lunes 13.07.2020

La Plaza del Limón de Madrid y sus transformaciones

La Plaza del Limón de Madrid y sus transformaciones

La historia urbanística de las ciudades es la historia de sus transformaciones. Pocos podemos adivinar que los terrenos donde actualmente se encuentra el Museo ABC de Dibujo e Ilustración entre la Calle Amaniel y la Calle del Limón de Madrid han albergado en poco más de 150 años una fábrica de papel pintado denominada Las Maravillas-como el barrio-, otra de pinturas al oleo y barnices llamada "El Arco Iris" Gran Fábrica de Colores al Temple y al Olio, la Fábrica al Vapor de Colores, Barnices y Hielo Vda. E Hijos de Casimiro Mahou  que se transformaría en la Fábrica de Cervezas Mahou. Al terminar su actividad industrial sus edificios se rehabilitaron para recibir el Archivo de la Comunidad de Madrid.

Casimiro Mahou Bierhans fundador de la fábrica El Arco Iris muere en 1875 sin tener ninguna vinculación ni con el hielo ni con la  cerveza. Son sus cuatro hijos, Alfredo, Enrique, Luis y Carolina los que inician el negocio de la producción industrial de hielo. Viendo que el negocio no tenía mucha rentabilidad se plantean aprovechar la tecnología con la que contaban, para la fabricación de cerveza, producto en aquellos años de muy poco consumo en España. Así y con el nombre de El Barril empiezan a funcionar en 1889 ya entrando a la fábrica por la Calle Amaniel 29 y poco a poco consiguen ir ampliando su escasa producción inicial.

El edificio principal fue construido a partir de 1884, obra de los arquitectos Andrés Octavio y José López Salaberry que años después trazarían el proyecto de la Gran Vía. La fábrica se dividía en varios edificios situados en la  calle Amaniel 29  frente al Convento de las Comendadoras de Santiago, con fachadas a la calles de Montserrat y del Limón. Dispusieron de una maquinaria puntera para aquel momento, como los compresores frigoríficos, las “cajas Saladín” para el malteado, una sala de cocción Ziemman y un tostador de dos pisos. En un principio, la cerveza se guardaba en barriles de madera y esos toneles se transportaban en carretas tiradas por mulas.

Es de imaginar el olor de esta zona de Madrid que albergaba tanto las caballerizas y muladares que daban servicio al transporte de Cerveza como las correspondientes a los guardias de corps y militares que ocupaban el gigantesco Cuartel del Conde Duque situado a muy escasa distancia.

El complejo industrial llegó a ser muy extenso, siendo ampliado en numerosas ocasiones. Desde muy pronto, apenas cinco años después de su nacimiento, comenzaron las obras de reforma que a lo largo de más de un siglo han ido transformando la construcción original.

La primera ampliación fue llevada a cabo por José López Sallaberry entre 1899 y 1900. El propio Andrés Octavio realizó la segunda, siendo reformado el edificio entre los años 1901-1907. Entre 1916 y 1930 Lorenzo Gallego Llausas se encargó de la tercera rehabilitación. Como vemos, las obras eran prácticamente eternas. Con el traslado de la fábrica al Paseo Imperial, en el año 1962 llegó una época de abandono, incluso derribos, construyéndose varios edificios de viviendas en terrenos de la antigua fábrica.

Cuando las fábricas comenzaron a desaparecer del Centro de las ciudades le llegó el turno a la Mahou, que como hemos indicado fue trasladada al lado del río Manzanares en 1962 y posteriomente a Alovera ya en Guadalajara buscando los precios más bajos del agua de la Confederación del Sorbe en comparación con el Agua de Lozoya que abastece a Madrid, el suelo más barato y las ventajas fiscales de Castilla La Mancha con relación a la Comunidad Autónoma de Madrid. El "dumping" impositivo fue puesto muy de moda por parte de algunas comunidades autónomas en la época de la transición. 

En la década de los 90, el edificio fue nuevamente reformado por Salvador Pérez Arroyo para alojar el Archivo Regional madrileño, centro creado en 1993. La galería fue utilizada como taller de restauración y los sótanos fueron depósitos de documentos. El resto del edificio se dedicó a oficinas y otros servicios.

La construcción que se conserva en la actualidad, de ladrillo visto con adornos de inspiración neomudéjar, consta de cuatro plantas más tres sótanos. En la calle Amaniel existía un cuerpo bajo o galería con grandes ventanales y cornisa que fue usado como cafetería y lugar de venta de cervezas y actividades culturales a partir de los años 50. La galería, muy frecuentada por los madrileños en esa época albergó exposiciones fotográficas y representaciones teatrales. De la actividad cervecera tan sólo queda en uno de los edificios anexos un establecimiento en el cual, dicen los expertos, se conserva la tradición de servir la caña como lo hacían los maestros cerveceros de la fábrica.

En la calle del Limón la mayor parte de los terrenos fueron vendidos bien por los propietarios de Mahou o bien por el Ayuntamiento de Madrid a una empresa inmobiliaria vasca Eurocis S.A. que construyó del orden de 60 viviendas y aparcamientos en cuatro plantas del subsuelo. Se mantuvo una parte de la fachada de ladrillo y sobre la misma se levantaron varias plantas retranqueadas. La hermosa chimenea se respetó,  pero rodeada completamente de viviendas para aprovechar hasta el límite la edificabilidad quedando de esta forma encerrada entre cuatro paredes toda su parte inferior, de forma que tan sólo se puede ver la parte superior de la misma alejándose hasta la mitad de la Plaza de las Comendadoras. Una vez más los intereses inmobiliarios y especulativos se impusieron en la ciudad de Madrid al respeto al Patrimonio histórico industrial y cultural de la villa y corte.

Los terrenos se situaban en la antigua Plaza del Limón y la compra o cesión a los Herederos de Casimiro Mahou se hizo por un plazo de 99 años. Teóricamente a partir de esa fecha los terrenos volvían a propiedad de todos los madrileños,  pero no se sabe a ciencia cierta como, los mismos acabaron en manos de la inmobiliaria vasca. Teóricamente la moderna plaza construida en su interior es de uso público si bien nada indica dicha titularidad y por las noches es cerrada por los dos accesos con los que cuenta uno por  la Calle del Amaniel y el otro por la Calle del Limón pasando a ser de uso exclusivamente privado.

En 2003 el Archivo de la Comunidad de Madrid fue trasladado a su nueva sede en la calle Ramírez de Prado, curiosamente otra antigua fábrica de cerveza, El Aguila. La antigua Fábrica de Cervezas El Aguila representa un magnífico ejemplo de arquitectura industrial de comienzos del siglo XX rehabilitada y ampliada por los arquitectos Luis Moreno García-Mansilla y Emilio Tuñón Álvarez.

Finalmente, al menos de momento, la antigua fábrica de Mahou ha sido reformada por los arquitectos Mª José Aranguren y José González Gallegos para albergar el Nuevo Museo ABC de Dibujo e Ilustración, inaugurado en noviembre del año 2010.  El Museo cuenta con una superficie de más de 3.800 m² para el desarrollo de sus actividades, distribuidas en seis plantas, dos de ellas subterráneas.

Dispone de dos amplias salas de exposición, espacios multifuncionales, una planta destinada a trabajos de gestión, el Archivo de la Colección ABC, un laboratorio de restauración, almacenes, una sala de cristal para eventos y la librería Espacio Edelvives.

La vieja galería ha desaparecido y en su lugar se ha construido una nueva a modo de mirador y lugar de descanso. Es una gran viga de vidrio translúcido, según los autores, que actúa como dintel del hueco de paso hacia el patio interior. Una estructura similar fue instalada en lo alto del edificio principal a modo de corona decorativa.

Tanto el suelo, con zonas de vidrio que se iluminan, como la fachada del patio, se han construido en acero pavonado en tonos grises, con formas triangulares, obteniendo un resultado muy vistoso, moderno y acogedor.

Poco va quedando en suma de la vieja fábrica si bien la chimenea mantiene el tipo a pesar de su "confinamiento" y recuerda lo que algún día fue su actividad industrial.

En fechas recientes por parte del Museo ABC se ha procedido a la creación de una instalación lumínica de las fachadas exteriores del edificio principal que parece querer recordar la actividad original de pinturas de colores y el nombre de El Arco Iris. Con cadencia pausada la iluminación va cambiando en una amplia gama que recorre el azul, rojo, morado, verde, blanco y amarillo.

La documentación de la historia de esta fábrica se encuentra en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. La misma fue encontrada en las oficinas de Amaniel 29 en el año 1990 durante las obras de remodelación dirigidas por el Arquitecto Salvador López Arroyo.

La Plaza del Limón de Madrid y sus transformaciones