Jueves 27.06.2019

La luz nada testimonia

Sobre la lectura del último libro de Alejandro Tarantino Aréchega, "La Terribilità".

Bien sabe nuestro amigo Alejandro de dichas evanescencias..., y no solo de nuestra levedad, sino de la del propio tiempo.


SABIENDO QUE LA LUZ NADA TESTIMONIA

Toda obra que comunique un sentido estético tiene sin duda que ocuparse y muñir el concepto del tiempo y el concepto del vacío; el paradigma es insertar lo humano, su periodicidad, la impronta del pensamiento y la propia consciencia. Vanidad del reino de lo efímero, de lo que no existirá, de lo que nunca ha existido. Parafraseando al ínclito Felipe Neri, tutto è vanità... Esa Vanitas sabiamente representada por la calavera, memento mori, solo nos permite entrar en el ensueño en el que transcurren nuestras vidas.

Es precisamente en esa ensoñación donde encontramos al autor..., los paisajes del averno, citereas evocadas, piélagos cosmogónicos de bóveda craneal... Pero no sólo ahí; también en el gesto humano, en la mano tendida, en la mirada que muestra el alma, en el abrazo y en el roce de la piel, ¡Dios qué buen vassallo! ¡Si oviesse buen señor!, (Cantar de Mío Cid) para volver a lo telúrico, con la cetra in Pectore, habitando el Hades, avanzando en esas aguas oscuras de la Estigia, imperturbablemente animado por el inesperado atisbo.

SABIENDO QUE LA LUZ NADA TESTIMONIA

Así es el alma de este artista que sabe la inmensidad de lo que ignora, que conoce el instrumento para definir aquello que intuye con absoluta gravedad y que sólo se nutre con el pan que el negro cuervo le trae como alimento cada anochecer en el pico.

Nos habla de roces y piel, incluso de pasión y de deseo..., pero en un lugar inhumano donde el instinto se torna doctrina, en un paisaje arrasado por un meteoro mineral y casi despiadado, un Hades dantesco de eterna penalidad y asombro.

Esta ubicuidad deshumanizada, habitada por reflejos de conciencia (mar de piedra, horizonte breado y humeante), no impide que la compasión de Alejandro nos tienda una mano de luminosa lucidez.

tarantinoSABIENDO QUE LA LUZ NADA TESTIMONIA

PRESENTACION

Buen momento queridos y queridas. Cuando Alejandro Tarantino Aréchega me consultó sobre la posibilidad de hacer la presentación de su libro La Terribilità de la Editorial Baile del Sol (vocablo del renacimiento italiano que los coetáneos del maestro Buonarroti utilizaban para definir su estilo grandioso y de fuerza potente, sobre todo de la obra escultórica, y que según el propio Michelangelo hace referencia a un modelo de hombre entendido como una totalidad), y escribir sobre el híbrido de palabra y materia, le dije automáticamente que sí; la medicación y la vital experiencia me han convertido en un atrevido timorato, pero en esta ocasión merecía la pena asumir el desafío.

Algún tiempo atrás, haciendo limpieza y orden en mi casa, apareció un texto caído de anaquel. En el escrito no aparecía ninguna referencia. Al leerlo quedé atrapado; qué era aquello? Llegó a mis manos sin prejuicio alguno, no sabía quién era su autor ni cuándo fue escrito. El estilo era denso, cultísimo, (pensé que pertenecía a mi maestro, el malogrado Alberto Cardín...). Pero no se trataba solo de un ejercicio estilístico, el autor dotaba al texto de una estructura vascular y hacía alusión a la evocación estilita del basamento en el discurso y de la lógica del pensamiento, erigiendo una celestial Jerusalem que siempre me llevaba indefectiblemente a la contemplación de la impureza.

Pensé: "es como sumergirse en un PRESENTE DE OLVIDO que evoca nuestras edades....", "es lo que siempre oigo en el don de la ebriedad...", "es nieve recién caída con gota de sangre..."

(SILENCIO)

Gracias querido Alejandro, te debemos cuanto escribes.

COMBINATORIA

Es el momento de mencionar a Román Hernández, artista plástico, escultor y cómplice necesario en la realización de este libro. También un amigo.

La obra de Román esta conectada con el relato de Tarantino, no me es extraño su encuentro.

La alusión histórica, la cita culterana (en este caso en acero, piedra, resina o el elemento natural) es común en ambos artistas; pero no nos dejemos engañar por el estilo como sinónimo de levedad; el relato de profundis es muy similar,

La transcendencia del ser, el elogio a la tradición sólo es un método desesperado que materializa el solitario grito de la humanidad. Ambos son conscientes de la soledad y del vacío de la existencia y ambos, a mi modo de ver, de una forma desesperada buscan el contexto donde su pensamiento plasme nuestra indefensión.

Ambos depuran la técnica, el buril o el estilete, ambos yacen solos entre la multitud, ambos miran al origen para encontrar claves de futuro.

Querido Román; ¿qué te dice Gamoneda desde su armario? ¿Qué te susurran Piero della Francesca, Vitruvio, Luca Pacioli, Fibonacci o San Agustín desde sus obras muertas? Muerte, memento mori en plena obscenidad, con una doncella abierta y oferente. Delicada glotonería de carroña y despojo, como citaba el passacaglia, en un mundo, nuestro mundo, donde la muerte no existe, si acaso, todo el cúmulo de las ausencias…

La luz nada testimonia
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