miércoles 8/12/21
CRÍTICA DE JESÚS CÁRDENAS

La vida después

El autor aborda el nuevo libro poético de Fernando Beltrán, un libro que "nos conmueve, nos deja temblando". La presencia de la Covid 19 y sus efectos llevados por el lenguaje a una experiencia emocional profunda.
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Poesía | JESÚS CÁRDENAS

Han sido y son dichosos quienes pueden contarlo después de haber sido contagiados por el dichoso virus: los supervivientes del COVID-19. No me imagino el mal trago por el que habrán pasado. Me pregunto a qué se habrán agarrado para sacar fuerzas donde seguramente flaquearon. Me imagino que Fernando Beltrán se ha agarrado por igual a la vida como a la poesía. Es, pues, La curación del mundo (Hiperión) un libro de poemas que muestra el transcurso de la infección, pero será, de nuevo, y, como no podía ser de otra manera conociendo la trayectoria del poeta ovetense (reunida en Donde nadie me llama), mediante el singularísimo empleo del lenguaje, la anécdota trasciende hasta el punto de hacernos todos partícipe de su dolencia.

En apenas treinta composiciones Beltrán nos muestra la habilidad en la escritura poética. Un conjunto unitario, sucesivo, sin escisiones ni quebraduras, a pesar de que convivan poemas de desarrollo con otros más breves en el mismo espacio. Si nos vamos a las dedicatorias finales, “La cara oculta del poema”, enmudeceremos.

R (1)La dureza de la situación nos deja helados cuando Beltrán entra en la parte climática de la primera composición: “Cuando el ángel que te ha dado la mano, inesperada, / la mano que, asustada o decidida, ha sentido de pronto, / tal vez arrepentida, que tocaba la muerte de alguien vivo”. La insistencia de la vida, nuestro sino persistir pese a todo, se refleja poderosamente en la composición más extensa del libro, donde la tensión, una de las características de la poesía de corte íntimo, es palpable. Las enumeraciones y los recursos de repetición, así como la persistencia del ritmo endecasilábico, producen una musicalidad que maravilla: “que todo sigue // cuando ya nada es tuyo, / pero aún es contigo”.

Esa persistencia a seguir viviendo le recuerda a Beltrán la gesta de pedalear la subida del “Alpe D´Huez”, llegando casi al punto mágico: “como aquellos ciclistas que ascendían / montañas imposibles, latidos inhumanos”. Brillante la técnica de estar en otro. Así, se aferra, colocándose en lugar del otro, desplazando el sujeto poético, también en el arte, como cuando aparece sorprendido, en el cuerpo de Chet Baker, en “Solo de trompeta”, o como confiesa, en “Goya”, su amor a la entrega del pintor de las “Series negras” o “Los desastres de la guerra”.

Cuando llega el momento en que se le administre medicamentos, la transfusión de sangre, surgen terribles miedos –tan lógicos por otra parte. Demasiadas incógnitas. Así, se ve el autor en medio de los ensayos clínicos en “Malaria”: “qué noticias me traen, aunque al final / vuelve la misma siempre entre los dedos, // la pócima, el Dorado, una pastilla / que cura la malaria, dicen, que tal vez / […] Prefiero no saber. Me aferro entero”. En este poema puede verse también parte de la poética del autor: “no me tomen tal cual y al pie / de letra, un poema no es un pensamiento / previo, escribe libre y solo, y a su aire”. En su evocación a la deliciosa novela corta de García Márquez, “La hojarasca”, Beltrán reflexiona sobre la importancia de los libros que pesaban demasiado y la crítica de aquellos que no se enfrentan al riesgo de la palabra, en las cercanías: “Los poetas intuyen, bajan la voz, se alejan, / conocen las batallas perdidas de antemano”.

775-Beltran (1)Al final, tras pequeños logros, gestos de superación, se crea un punto de inflexión, así que lo vivido tomará otro cariz, las palabras habrán de ser repensadas, y el sentimiento amoroso se ensanchará: “Las cosas no serán la misma cosa, // nosotros no seremos los mimos, / los otros no serán ya los otros, / el amor no será ya el amor, / será sólo el amar, y será más”. También lo dirá en “Tacto”: “nosotros no seremos los mismos, / los otros no serán ya los otros, / el amor no será ya el amor, / será sólo el amar, y será más”. Y lo repetirá en “Carne cruda”: “Nunca serás ya el mismo”. “Things will never be the same” cantaba Roxette en el 91.

Algunos de los últimos poemas citados están compuestos por versos nominalizados en esticomitias, frases lúcidas que encierran reflexión y esperanza, y pese a estos aciertos, quizás no sean tan intensos como lo es “Luego”, la composición que representa la sanación, y la que mejor refleja el estremecimiento ante la cercanía de la muerte. Su inicio conmueve al lector: “Después de aquella muerte / en mi cabeza, sangre”. Entre verbos que desarrollan progresivamente la pérdida, esboza la plenitud poética de manera portentosa y contundente: “conservar la poesía, conservar la memoria / de los charcos en la ciudad del norte”. Ya lo dijo en “Hotel vivir”: “no saber olvidar, morir de amar”. El eco es entonces la poesía. Aquí, se demuestra que posee el don de transformarnos, la ingente capacidad para sobreponernos de los vaivenes que nos conducen a encallar: “dejé incluso de ir, ya no me gusta nada que me digan / lo que puede no puede curar un buen poema”. Y por muchas dudas que existan, quien ha dedicado su vida a escribir versos, estas palabras rinden un extraordinario tributo a la poesía: “y yo pensé siempre // que sin poesía jamás podría vivir, // sin el grito, la brecha, el miedo, / sin el frío, la lluvia, tus caricias / nunca podría vivir”.

La curación del mundo nos sobrecoge, nos conmueve, nos deja temblando, pero también, como al mismo Fernando Beltrán le resultó, nos arropa, nos sirve de refugio y también de consuelo.

La curación del mundo, de Fernando Beltrán. Hiperión, Madrid. 2020. 84 Páginas. COMPRA ONLINE


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JESÚS CÁRDENAS es escritor, profesor y crítico literario

La vida después