miércoles 08.04.2020
GUÍA DE CIUDADES ESPAÑOLA

Pamplona, ciudad medieval

Las murallas de Pamplona constituyen uno los complejos bélicos más interesantes y mejor conservados de España, lo que le valió ser declarado Monumento Nacional.

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LAS MURALLAS DE PAMPLONA

Con sus cinco kilómetros de recorrido, que permiten un insólito y evocador paseo bordeando la ciudad, las murallas de Pamplona constituyen uno los complejos bélicos más interesantes y mejor conservados de España, lo que le valió ser declarado Monumento Nacional.

Como ciudad medieval, Pamplona se rodeó de un anillo amurallado para defenderse del enemigo, pero no fue hasta la incorporación del Reyno de Navarra a la Corona de Castilla, en 1515, cuando su situación estratégica le convirtió en un puesto avanzado de la corona española ante Francia.

Comienza entonces el desarrollo de una magna y formidable fortaleza, que tiene su punto álgido con la Ciudadela. Bastiones, baluartes, portales, medias lunas, revellines, fuertes... dotan el conjunto amurallado de toda la sobriedad y sofisticación de este tipo de conjuntos defensivos.

El desarrollo urbanístico del siglo XX obliga a derribar algunos frentes para que la urbe de la modernidad pueda expandirse. Pero la esencia permanece.

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Plano de las murallas de Pamplona

La Pamplona medieval tuvo su cinturón de murallas, primero en torno a sus distintos burgos (San Cernín, San Nicolás y Navarrería) y, tras el Privilegio de la Unión (1423), formando un anillo alrededor de toda la ciudad. Con la anexión a Castilla en 1512, Pamplona se convierte en un puesto avanzado de la corona española ante Francia y el objetivo permanente durante los tres siglos siguientes será el sostenimiento de la frontera ante posibles invasiones. De ahí el interés que tuvieron Fernando el Católico y sus descendientes Habsburgo, por convertir a Pamplona en una ciudad inexpugnable, adecuando sus defensas a los avances técnicos de la guerra.

En 1571, Felipe II ordena levantar la Ciudadela, auténtico hito de la ciudad fortificada, y se inicia en las siguientes décadas el perfeccionamiento del cinturón amurallado. Así, y siguiendo el trazado desde el parque de la Media Luna, encontramos los baluartes y bastiones del Labrit, Redín, Guadalupe, Pilar, Abrevador, Parma, Gonzaga y la Taconera, y ya en la Ciudadela, los de Santiago, Santa María y Real.

Contraguardias, lunetas (San Bartolomé, San Roque), revellines (como el de los Reyes), y fuertes (San Bartolomé, San Roque y del Príncipe) fueron completando el complicado sistema defensivo de Pamplona que no hizo concesiones al estilismo y cuya potencia, robustez y sobriedad se evidencian en el rigor del sillar y la fortaleza de los muros. Por esta disposición de las murallas la ciudad tuvo vetado su crecimiento horizontal hasta 1888, año en que se autorizó la demolición de dos baluartes de la Ciudadela, y pudo nacer así el Primer Ensanche de la ciudad. Ya en 1925 se procedió al derribo de la parte sur de la muralla que hizo posible tanto el Segundo Ensanche así como las posteriores expansiones de Pamplona.

Actualmente, se siguen conservando tres cuartas partes del perímetro amurallado, que combinan la ciudad medieval con la urbe moderna y de vanguardia. El conjunto amurallado de Pamplona ha sido declarado como Monumento Nacional y tiene la consideración de Bien de Interés Cultural; algunos expertos lo consideran el conjunto fortificado moderno más importante de España

Si como visitante, quiere disfrutar de las murallas, puede hacerlo por su parte alta o por la parte baja. En el primer caso, aborde la Media Luna y siga por el baluarte de Labrit, la ronda del obispo Barbazán, el baluarte del Redín, el antiguo palacio de los Virreyes y el paso de Ronda, hasta terminar en los jardines de la Taconera.

Su recorrido, además de sumamente agradable y entretenido, le descubrirá aspectos insólitos de la ciudad histórica. Si elige la parte baja de las murallas, perderá en panorámicas de la ciudad a cambio de apreciar la contundencia del recinto, que ha resistido asedios durante siglos. Siguiendo el Parque Fluvial del Arga, encontrará huertas, caballos y ganado, instalaciones deportivas y el puente medieval de la Magdalena. En cualquiera de los dos casos, el paseo dura aproximadamente una hora.

En su visita por Pamplona, podrá atravesar algunos de los portales que recorrían el recinto, no siempre en su lugar de origen. El más antiguo y el único que se conserva íntegro e "in situ" es el portal de Francia o de Zumalacárregui (1553). Muestra un escudo labrado con el águila bicéfala y las armas imperiales. A primeros del siglo XX se derribaron el portal de la Rochapea y Tejería, se desmontaron el de la Taconera y San Nicolás (ahora reconstruidos en el parque de la Taconera) y se amplió el Portal Nuevo.

II.-    LA CIUDADELA

La Ciudadela está considerada el mejor ejemplo de arquitectura militar del Renacimiento español y uno de los más destacados conjuntos defensivos de Europa.

La Ciudadela nació para proteger Pamplona, a instancias del rey Felipe II, quien la mandó construir en 1571 con el fin de hacer frente a las constantes incursiones del ejército francés. Su estructura original tenía forma de pentágono regular con cinco baluartes en los ángulos, pero la construcción del Primer Ensanche de la ciudad obligó al derribo de dos de ellos. Los restos del de San Antón salieron a la luz con la construcción del Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra, Baluarte y fueron integrados en el diseño del edificio.

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Foto de la Ciudadela de Pamplona

El ingeniero militar italiano Giacomo Palearo, "el Fratín", fue el artífice de este sofisticado sistema defensivo, de moda en la época y similar al existente ya por aquel entonces en la ciudad belga de Amberes. En el siglo XVIII, el recinto se rodeó con un sistema de contraguardias, caminos cubiertos, medias lunas y escarpas. Llegó a convertirse en cárcel, recibiendo entre sus rejas a personajes ilustres de la talla del ministro Urquijo o el conde de Floridablanca.

La Ciudadela fue tomada una vez. En 1808, aprovechando una gran nevada, el ejército francés acertó a ocupar la fortificación ante la confusión del lanzamiento de bolas de nieve entre ambos bandos.

Ya en el siglo XX, en 1964, la Ciudadela de Pamplona fue entregada al consistorio pamplonés que se encargó de su remodelación otorgándole un uso público. Es escenario de actos multitudinarios como el lanzamiento de fuegos artificiales todas las noches de San Fermín. Además, combina su uso recreativo con el de recinto cultural, ya que la conservación y remodelación de antiguos edificios militares ha permitido su uso actual como sede de exposiciones y muestras culturales, sobre todo de arte contemporáneo. Hablamos del Polvorín y el Pabellón de Mixtos, los más antiguos, y la Sala de Armas, de finales del XVIII, junto con el Horno.

Pabellones, fosos, baluartes, revellines y glacis salpican el recinto amurallado dentro de un agradable parque público, sólo abierto a peatones, donde no faltan senderos, una plazoleta central con fuente, una treintena de diferentes especies arbóreas, diversas obras de famosos escultores, Jorge Oteiza, Néstor Basterretxea, Vicente Larrea, Alberto Eslava.

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Para adentrarse en la Ciudadela, hay cinco puertas. Las más transitadas son la Puerta del Socorro y la entrada principal en la Avenida del Ejército. A la primera se accede por la Vuelta del Castillo, atravesando un puente sobre los fosos que en su día fue levadizo. La segunda destaca por su sobriedad renacentista. En esta última y tras atravesar la muralla, se llega al Cuerpo de Guardia, un edificio que hoy se usa como oficinas municipales.

La Ciudadela está abierta sólo durante el día y en ella está prohibida la circulación de todo tipo de vehículos, incluidas las bicicletas. El acceso a los fosos está libre de horarios, pero se recomienda no transitarlo en horas nocturnas.

III.-  LOS BURGOS DE PAMPLONA

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Plano de los burgos de Pamplona

  1. El burgo de la Navarrería

A comienzos del segundo milenio de la era cristiana, Pamplona se encontraba en un proceso de despoblación, pero Sancho III el Mayor le ofrece su protección, recuperándose en las zonas próximas a la catedral, en lo que será la ciudad y que es conocido como burgo de la Navarrería. Se creó un pequeño apéndice, llamado burgo de San Miguel, del que apenas hay documentación.

A lo largo de todo el primer milenio se conservara la estructura urbana heredada de la antigua ciudad romana. Se cree que Pompaelo fue más grande que lo que habría de ser el burgo de la Navarrería, pero las invasiones musulmanas habrían replegado a la población hacia la colina que corona la Catedral. La reconstrucción acometida a partir de 1324 permite la creación de nuevas calles, respetando en parte la antigua distribución. El barrio judío se encontraba en el ángulo sureste de este burgo (actual Palacio Arzobispal, Plaza de Santa María La Real y calles de la Merced y Tejería) y se fundó bajo el reinado de Sancho VI el Sabio en el año 1154.

  1. El burgo de San Cernín

Es un barrio que surgió fuera de la demarcación de la Navarrería, inicialmente bajo los auspicios del obispo Pedro de Rada años 1083-1115 Para el año 1129 se reconoce legalmente su existencia, cuando Alfonso el batallador le da el mismo fuero que el que ya tiene Jaca, quedando bajo jurisdicción real.

Es un burgo poblado por francos, el burgo de San Cernín, situado en una llanura elevada al otro lado de la hondonada situada en la parte trasera del actual edificio del Ayuntamiento. Su esquema urbano, en formato hexagonal y simétrico, cruzado por dos calles perpendiculares, hace pensar en un planteamiento urbanístico global. Se amplió posteriormente extramuros, con la Puebla Nueva del mercado (actual parque de la Taconera) y con el convento de Franciscanos y de la Merced (actual Bosquecillo).

  1. El burgo de San Nicolás

La población de San Nicolás se construyó contigua al burgo de San Cernín, lo que ocasionó numerosos conflictos. De planta rectangular (denominada planta tipo bastida, similar al de Sangüesa y Puente la Reina), tiene la iglesia de San Nicolás como baluarte defensivo, no sólo frente a una posible agresión exterior desde las llanuras, sino también respecto al burgo de San Cernín. Sus habitantes son también francos, pero hay una mayor proporción de oriundos del mundo rural que en San Cernín.

  1. Las relaciones entre burgos

Las tres agrupaciones urbanas estaban bajo el mandato del obispo, siendo sus relaciones bastante complejas, llenas de rivalidades, lo que ocasionó múltiples conflictos. Las causas fundamentales de estos conflictos fueron dos: de una parte, la tierra de nadie entre la Navarrería y San Cernín, que fue otorgada a los primeros por el rey Sancho. Los privilegios que supuestamente habría otorgado Alfonso el Batallador a San Cernín, que produjeron recelos en las otras dos poblaciones.

En el año 1213, se firma una tregua con una duración veinte años, de donde se deduce que ya se habían producido enfrentamientos anteriormente, pero no se cumplió. En el año 1222, los de San Cernín atacan San Nicolás, quemando su iglesia-fortaleza. Estos choques continuarían durante años. San Nicolás y San Cernín se enfrentarían por la construcción y uso del foso y el muro que les separaba, mientras que ambas juntas también se enfrentarían a Navarrería.

En 1276, los habitantes del burgo de San Cernín y la población de San Nicolás, francos y navarros, son fieles a la legítima reina Juana y su gobernador, mientras que la nobleza, el alto clero y los habitantes de la ciudad de la Navarrería decían defender los fueros y costumbres del lugar, su economía y su libertad, rebelándose contra todo lo que sus enemigos defienden, incluida la reina.

Se inician los enfrentamientos en el verano de dicho año. En septiembre llegan refuerzos de tropas francesas contra la Navarrería, huyendo los instigadores de la rebelión por el puente de la Magdalena y dejando desamparada a la ciudad. Los sitiadores saquean la ciudad y la Catedral en la que, según las crónicas, "convirtieron en cuadra para caballerías y perros el claustro y el refectorio capitulares". Tras el pillaje, el incendio, "no quedando ningún lugar cubierto donde cobijarse en toda la Navarrería. En su solar podría cortarse hierba y sembrar trigo." Durante casi cincuenta años no volvería a construirse nada en esta zona.

En 1324, el rey Carlos I otorga el privilegio para la reconstrucción de la ciudad, que ya había comenzado de hecho algunos años antes.

  1. ELPRIVILEGIO DE LA UNIÓN

Carlos III decide cortar el problema de raíz y el 8 de septiembre de 1423 dicta el Privilegio de la Unión, en el que se unen las tres jurisdicciones en un único ayuntamiento, con un único escudo y unas únicas rentas. El documento obliga a eliminar los límites y divisiones físicas entre ciudad, burgo y población, aunque las murallas habrían de tardar bastante en desaparecer.

Con el tiempo la unión se hará patente y la segmentación casi simbólica, sólo identificable por las parroquias, salvo la doble parroquia del burgo de San Cernín. En el espacio intermedio de las tres se construirá el Ayuntamiento. Por su parte, el foso de separación entre San Nicolás y San Cernín será rellenado y sobre él construida la actual calle Nueva hacia 1585.

IV.    LA FACHADA DEL AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA

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FACHADA DEL AYUNTAMIENTO DE PAMPLONA

El actual Consistorio se construyó entre 1753 y 1759 en sustitución del antiguo que amenazaba ruina, según declararon varios peritos. El nuevo edificio modificó ligeramente el urbanismo de la plaza de Santo Domingo porque se amplió hacia ese lado, añadiéndole además los nuevos almacenes del almudí o de pósito de grano que se adosaron a la parte posterior.

El edificio se inició siguiendo las trazas dadas por el maestro de obras Juan Miguel de Goyeneta, si bien la fachada corresponde al diseño ofrecido por el arquitecto José de Zay y Lorda y su coronamiento a Juan José Catalán.

El maestro José Zay y Lorda concibió una noble fachada de sillar, bien proporcionada y rica en matices barrocos, en la que a primera vista contrasta lo rectilíneo del paramento con el juego de columnas pareadas, exentas, que introducen un suave movimiento en el frontis. En alzado desarrolla tres cuerpos, más ático, cuyos extremos están enmarcados por un frontón curvo partido, en contraposición al triangular que remata el cuerpo del reloj.

Muy clara resulta la lectura horizontal y vertical de esta estructura, cuyos pisos se separan por medio de la balconada, corrida en el central e individual en el tercero, más un entablamento con triglifos y metopas en el primero y ménsulas en el segundo. En contraposición el paso al ático viene dado por una balaustrada de piedra.

La estructuración vertical en tres calles con vanos rectos la ordenan dobles columnas exentas, que apoyan en un alto basamento con encuadramientos y que según los pisos varían el tratamiento del fuste, liso o acanalado, con el tercio inferior estriado o decorado, superponiéndose también los órdenes, dórico, jónico y compuesto. A este juego arquitectónico de gran riqueza hay que añadirle un amplio repertorio ornamental de hojarasca, temas geométricos, espejos con rocalla, etc., que realzan el enmarque de los vanos. Perfectamente meditado está el diseño de los mismos, todos rectos a excepción de la entrada, ennoblecida con un medio punto cajeado.

Otro elemento rico por su simbolismo y por su contribución al ornato general son las figuras alegóricas que representan a la Prudencia y Justicia situadas sobre un alto pedestal, guardando la puerta del Ayuntamiento, símbolo claro de las dos virtudes que deben regir la Institución Municipal. En lo alto, en la zona de coronamiento se alzan dos estatuas de Hércules, situadas en los extremos, que pueden simbolizar las virtudes cívicas, y en lo alto del conjunto la Fama con el clarín, pregonera de los fastos de la ciudad.

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Lógicamente la heráldica juega también un papel importante en este despliegue simbólico con profusión en el empleo del escudo de la ciudad, el león pasante coronado más orla de cadenas, esculpido en piedra sobre la puerta, al que hay que añadir toda una serie realizada en latón que se adhieren a los antepechos de los balcones y el policromado del ático que se contrapone al de Navarra. No cabe duda que la fachada del Ayuntamiento es un interesante exponente de la arquitectura barroca, rica en efectos lumínicos, equilibrada en el ornato, en la que se suma el buen tratamiento de los distintos materiales, piedra, hierro en rejas y balcones, carpintería, latón dorado, todo lo cual colabora en producir un rico y variado efecto.

V. LA CATEDRAL DE PAMPLONA

Ubicada sobre el promontorio del Casco Antiguo de Pamplona, en idéntico lugar en que se asentó la Pompaelo romana, se encuentra la Catedral de Santa María, obra culminación del gótico de los siglos XIV y XV. Este emblemático monumento es el que más reliquias histórico-artísticas atesora de la ciudad. En ella se coronaron los reyes, se reunieron las Cortes y durante tres siglos tuvo su sede la Diputación del Reino.

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La sobriedad de su fachada neoclásica, obra de Ventura Rodríguez, contrasta con la estética gótica del interior del templo, cuya nave central, de 28 metros de altura, alberga el bello sepulcro de Carlos III de Navarra y su esposa Leonor de Castilla. Pero la verdadera joya de esta Catedral es su claustro, considerado como uno de los más exquisitos del gótico universal, y de obligada visita para cualquier visitante.

Desde la fundación romana de Pamplona el solar de la Catedral siempre ha sido elegido como sede del principal templo cristiano de la ciudad. Allí fue precisamente donde Carlos III El Noble ordenó construir el actual recinto al más puro estilo gótico, inspirándose en otras fabulosas catedrales como la de Bayona, en Francia.

La fachada oeste, de estilo neoclásico, se levantó a finales del siglo XVIII.

Destacan en este conjunto de edificios; el claustro, que está considerado una maravilla del arte gótico europeo y desde luego el mejor claustro del siglo XIV, la cocina, que es uno de los tres únicos ejemplos supervivientes de cocina gótica de toda Europa y por último la fachada principal, una de las obras más puras y representativas del neoclasicismo en la península.

Se le encargó al arquitecto Ventura Rodríguez, que por entonces era un gran exponente del nuevo estilo academicista, así como el director de la susodicha institución.

pamplona8El Cabildo finalmente le encargó el diseño y éste presentó el anteproyecto de la fachada que hoy vemos construida, el 5 de febrero de 1783. Su ejecución la llevó a cabo Santos de Ochandátegui, por expreso deseo de Ventura Rodríguez. (En la imagen: Fachada neoclásica diseñada por Ventura Rodríguez).

Nos encontramos ante una composición tripartita, frontis clásico entre dos torres laterales. A pesar de ser una ruptura total con el interior y de tapar por completo su morfología, no descuida ni sus proporciones ni su iluminación, manteniendo los rosetones para iluminar las naves.

Es una composición totalmente academicista, con su frontón tetrástilo pareado en profundidad, levemente adelantado al resto y separado en un podium con escaleras. Las columnas de fuste liso, descansan sobre plinto y basa ática, con capiteles corintios, y soportan un entablamento con su arquitrabe, un friso liso, cornisa y un frontón de grandes dimensiones con el escudo del Cabildo de la ciudad como único adorno.

Sobre este cuerpo se levanta un segundo retranqueado, sustituyendo las columnas por pilares adosados al muro, incluyendo en su centro el rosetón y rematado todo ello por un nuevo frontón de las mismas dimensiones que el inferior, sin decoración, y coronado por una cruz y dos ángeles a ambos lados en posición oratoria y dos flameros.

Los cuerpos laterales sirven como unión entre el frontón y las torres. Lo hacen de forma sencilla, con formas cuadrangulares, en los que lo más destacable son dos barandillas pétreas.

pamplona9Las torres están divididas en tres cuerpos. El inferior con paramentos desnudos y dos grandes ventanas, una de ellas con frontón sobre ménsulas. Rematado el conjunto con un entablamento de cornisa volada, pasa a un segundo cuerpo igualmente desnudo con un entablamento en su base y un reloj de sol en la torre norte y uno mecánico en la sur como únicos adornos, que encajan con las dimensiones del rosetón central. El tercer cuerpo, el de campanas, tiene un desarrollo ochavado. Con flameros en las esquinas y columnas compuestas enmarcando los vanos, que están rematados con arcos de medio punto, siendo los de los ángulos de menor tamaño. Sobre ello un volumen cilíndrico rodeado por ocho flameros y encima un remate en forma de campana. (En la imagen: La Puerta preciosa)

Este diseño se enmarca dentro de la última etapa de este arquitecto que había ido abandonando paulatinamente el gusto por lo recargado tan propio del barroco. Él mismo destaca que la fachada tiene los elementos justos y necesarios para ser hermosa y destaca también la proporción de sus partes y del conjunto.

El diseño original de Ventura Rodríguez incluía un altorrelieve de la Virgen María sobre la puerta principal, que hoy en día podemos contemplar, realizado en 1798 por Julián San Martín, así como seis esculturas que nunca llegaron a realizarse por la falta de medios económicos por parte del Cabildo. Estas eran las de San Pedro y San Pablo en los nichos del atrio, y sobre el frontón inferior, cuatro esculturas de santos navarros. Todas ellas subyugadas a la arquitectura, algo contrario a las primeras creaciones barrocas de Ventura Rodríguez.

El atrio que se encuentra ante la fachada, y que con sus pilares rematados con jarrones y unidos por verjas de hierro, cierra la plaza que delimita, fue una idea y diseño de Ochandátegui, que propuso su construcción al Cabildo para definir y mejorar el espacio que se encontraba ante la nueva edificación.

Toda la fachada, interior de las torres, casa del campanero, campanas y el atrio, está siendo fruto de una profunda restauración en la actualidad (2010). Además de la consolidación de elementos pétreos, sustitución de partes dañadas o perdidas, limpieza y protección de todo el conjunto, se está construyendo un museo en él.

  1. LAS COCINAS GÓTICAS DE LA CATEDRAL DE PAMPLONA

La cocina tiene sendas chimeneas en sus cuatro ángulos y una linterna octogonal en el centro. Toda ella está construida en piedra, con pináculos al exterior, y se considera un ejemplar casi único del gótico

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Cocinas góticas de la catedral de Pamplona

EL CLAUSTRO DE LA CATEDRAL DE PAMPLONA

El claustro es de planta cuadrada, en torno a un jardín central. En cada lado se cierra con seis arcos ojivales sostenidos por haces de columnas. Los calados de las ojivas, que son más complicados en las alas sur y oeste, se apoyan, a su vez, en tres finos maineles y todo el conjunto en un zócalo de piedra sobre el que va colocada una verja de hierro.

Los arcos se culminan con gabletes, excepto en el ala este. Estos gabletes atraviesan la balaustrada que ciñe el sobreclaustro y ostentan en la parte superior un escudo, o pequeñas estatuas en las alas norte y oeste. Cada crujía tiene ocho tramos, cubiertos por bóvedas de crucería, cuyos arcos transversales se contrarrestan por medio de estribos exteriores coronados por pináculos y dotados de gárgolas.

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En las claves de las bóvedas, en escultura policromada, se representan temas diversos: los meses del año, los vientos, algunos ríos, escenas del Nuevo Testamento y Santos. Los capiteles llevan decoración vegetal y también historiada con temas de escenas de la vida medieval, de animales, o del Antiguo Testamento tomados del libro del Génesis. Los muros del fondo de cada crujía están siempre especialmente enriquecidos con portadas, escultura, sepulcros o más abundante decoración. Los tramos intermedios son lisos, aunque los arcos formeros están siempre decorados por una labor fina de follaje en la piedra.

La puerta de salida desde el templo, llamada del Puerta del Amparo, está dividida por un gran mainel que sustenta el tímpano. En éste puede verse esculpida la escena de la dormición de la Virgen, con gran expresividad en las figuras de los Apóstoles. Las jambas se decoran con nichos ocupados por pequeñas esculturas. En la arquivolta van colocados ángeles, en sentido longitudinal, portando una inscripción alusiva a la Asunción. En el mainel ocupa el lugar de honor la Virgen del Amparo, talla gótica en piedra, sobre un pedestal ricamente labrado. A su vez, sobre la Virgen se colocó un complicado doselete que simula hacia el interior las bóvedas de una cabecera de templo gótico.

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Claustro de la catedral de Pamplona

VI.    LA PLAZA DE TOROS DE PAMPLONA

  1. La vieja plaza de Pamplona

La nueva plaza abrió sus puertas en las fiestas de San Fermín de 1852, y durante casi setenta años fue el coso taurino pamplonés, hasta que en la segunda década del siglo XX se planteó su demolición y la construcción de una nueva. Entre los motivos que lo justificaban, se encontraban el hecho de que el recinto resultaba insuficiente para la cada vez mayor afluencia de espectadores y, principalmente, la expansión de la ciudad a través del Segundo Ensanche diseñado por Serapio Esparza, que obligaba a derribar el Teatro Gayarre y la Plaza de Toros para dejar vía libre a la Avenida de Carlos III en su conexión con la Plaza del Castillo. Decidida su demolición, el 10 de agosto de 1921 la plaza sufrió un incendio que aceleró el proceso, de manera que en abril de 1922 comenzó el derribo de la vieja plaza de toros, cuyo solar quedó totalmente despejado el 1 de julio de 1922.

  1. La nueva plaza de Pamplona

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Vista aérea de Pamplona con sus dos plazas de toros, 1922. (Archivo Municipal de Pamplona)

El baluarte de la Reina fue el lugar elegido como emplazamiento del nuevo coso taurino. En agosto de 1920, el Ayuntamiento aceptó la propuesta de la Casa de Misericordia para que fuese esta institución la encargada de su construcción y posterior gestión; y poco después, la Junta de la Meca encargaba el anteproyecto al arquitecto donostiarra Francisco Urcola dada su experiencia en este tipo de obras, como había puesto de manifiesto en la Plaza de El Chofre de San Sebastián (1903) y de la Monumental de Sevilla (1918).

En las décadas posteriores a su construcción, la plaza de toros va a ser objeto de sucesivas reformas, encaminadas siempre a lograr un mismo objetivo: el aumento de su aforo. A ello obedecen, aunque todavía de forma modesta, las llevadas a cabo en 1942 y 1952. Será ya en la década de los años sesenta cuando tenga lugar una profunda remodelación de la plaza conforme al proyecto de Rafael Moneo, consistente en una ampliación vertical en altura. Para ello fue necesario derribar el graderío superior, sustituido por uno de mayor capacidad que se transformó en una enorme andanada. Se alcanzaron así las 19.529 localidades. Al exterior, la ampliación se manifiesta estructuralmente con rotundidad, como una serie de grandes costillas con forma de triángulo. Por último, la reciente reforma de la plaza en los años 2004-05 ha ido encaminada a mejorar la accesibilidad y seguridad del coso pamplonés, para adaptarlo al Reglamento de Espectáculos Taurinos en materia de seguridad.

VII.  LA TRAÍDA DE AGUA A PAMPLONA

  1. El acueducto de Noain.

Pamplona siempre ha llevado fama de tener un excelente suministro de agua de boca. Esta idea se remonta a finales del siglo XVIII, que es cuando se realiza la primera traída de aguas desde los manantiales de la sierra del Perdón. Hasta entonces la capital había contado con pozos de agua para abastecer a la población. Pero el crecimiento demográfico, unido a los problemas de sequía estival e insalubridad, animó a los dirigentes locales a plantear un nuevo sistema de abastecimiento hídrico.

Este consistió en la captación del agua de los manantiales de Subiza, Esparza y Arlegui, situados en la sierra del Perdón, y la conducción de la misma hasta el casco urbano. En total eran 16,5 kilómetros que recorrían los términos de Subiza, Beriain, Potasas, Imárcoain, Taponar, Zolina, Mendillorri, Badostain y Pamplona.

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Acueducto de Noain

El principal obstáculo para traer el agua era salvar el desnivel existente entre el valle de Elorz y las sierras del Perdón y de Taponar. El ingeniero francés Francisco Gency, a quien se debe la idea de captar el agua en el Perdón, proponía un sistema de tuberías inclinadas para conducir el agua desde Subiza a Pamplona pero los responsables navarros acabaron encargando el proyecto definitivo al célebre arquitecto madrileño Ventura Rodríguez.

Este arquitecto propone la construcción de un acueducto de 1.240 metros que permitiera salvar el desnivel de Noain al estilo romano y continuar luego, mediante túneles y otros acueductos más pequeños, hasta Pamplona. Este proyecto se presentó en 1782 y la dirección del mismo corrió a cargo del arquitecto vizcaíno Santos Ángel Ochandátegui.

El 29 de junio de 1790 salió agua por primera vez de los caños del depósito de Pamplona. El proyecto de traída de aguas culminó en 1801 con la instalación de varias fuentes diseñadas por el escultor Luis Paret. Todavía se conservan las de la plaza del Consejo, la de Recoletas y la de la calle Descalzos. También está en el parque de la Taconera la escultura conocida como la Mariblanca, que antaño coronaba la fuente de la plaza del Castillo.

Según Pascual Madoz las obras de la traída de aguas costaron cinco millones de reales. Esta obra de ingeniería es un auténtico lujo para una ciudad como Pamplona, que gracias a los manantiales del Perdón disfrutaba ya a principios del siglo XIX de abundancia de aguas potables de exquisita calidad, además de surtir a varios establecimientos y cuatro abrevaderos perpetuos.

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La construcción más emblemática de la traída de aguas de Subiza es sin duda el acueducto de Noain. Este constaba originalmente de 97 arcos de ocho metros de diámetro, peraltados, sobre pilares de sección rectangular. Se trata de una construcción neoclásica. Según dice el arquitecto inglés Street, que es un clásico tratadista del gótico español, el acueducto de Noain es digno de figurar entre los más hermosos de Europa.

El acueducto de Noain estuvo funcionando a pleno rendimiento desde 1790, hasta finales del siglo XIX. En 1895, se inauguró la nueva traída de aguas de Arteta, y en 1973 concluyeron las obras del embalse de Eugui, que completan hoy el abastecimiento de la ciudad.

Hacía ya tiempo que el acueducto de Noain había perdido su función original. Sin embargo, su impresionante silueta ha perdurado como un símbolo del espíritu ilustrado que animó a los emprendedores munícipes del siglo XVIII y también como un testimonio del buen hacer de este arquitecto genial.

A pesar de las diversas agresiones y mutilaciones que ha sufrido el acueducto permanece en pie desafiando el tiempo. En 1858 se derribó uno de los pilares para hacer de dos arcos de ocho metros uno de dieciocho, que permitiera el paso del tren.

En torno a 1940 el desgaste producido por las avenidas del río Elorz, que pasa por debajo, provocó la caída de cuatro de los 96 arcos que quedaban después de las obras del ferrocarril.

Más recientemente el acueducto se ha visto perjudicado también por las canteras de la sierra de Alaiz, cuyas vibraciones afectan a la estructura y sobre todo por la autopista que provoca la desaparición de dos arcos laterales.

Aunque el intenso desarrollo urbano de la zona sigue afectando negativamente al acueducto este mantiene una buena salud gracias a las actuaciones que desde el Gobierno de Navarra se han ido efectuando.

  1. LAS FUENTES DE AGUA DE PAMPLONA

En 1788 vino a Pamplona el gran pintor madrileño don Luis Paret y Alcázar, el cual, por encargo del Ayuntamiento, dibujó los bocetos para las siguientes fuentes monumentales:

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Fuente de la plaza del concejo

Fuente de la Beneficencia o de la Abundancia: fue la más hermosa de todas y se instaló en el centro de la Plaza del Castillo hasta 1910, en que fue demolida, colocándose en su lugar el quiosco de madera para la música que desde 1900 estaba un lateral de la plaza, frente al Café Iruña. Esta fuente estaba coronada por la estatua de la Beneficencia, que fue llamada la “Mari-Blanca”. La estatua fue desmontada y colocada en 1912 en la plaza de San Francisco, hasta que en 1927 se trasladó a los jardines de la Taconera, donde hoy continúa.

Fuente de Neptuno Niño: se proyectó para ser colocada en la Taconera, pero se instaló en la Plaza del Consejo, en cuyo centro continúa.

pamplona17Fuente de Santa Cecilia: se colocó en la antigua plaza de Zugarrondo, frente a la basílica de Santa Cecilia y junto a la fuente vieja del mismo nombre, hasta que en 1854 se suprimió esta última. En 1913 la fuente de Santa Cecilia es trasladada a su actual emplazamiento en la calle de la Navarrería. (En la imagen: Fuente de Santa Cecilia)

Fuente de la Plaza de Recoletas: proyectada para la plaza de la Fruta (hoy Consistorial), aunque se construyó en el ángulo sudoeste de la plaza de las Recoletas. En 1844 fue trasladada al centro de la plaza, donde continúa con aire de monumento funerario.

Fuente para la Plaza del Consejo: llegó a ser construida, por lo menos en su parte superior. Esta fuente existe hoy en el jardín del palacio de los Condes de Guendulain (hoy en día Hotel Condes de Guendulain).

Otras Fuentes Públicas: hasta 16 llegó a haber en el siglo XIX. Entre ellas destacamos las de las plazas de San José, San Francisco y San Nicolás; las de las calles de Cuesta del Palacio, San Ignacio, Tecenderías, Ciudadela, San Agustín, Compañía y la Merced; las había también con su correspondiente abrevadero, como las de Santo Andía, Santo Domingo, Tejería, Portal de Francia, y la inolvidable “asca de caballería” en la plaza del Vínculo. También me gustaría citar las Fuentes Luminosas que fueron instaladas en el centro de la plaza del Príncipe de Viana (o Plaza Circular) y en el centro de la plaza de Merindades (1955).

Pamplona, ciudad medieval
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