de su vida con filosofía. El entrenamiento filosófico ayuda a agudizar las capacidades críticas, a disminuir la vulnerabilidad a la manipulación, a adueñarnos de nuestras decisiones, pensamientos y emociones al gobernar sobre desmanes pasionales que padecemos, a incrementar la competencia para comprender a otras personas y realidades no sólo discursivamente sino desde la hermenéutica corporal, entre otras habilidades.

Las dimensiones experienciales de la Filosofía nos enseñan que nuestras decisiones no siempre están determinadas por juicios discursivos o por razonamientos argumentativos, sino por las experiencias que nos han marcado. Cuando unos padres deciden tener a un hijo no sólo se guían por la cuantificación de ventajas y perjuicios sino por una experiencia previa que los ha marcado creando el anhelo específico que convierte en deseable o desdeñable esa elección. Este libro indaga en el origen y despliegue de esas vivencias que nos han configurado y de aquellas que hemos vivido y que no ha rozado nuestra existencia.

Los ejercicios experienciales son necesarios para entender cómo podemos ayudar a una persona a reencontrar un camino vital después de situaciones graves como el fallecimiento de un ser querido o el padecimiento de una enfermedad que casi conduce a la muerte. Lamentablemente, estos padecimientos son parte de la experiencia de millones de personas en nuestro mundo marcado por el COVID19. La Filosofía Aplicada ayuda a afrontar estas situaciones de una forma crítica, consciente y valiente.

Además, las páginas proponen talleres que servirán de punto de partida para entender, desde la práctica, este modo de desarrollar las actividades filosóficas. La obra se completa con la explicación de experiencias reales que el autor ha vivido en varias partes del mundo, incluyendo relaciones con mendigos que acabaron falleciendo o con reclusas de prisiones mexicanas que, al mismo tiempo, son verdugos y víctimas de la violencia.

P: - ¿La filosofía ahora es más urgente que antes?

R: - Podríamos tener la sensación que la Filosofía es más demandada hoy que en otro tiempo. Libros como Sopa de Wuhan, los artículos sobre el COVID19 de Agamben, Espósito o Zizek, los diccionarios de filosofías COVID19 (como el del CSIC dirigido por Roberto R. Aramayo) y las decenas de actividades de Filosofía Aplicada que se han ofertado por todo el mundo justifican esta afirmación. 

Sin embargo, existe una cuestión polémica que debemos reflexionar: cuándo la sociedad demanda a la filosofía respuestas, ¿le está solicitando un fruto filosófico de orden crítico o ideológico? Me explico.

En los últimos meses, me han trasladado reiteradamente la pregunta ¿qué puede ofrecer la Filosofía ante los tristes sucesos que estamos padeciendo? El entrevistador busca un analgésico que calme el dolor sufrido transnacionalmente. Contamos con filosofías que pueden ofrecer ese “nolotil” existencial. De hecho, una parte de las enseñanzas estoicas o pascalianas sirven para disminuir el sufrimiento ante los envites de la vida, aunque este no sea el pilar único ni el básico de estas corrientes y autores. El problema con la pregunta es que descansa en un marco ideológico incuestionado que esconde asunciones como las siguientes: “la crisis es, desde cualquier perspectiva, negativa”, “el sufrimiento ha de ser erradicado en todo caso” o “el confinamiento conduce a patologías”. Quien se oponga a este magma ideológico será objeto de exclusión y ostracismo social. Se categorizará como monstruo, enfermo o, al menos, raro o extravagante a aquel que “esté disfrutando del confinamiento”, “que haya encontrado un valor a padecer el COVID19” o que cuestione (nótese que cuestionar y rechazar son dos acciones diferentes y que aquí no deberían confundirse) alguna afirmación científica difundida desde medios cualificados.

Por todo ello, hoy existe urgencia de la Filosofía. No obstante, quizás, la primera respuesta a quienes nos la piden deba ser provocativa para cuestionar sus marcos ideológicos, aquellos de los que depende y de los que no se apercibe. En consecuencia, sería productivo contestar que lo que puede ofrecer la Filosofía al mundo hoy es abrir la brecha del abismo, ampliar el suplicio y evitar que el dolor se cierre. Ante su cara de perplejidad, añadiremos que estas acciones permiten un ahondamiento existencial que nos lleva a saber quién somos, que nos hace más auténticos o que la Filosofía Aplicada que defendemos es de tipo gladiatorio y el gladiador es consciente de que, aun en tiempo de descanso, hay que entrenar para la guerra. Por otro lado, ¿es posible madurar sin frustración o, al menos, negación? ¿acaso no es la función de cicatriz y del viaje iniciático dar carácter? Decía Séneca que la filosofía es un compromiso con una vida nada fácil y que se burlaría de nosotros quien nos dijera que éste es un camino fácil y llevadero. La vida golpea duro, pero la Filosofía nos ayuda a encajar el golpe y a responder de la forma más audaz, crítica y profunda.    

P: - ¿Qué peligros corre una sociedad que ignore la filosofía?

R: - Depende del tipo de Filosofía a la que nos refiramos. Foucault en Gobierno de sí mismo y de los otros apuntaba que algunos filósofos habían comenzado su trayectoria de pensamiento mediados por una fuerte vocación emancipadora: querían liberar a otros sujetos del mundo de engaños y sombras que los sometía. Sin embargo, acababan esclavizando a los demás en la medida en que imponían sus discursos dogmáticamente y olvidaban la esencia emancipadora que debe integrar el pensamiento. En este mismo sentido, Horkheimer avisaba de los intelectuales que se plegaban al sistema para apoyar discursiva y científicamente sus discursos y Marcuse se dolía de sus maestros filósofos que, en el momento del compromiso dieron un paso atrás a pesar de sus elocuentes discursos sobre la necesidad del pensamiento crítico en la sociedad. Aquí se pone de manifiesto ese “postureo filosófico” denunciado en el subtítulo del libro.

La Filosofía Aplicada busca entrenar a los sujetos en sus capacidades críticas, por lo tanto, aspira a una horizontalidad (regulativa) en los intercambios con los participantes de talleres o consultas. Su objetivo no es imponer conocimientos sino entrenarlos filosóficamente para que sean ellos y ellas quienes los fragüen. Una sesión en prisión no es una clase de moral que señala dónde se encuentra el bien o el mal; por el contrario, se ofrecen mecanismos éticos y epistémicos para que sean los asistentes quienes forjen sus propios juicios. Esto no quiere decir que una sesión no pueda incluir una explicación sobre el contenido del bien en Aristóteles o en Kant, sin embargo, se asegurarán dinámicas que favorezcan un juicio crítico sobre ellos. Esto no quiere decir que cualquier argumento sea válido puesto que existirá una jerarquía basada, en primer lugar, en criterios argumentales. No se fomenta la libertad de expresión sino la libertad de pensamiento y éste, como las potencias morales, ha de ser entrenada, tal como señalaba David Hume hace algunos siglos. Por todo ello, la Filosofía Aplicada no infantiliza a quienes acuden a ello señalando que son incapaces de pensar o que sólo cabe enseñarles la luz de la verdad, sino que confía en que adquieran una mayoría de edad para sean ellos los que enciendan esa luz.

La Filosofía Aplicada afina la mirada para descubrir los dispositivos del poder, lo cual resulta esencial en estos meses biopolíticos de pandemia. Fromm avisó sobre cómo el miedo es un mecanismo para evitar que la ciudadanía busque la libertad, Kant añadía la pereza y Foucault nos enseñó que los dispositivos de control dentro de la prisión también se ejercen invisiblemente fuera de ella: las cámaras en las carreteras, la transparencia indiscriminada, la instilación de miedos de carácter biológico, la clasificación en la escuela o en el trabajo por medio de pruebas o exámenes, la disposición de un aula, de un despacho e incluso la separación de las habitaciones masculinas y femeninas en el domicilio particular, el sistema de recompensas de padres y profesores de acuerdos al modelo impuesto por el sistema que nos convierte en objetos o en recursos humanos y la administración de los tiempos de ocio o de las vacaciones conforman mecanismos que diseñan nuestras identidades de acuerdo a los modelos del poder.

Este poder no sólo es ejercido por los sectores más criticados en las encuestas, puesto que una madre o padre de familia acaban ejerciendo mecanismos de control que critican a los políticos o a los jefes de su empresa. Decía Horkheimer que “la actitud superficial de objetar sistemáticamente ideas o situaciones aisladas, que haría del filósofo un cómico personaje”, cuando nuestra crítica se dirige exclusivamente al exterior caemos en análoga caricatura por la falta de autocrítica.

Como puede verse el entrenamiento de una Filosofía Aplicada ayuda a hacer consciente de todo estoy y, por ende, a transformar las realidades personas y sociales, como empiezan a demostrar cuantitativa y cualitativamente nuestros proyectos en la disciplina.

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P: - ¿Y qué espacio tiene la filosofía dentro de una cultura líquida?

R: - Algunos compromisos se infieren de las respuestas anteriores; no obstante, se pueden aludir a otros que se pueden practicar por medio de los talleres sugeridos en el libro. Resumimos algunos ejemplos.

Para la filósofa española María Zambrano, filosofar es descifrar el sentir originario, es decir, una peregrinación de despellejamiento o exilio existencial que nos ayuda a descubrir nuestra autenticidad. Si se acepta que disponemos de una identidad (aunque esta sea líquida, dúctil o evanescente), los talleres zambranianos nos ayudan a mantenernos a flote en la liquidez gracias al renacimiento diario de nuestro ser.

Richard Rorty vincula la filosofía con la creación de diálogos solidarios para fomentar la comprensión entre los diversos modos de redescribir la sociedad. Los talleres rortyanos servirían para generar democracia en un mundo como el nuestro en que litigan violentamente culturas, ideas y cosmovisiones dispares. Una cultura en constante conflicto mediada por mecanismos que incentivan la crispación en lugar del entendimiento requiere estos lugares filosóficos que ejercitan la comprensión común.

La Hermenéutica es la sub-área de la filosofía dedicada al acto de comprender. La historia de la Hermenéutica nos enseña las diversas formas de entender la idea de los demás. Esa compresión no siempre es interpersonal, sino que puede fundarse en la comprensión cultural. Así, la coincidencia o desavenencia de un diálogo no necesita derivarse de las posiciones de las personas que están hablando sino de los marcos culturales que conversan a través de los sujetos. Esto podría llevar al enfrentamiento de dos amigos debido a los marcos culturales en que están insertos (por ejemplo, un animalista frente a un taurino) a pesar de que en el plano personal coincidan.

En fin, la riqueza de la Filosofía (Aplicada) para nuestra cultura es polifónica: aunque la sinfonía filosófica es una, la multiplicidad de los instrumentos que tocan generan juegos para miles de desafíos cotidianos.

P: - Usted lleva la filosofía a centros penitenciarios, ¿podría hablar de esa experiencia?

R: - El Proyecto de Filosofía Aplicada BOECIO se inició hace más de un lustro, aunque sus orígenes se remontan a hace más de quince años. Entonces, Eduardo Vergara, un compañero de curso se unió al grupo ETOR, en el que trabajábamos desde finales del milenio anterior, e inició talleres en la cárcel Sevilla 2. Luego, los llevó a otros centros penitenciarios.

Actualmente, BOECIO está implantado en media docena de países iberoamericanos (Brasil, Colombia, México, Argentina, España,…) aunque hemos tenido peticiones para ser implantado en una docena más de países de habla no española ni portuguesa (Turquía, Croacia, Estados Unidos o Italia, entre otros países).

Su objetivo es entrenar las capacidades de pensamiento crítico y gobierno de las pasiones en los agentes implicados en la prisión. Además, mide los resultados en un estudio cualitativo y cuantitativo que, a día de hoy, ha demostrado mejoras en los participantes a nivel de regulación emocional, apertura de mente o autonomía en relación al consumo de estupefacientes. Aunque, realizamos formaciones y talleres casi exclusivamente con reclusas y reclusos, antes de fin de año funcionaremos con familias, funcionarios de prisiones y otros colectivos.

El proyecto cuenta con financiación de la Unión Europea y de la Oficina de Cooperación de la Universidad de Sevilla y se está viralizando por las prisiones a nivel internacional y por varias universidades con proyectos que emanan de éste.

El año pasado, realizamos un breve documental presentación en la Noche Europea de los Investigadores que se ha convertido en el más visto de su categoría de los expuestos en Europa por la Fundación Descubre.

P: - ¿El ser humano en peligro es más consciente de la necesidad de la filosofía?

R: Necesitaríamos un estudio para responder con rigor a esta pregunta; por tanto, mi respuesta será intuitiva, aunque fundada en estudios filosóficos.

Considero que el peligro es un mal compañero de la Filosofía crítica. He apuntado El miedo a la libertad de Fromm y a otros autores que ponen de manifiesto que esta emoción manejada con habilidad sirve para el control sobre los sujetos. Recordemos que, durante el tercer Reich, las capacidades críticas fueron lesionadas con amenazas y la incentivación de miedos reales e imaginarios. Asimismo, la sensación de inquietud del periodo de confinamiento dio lugar a los policías de balcón (a los cuales me he referido en un pequeño artículo), las personas empezaron a denunciar de forma acrítica, compulsiva y dominadas por el miedo y posibles peligros. Este magma dio lugar a los avisos que algunas enfermeras recibieron de sus vecinos para que abandonasen bloques de pisos por el miedo a ser contagiados. No estoy cuestionando a quien denuncia un acto no ético sino a quien lo hace de una forma acrítica, es decir, movido por el terror ante un peligro que lo cegaba. Hace apenas unos meses, una madre que paseaba con su hijo autista por la calle en pleno confinamiento domiciliario era increpada desde los balcones. La condición de su hijo legitimaba y hacía necesario ese paseo: sin embargo, el miedo y la frustración desde los balcones condujo a una situación que nos recuerda a los autos de fe de otros tiempos o a situaciones peores. La falta de pensamiento crítico nos aterroriza por lo que generó en la época del Tercer Reich, pero si una pandemia que provoca menos de un cinco por ciento de muerto en la población hace que mucha ciudadanía pierda sus capacidades críticas, ¿no deberíamos los filósofos buscar medios para fortalecer estas competencias y no sólo para lamentarnos de su carencia en la sociedad?

P: - ¿Qué nos aturde más, la falta de conocimiento o el exceso de información?

R: - Los conceptos están muy bien elegidos porque conocimiento e información son muy diferentes. Ahora bien, necesitaría entender el sentido exacto que pretende dar al “aturdimiento”. Si lo vinculamos con la confusión, considero que el exceso de información conduce más a esta circunstancia puesto que una falta de conocimiento sin información simplemente llevaría a un sonambulismo.

En cualquier caso, mi preocupación actual no bascula sobre estos puntos o a otros reiterados como las fake news, sino a la imposición violenta de unos discursos sobre otros y a la condición feroz twittera y “trolleadora” en que estamos insertos. En ocasiones, pienso que el término “fake news” se usa para defender la propia información o conocimiento frente a la del otro, que siempre se degrada como falsedad sin haberse parado a escuchar sus justificaciones. Ante el opositor, no se plantea una escucha compasiva sino una crítica sorda y menospreciadora usando razones, que, con frecuencia, proceden del marco ideológico y sensológico en que se vive. Nos erigimos en la posesión de la verdad y ubicamos al otro en el de la mentira, el error y la falsedad mediante mecanismos de exclusión social realmente terroríficos y donde resuena la historia del filósofo que pasaba de emancipador a tirano en la cita de Focuault que veíamos arriba.

Axel Honneth, el penúltimo director de la Escuela de Frankfurt, aseveraba que el reconocimiento empieza con el amor y el respeto. Estos se manifestaban con “una sonrisa” y un “gesto de bienvenida”. ¿Qué nos ha pasado? ¿Qué ha pasado en nuestras geografías occidentales donde la sonrisa y el gesto de bienvenida no sólo son extraños entre los filósofos y filósofas sino entre los intelectuales? Dicen que la sonrisa de Ortega era famosa. Esta y la claridad, que él citaba como la cortesía del filósofo, son dos elementos que la Filosofía se debería plantear retomar en nuestra contemporaneidad y cuestionar esa imagen de dandy negativo que se dedica a realizar una crítica negativa olvidando que la Filosofía es apertura, desafío por lograr respuestas y que nació en la calle.  

Sin duda, hay que ser riguroso en los planteamientos filosóficos, conocer la historia del pensamiento, pero, hay que recordar que no hay crítica sin autocrítica, que los filósofos antiguos eran agorafílicos de sandalias y no agorafóbicos de despacho, que sería recomendable abrir las ventanas para dejar salir el olor a cerrado de muchas instituciones educativas y saludar al vecino, habría que desarrollar una condición anfibia en el filósofo, es decir, incentivar pensadores que, sin abandonar la rigurosidad académica, sepan dialogar con (y no sólo sobre) la entraña del menospreciado sin que eso no lleve a la confusión del camaleón y recordar que hacer una filosofía por y para filósofos podría hacer caer en el modelo del BBVA y dinamitarse a sí misma al impedir entrar en conversación las ideas de los grupos que, tradicionalmente, quedaban alejados de los tronos y tarimas de poder. En suma, la apuesta de este libro es interlocutiva, experiencial y aplicada, sin que ello implique dejar de hacer filosofía, un desafío para los/as pensadores/as presentes y futuros.

“La filosofía nos ayuda a encajar el golpe y a responder de la forma más audaz, crítica...