domingo 20.10.2019
COLOMBIA

El árbol del amor

En Colombia se necesitan raíces profundas y con corazón para narrar historias que permitan enfrentar y superar la guerra.

Contarle al país y al mundo cómo el conflicto armado rompió las vidas y cercenó las esperanzas de la juventud nasa en el Cauca es lo que pretende el corto animado “El árbol del amor” (Fxtuu wêdxnxi), exhibido el martes 17 de septiembre en la sede de la Comisión de la Verdad en Bogotá con presencia de sus protagonistas y realizadores.

arbolCartel del corto documental “El árbol del amor”

El reclutamiento forzado, los secuestros, las violaciones y los asesinatos llevados a cabo por todos los grupos armados en contra de la población indígena de esa región colombiana es narrado a través de las voces y las historias de un grupo de chicas y chicos nasa en un documental animado.

El arte, ya sea pintando murales, cantando rap, escribiendo cuentos o haciendo audiovisuales es una manera de contribuir a la construcción de paz. Una manera de conocer las verdades de personas que nacen bajo el yugo de la guerra e intentar restituirles sus derechos

En un territorio como el colombiano en el que formar (maestras y maestros), informar (periodistas) y denunciar (líderes y lideresas sociales) es un peligro para la existencia, este audiovisual es tan necesario y pertinente para construir país y transformar las realidades como arriesgado para quienes se atreven a contarlo.

En el documento se recogen las verdades de la juventud de una población asolada, como muchas otras en el país, por ese eufemismo llamado “conflicto armado”. Detrás de las violencias, directa y estructural, que la guerra y sus consecuencias han producido queda espacio para narrar sentimientos e ilusiones alrededor de un árbol que simboliza la unión del cuerpo de las poblaciones originarias con el alma de la madre Tierra.

El corto animado ha sido posible gracias al respaldo de la Fundación Fahrenheit 451, la Organización Tyet, la productora BlueSheep, ACIN y la Universidad de Bournemouth. Hay que aplaudir iniciativas como ésta y hay que pedir que se respeten, que se vean y escuchen y que tomemos nota para evitar que sigan produciéndose situaciones de terror, exclusión y marginalidad. En unos tiempos en los que parece que la violencia vuelve a campar a sus anchas y los derechos se pisotean a diario, es necesario mantener la ilusión y la confianza en que la transformación social es posible, que otro mundo mejor está ahí y que podemos alcanzarlo.

El arte, ya sea pintando murales, cantando rap, escribiendo cuentos o haciendo audiovisuales es una manera de contribuir a la construcción de paz. Una manera de conocer las verdades de personas que nacen bajo el yugo de la guerra e intentar restituirles sus derechos. Construir relatos sin rostros, para evitar las represalias, pero con voces y sonidos, para que no se pierdan sus historias y no se olviden sus vidas. Escuchar las otras voces para conocer las otras verdades, esa es la tarea para la que está conformada la Comisión de la Verdad (*) y por eso el relato audiovisual tuvo su premier en la sede de esta institución.

arrbolVestíbulo de la sede de la Comisión de la Verdad en Bogotá

“Con la verdad podemos ver al otro. Permitimos que las historias de los sobrevivientes salgan de la oscuridad del silencio. Sus memorias son como un espejo, el reflejo como punto de partida para que Colombia halle verdad en sus palabras”.

Ahora habrá que preguntarse cuál será la utilidad última de este relato, qué le aportará a la búsqueda de la paz y si los poderes dejarán que lo aporte. Porque, hoy por hoy, en Colombia pueden acabar impunemente con la vida de quienes piensan distinto, de quienes narran en contra de los que mandan, de aquellas personas que se atreven a disentir.

Dice el profesor Manuel H. Restrepo en su artículo “La guerra impide ver la tragedia nacional” que en Colombia “enseñaron a discriminar a los distintos y a eliminar primero a sus dioses y después a sus líderes sociales y mandos insurgentes para provocar la retirada y minar cualquier resistencia civil o armada ante su autoridad”.

Las raíces del árbol de la vida son las comunidades, todas, y sus gentes, todas y todos, sin distinción. Colectivos civiles que logran transformar el dolor en resistencia, en creatividad y en planes de vida superando la guerra. La encrucijada es que la paz es el camino, pero no se sabe bien cuál es la ruta para alcanzar la paz. El dilema es que si narran los matan y si no narran se mueren, dejan de existir porque nadie conocerá sus relatos.

Con este corto sus creadores y participantes quieren aportar a la construcción social, recuperando la ilusión de los vientos de paz que soplaron durante la negociación de los acuerdos. Quieren orientar sus vidas para la transformación social de territorios y comunidades desde las raíces de ese árbol y lo profundo de sus corazones.

Se necesitan muchos árboles del amor para luchar por la paz y muchas ganas y fuerzas de las gentes que han sufrido la guerra. Pero, como dice un maestro de escuela indígena: “un ideal tiene más fuerza que un tiro en la cabeza”.


(*) La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición fue creada por Decreto 588 de 5 de abril de 2017 y su definición es: mecanismo de carácter temporal y extrajudicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición – SIVJRNR, para conocer la verdad de lo ocurrido en el marco del conflicto armado y contribuir al esclarecimiento de las violaciones e infracciones cometidas durante el mismo y ofrecer una explicación amplia de su complejidad a toda la sociedad.

El árbol del amor
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