sábado 04.07.2020
CRÍTICA LITERARIA

Los propósitos de Woody Allen

Los propósitos de Woody Allen

A propósito de nada, las esperadísimas memorias del maravilloso cineasta estadounidense Woody Allen, han dado en ser un libro frenético, sin descansos, sin capítulos, sólo con quince saltos de párrafo como vago interludio: pura adrenalina literalmente genial.

La obra, editada en España por Alianza editorial (gracias por eludir el miedo imbécil) y muy bien traducida por Eduardo Hojman, es un vendaval de humor. Un humor por supuesto inteligente, como es siempre el humor.

woodyallenjoven (1)“La gente me pregunta si alguna vez tengo miedo de despertar una mañana y no ser gracioso. La respuesta es no, porque ser gracioso no es algo que te pones como una camisa cuando te despiertas y de pronto es una camisa que no puedes encontrar. Simplemente, o eres gracioso o no lo eres. Si lo eres, lo eres, no se trata de algo que puedas perder ni de una locura temporal. Si me despertara y no fuera gracioso, no sería yo. Eso no significa que no puedas despertarte de mal humor, odiando el mundo, cabreado con la estupidez de la gente, furioso ante el vacío del universo, lo que confieso que hago puntualmente cada mañana; pero en mi caso eso sirve para hacer brotar mi humor, no para anularlo. Al igual que Bertrand Russell, siento una gran tristeza por el mundo. A diferencia de Bertrand Russell, no sé hacer cálculos matemáticos complejos. Y tal vez no pueda transmutar mi sufrimiento en un gran arte o una gran filosofía, pero puedo escribir buenos chistes cortos que sirven para distraer momentáneamente y brindan un breve respiro de las consecuencias irresponsables del Big Bang”.

La familia, la infancia, la juventud

woody con Letty Aronson“Que mi padre y mi madre terminaran juntos es un misterio comparable a la materia oscura. […] A pesar de toda su carnicería verbal, siguieron casados durante 70 años. Sospecho que por puro rencor”.

“Tal vez yo era un piojo canalla nato que había heredado de mi padre el ADN de la deshonestidad”.

En la divertidísima y en ocasiones también agria autobiografía de Allen pronto aparece su adoración por su hermana pequeña, Letty Aronson, la productora de sus películas.

Sobre sus incomprensibles neurosis, el artista neoyorquino explica, o mejor no se explica, que “tuve dos padres cariñosos y, sorprendentemente, terminé siendo un neurótico: no sé por qué”. Con su deliberada guasa exagerada nos cuenta que pasó de ser un niño modélico a convertirse en un chico sombrío:

“Era sano, querido, muy atlético. siempre me escogían en primer lugar a la hora de formar los equipos. Jugaba a la pelota, corría y, sin embargo, me las arreglé para terminar siendo inquieto, temeroso, siempre con los nervios destrozados, con la compostura pendiendo de un hilo, misántropo, claustrofóbico, aislado, amargado, cargado de un pesimismo implacable. Algunas personas ven el vaso medio vacío, otras lo ven medio lleno: yo siempre veía el ataúd medio lleno. De los mil y un quebrantos que heredó nuestra carne, yo conseguí evitar los todos salvo el número 682: carezco del mecanismo de defensa de la negación. Mi madre decía que no podía entenderlo. Siempre aseguraba que yo fui un niño amable, dulce y alegre hasta los cinco años y que luego me convertí un chaval avinagrado, desagradable, rencoroso y malo”.

De su prima Rita Wishnick dice que “fue tal vez la influencia más significativa de mi vida”.

Es emocionante acercarse a la música popular de su infancia, aquella que sonaba en la radio a menudo y de la que se empapó:

“Cole Porter, Rodgers y Hart, Irving Berlin, Jerome Kern, George Gershwin, Benny Goodman, Billy Holiday, Artie Shaw, Tommy Dorsey”.

Y el cine, claro: “Hepburn, Cary Grant o Mirna Loy”. El cine y su magia:

“Yo siempre he despreciado la realidad y he anhelado la magia”.

Volveré, él volverá, sobre la magia. Más adelante.

Sidney-BechetLa magia oscura y reconfortante de la sala de cine: “Bogart, Cagney, Edward G Robinson, Rita Hayworth”. El cine, “más grande que la vida real”. El personaje de Cecilia, en su película La rosa púrpura de El Cairo es “el personaje que más se parece a mí”.

Siempre ateo, de familia judía, Woody Allen menciona por vez primera a “la Policía de lo Apropiado”, esa que sabemos le ha trastornado la vida (aunque no tanto como pareciera, tal que luego veremos), en la página 40.

El autor de A propósito de nada es ante todo un escritor. Lo dice él. Un notable escritor. Lo digo yo:

“Si bien admito que fui un alumno terrible, una cosa que siempre supe fue escribir. Escribí antes de que supiera leer”.

Con 15 años, “ya era aspirante a cómico, aspirante a mago y aspirante a jugador de béisbol”. Y un pésimo alumno. Y, de inmediato, también “un aspirante a músico de jazz afroamericano”:

                “Bunk Johnson, Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y, por supuesto, Sidney Bechet”.

Un chico de Brooklyn que es “un aspirante múltiple”.

                “Os digo que tuve una buena infancia. No debería ser como soy”.

Escritor de chistes, de guiones, monologuista

Aclararé cual es, según las palabras de su propio autor, el “tema principal del libro” (que pudiera parecer un recorrido por su vida y obra, y que lo es, pero dejémosle a él que lo crea y haga su Gran Chiste): “la búsqueda de Dios en un universo violento carente de sentido”.

“Este es un mundo en el que jamás me sentiré cómodo, al que jamás entenderé, jamás aprobaré ni perdonaré”.

portadaEl caso es que tenemos a un tal Allan Stewart Konigsberg (nacido en 1935) que decide llamarse Woody Allen porque sí, para firmar sus primeros chistes en periódicos con un nombre más molón. Lo de molón es mío. (Soy así de simple.)

El cineasta norteamericano (que es capaz de admitir que toda su carrera, su vida, “se deben a la suerte”) habla a menudo de sus influencias (“es difícil exagerar lo que Bob Hope representaba para mí”) y pronto nos presenta a su primer descubridor, un pariente lejano que escribía y dirigía comedias, Abe Burrows.

Con 18 años, ya ganaba el triple de dinero del que ganaban sus padres. Es entonces, en aquellos tiempos, cuando conoce a Harlene Rosen, que se convertirá en su primera esposa.

                “Lo que sucedió a continuación fue una pesadilla para los dos, pero la culpa fue mía”.

Cuando Woody Allen, a sus 20 años, estuvo trabajando en Los Ángeles, su gran maestro escribiendo sketches humorísticos fue Danny Simon (hermano del autor teatral Neil Simon), y fue entonces cuando aprendió el exigente esfuerzo de un escritor que trabaja, con un horario, de 9 a 6.

“Seguía siendo estúpido (es como conducir, jamás se pierde), primitivo, neurótico, nada preparado para el matrimonio, un caos emocional que salía adelante porque tenía lo que Neil Coward denominó un don para divertir”.

Regresan él y Harlene, su mujer, a Nueva York (“la arruiné la vida”). Y en el libro van desfilando las personas a las que el autor admira y considera que influyeron notablemente en su trayectoria profesional, como un oscuro pero excepcional escritor de sketches humorísticos, David Panich (quien le “abrió los ojos a la grandeza de S J Perelman, el ser humano más gracioso durante el tiempo que yo llevo en este planeta”), o Larry Gelbart, “un tipo fabuloso y un escritor de comedias verdaderamente grande”, con los que Allen colaboró en aquellos años iniciáticos suyos. Otros nombres de aquellos tiempos en los que se fijaba atentamente: Groucho Marx, Dick Cavett.

Más personas influyentes…

Desde aquel entonces, su representante fue Jack Rollins (hasta que falleció con 100 años), “quizás la única persona que yo haya conocido que era un verdadero sabio”. El cómico Mort Sahl era tan grandioso “que me arruinó la vida del mismo modo que Charlie Parker se la arruinó a todos los saxofonistas que siguieron después de él”.

Arthur Miller y Tennessee Williams son los dos dramaturgos que “ocupaban un altar exclusivo en mi apartamento de Brooklyn”.

woodyconLouiseLasserWoody Allen dejó su exitosa y rentable carrera como guionista para subirse a los escenarios como monologuista, por iniciativa de Rollins. Tiene 23 años cuando conoce a Louise Lasser, la que será su segunda esposa, su primer amor de verdad, con la que conviviría (es un decir) durante ocho años antes de casarse. Él nos cuenta en estas memorias suyas que no era consciente de que ella (tan sexi: “mujeres así no crecen en los árboles”) era una “desquiciada”, en realidad, una maniaco-depresiva de manual.

“Habría hecho lo que fuera por esa mujer porque realmente la amaba, ella, que era supersónicamente promiscua, aunque me amaba”.

Louisse Lasser, “aquel pequeño lascivo serafín de los cielos”.

Una prueba de la “ausencia de conexión con la realidad” de nuestro genio estadounidense fue que no dejara de escribir ni cuando supo que acaban de asesinar al presidente Kennedy.

“Al parecer yo vivía rodeado de personas impresionantes y maravillosas, pero inestables como el uranio”.

Es una estrella, le invitan a los programas de televisión de variedades de mayor audiencia, al show de Ed Sullivan o al de Johnny Carson (a quien llega a sustituir como presentador en algunas ocasiones)…

Llega su primera incursión en el cine, su guion, finalmente manipulado por completo, de la disparatada película What’s new pussycat? Por aquel entonces, él ya ha tomado la decisión de no leer las críticas sobre sus trabajos:

“Dejé de leer lo que se escribe sobre mí hace varias décadas y las valoraciones o análisis que hagan otras personas de mi trabajo no me interesan en absoluto. Suena arrogante. pero no lo es. No es que me considere superior ni que piense que estoy por encima de los demás, ni tampoco tengo una opinión especialmente elevada de mi propia obra, pero Danny Simon me enseñó a basarme en mi propio criterio y no me gusta perder mi valioso tiempo en lo que fácilmente puede convertirse en una distracción”.

En otro orden de cosas, “si crees todo lo que lees en la prensa amarilla, entonces te mereces la vida que tienes”.

Una carrera de cine: Woody Allen, cineasta

Tras casarse con Lasser, actúa en la película Casino Royale, “uno de los peores y más estúpidos desperdicios de celuloide en la historia del cine”. Y su primera y también estúpida película es un éxito, What’s up, Tiger Lily?, de 1966, que no es sino el doblaje con un guion escrito por Woody Allen de una película japonesa, a la que además cambió el montaje y adornó con otra música.

Es en aquel momento cuando decidió que “jamás realizaría otra película a menos que tuviera todo el control”. Y así ha sido desde entonces.

Estrena su primera obra de teatro, Don’t drink the water, hundida por la crítica pero un éxito de público.

                “A veces pienso que soy un dramaturgo frustrado de la década de los 30”.

woodyconDianeKeaton

Su segunda obra teatral fue Play it again, Sam, la cual también interpretó, y durante cuyas representaciones conoció a la actriz Diane Keaton (“una personalidad que ilumina todo un bulevar”), que formaba parte del reparto, cuando él era ya colaborador habitual de The New Yorker.

Se divorcia de Lasser, de la que sigue siendo amigo hoy en día, dirige Toma el dinero y corre:

“La película fue un éxito de crítica y, finalmente, de taquilla. Y de esa manera empecé a hacer cine. Con mucho trabajo, un poco de don natural, mucha suerte e importantes contribuciones de otras personas”.

Imagino que aquellos que acuden a los libros de memorias para ver cómo sus autores despellejan a todo bicho viviente se sientan decepcionados porque no puedan degustar el estilo inhumano tipo Gregorio Morán de las personas que viven de su bilis hacia los demás. Lo entiendo. En este libro no van a encontrar nada de eso, y eso que… Sigue leyendo, por favor.

Keaton y él se hicieron amantes: “somos amigos desde entonces”, adelanta Woody Allen, para quien la cineasta californiana “es magia”, es “mi Estrella del Norte, la persona a la que recurro. Jamás nos hemos peleado”.

Actúa en la versión cinematográfica de Play it again… (titulada en España Sueños de seductor), y dirige Bananas, que es un relativo éxito producido por United Artists, cuyo presidente, Arthur Krim, “terminó siendo una de las tres personas que reconozco que han tenido una importancia fundamental en mi carrera” (con el cual hizo quince películas). Las otras dos personas son Jack Rollins y el crítico del The New York Times Vincent Canby.

Cuando dejó su breve relación amorosa con Diane Keaton mantuvo brevísimos romances con sus hermanas (sic).

Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo (pero nunca se atrevió a preguntar) es su primer gran éxito comercial. Sus siguientes filmes son El dormilón y La última noche de Boris Grushenko¸ que recibió buenas críticas pero, tras la cual, su director decidió no volver a leer ninguna reseña sobre sus películas. O sobre él:

“La obsesión con uno mismo, esa traicionera pérdida de tiempo. La gracia de hacer una película es hacerla, el acto creativo. Los aplausos no significan nada”.

Y un consejo a los realizadores jóvenes de quien considera de sí mismo que “cuando dirijo sé lo que quiero, y lo que es más importante, sé lo que no quiero”: “disfrutad de vuestro trabajo” o cambiad de oficio, “juzgad por vosotros mismos”, se trata de saber si se ha hecho la película “que os habíais imaginado”, porque “la diversión reside en el trabajo en sí”.

En las películas, nos explica quien mantiene que “dirigir no es una ciencia aeroespacial” (quizás nada lo sea, ¿qué no?), “el problema casi siempre reside en el guion. Es mucho más difícil escribir que dirigir”, se puede dirigir bien una película con un guion bien escrito aunque se sea un mal director, “pero un gran director prácticamente nunca podrá convertir un guion flojo en una película buena”.

                “Cuando algo no funciona, siempre hay que fijarse primero en el guion”.

Lo directores de casting de las películas de Woody Allen siempre han sido Juliet Taylor y, cuando ésta se retiró, su asistente, Patricia DiCerto (confidente de guiones, además, del cineasta neoyorquino).

Llego en A propósito de nada a la muy premiada y popular Annie Hall, que contó con la fotografía del maestro Gordon Willis, varias veces rodada, varias veces montada, varias veces titulada, y que ganó 4 Premios Óscar: mejor película, mejor guion, mejor dirección y mejor actriz principal, Diane Keaton: Woody Allen no fue a recoger ninguno de los suyos (“las obras de arte no se realizan con un propósito competitivo”, se hacen “para satisfacer un deseo artístico y, con suerte, entretener”). Porque lo que nos quiere decir el autor de este libro a veces apabullante de sabiduría y escepticismo es que si quieres ser un artista, si quieres serlo, y tienes miedo de fracasar, miedo a no tener éxito, “debes buscarte otro modo de ganarte la vida”.

Monólogo de Woody Allen en Annie Hall.

La primera de sus películas que no era una comedia fue Interiores. Luego vino Manhattan y su “éxito enorme para mis estándares”… Y eso que Woody Allen ofreció a United Artists no estrenarla. A continuación, llegó la “incomprendida” Recuerdos.

manhattan

Zelig trata “del deseo común de ser aceptados”. Ojo, como nos avisa el cineasta, que “esa obsesión con el conformismo es lo que, finalmente, conduce al fascismo”. Al mismo tiempo que esa película, rodó La comedia sexual de una noche de verano, “una película muy bella y mágica que no le gustó a nadie ni nadie vino a verla”. (Yo sí.) En ambas actuó Mia Farrow (ex mujer de Frank Sinatra y André Previn, que tenía siete hijos, tres de ellos biológicos: ¡ojo al dato!, y a la cual dirigió en doce películas), con quien mantendrá un romance y, como verás, lector, pronto se convertirá en destacadísima protagonista de A propósito de nada. Nunca se casaron ni llegaron a convivir. El neoyorquino enumera “las señales de alarma que no vi o que decidí no ver desde el principio”.

Sí, hemos llegado a lo que muchos esperaban leer en un libro como este…

La Policía de lo Apropiado

Cuando Mia Farrow quedó embarazada de Woody Allen, decidió mostrarse distante y le arrebató la llave de su apartamento neoyorquino.

                “Cumplí con mi propósito cuando la dejé embarazada y luego pasé a ser irrelevante”.

Mia Farrow no inscribió a Satchel Ronan, el hijo común, como hijo de Woody Allen, quien, aun con la relación resquebrajada, sí consiguió que se le reconociera como padre adoptivo de otros dos de los hijos de la actriz, Dylan y Moses. En aquellos días, el director estadounidense y Soon-Yi, otra de las hijas adoptadas por ella, no se caían “específicamente bien”. Por el libro sabemos que Farrow había ido a Seúl a adoptar un niño, se trajo a Soon-Yi y luego la maltrató. “En ningún momento estimuló su crecimiento”, aunque sí la obligó a desempeñar tareas domésticas que ella nunca ejercía.

Soon-Yi y Woody Allen comenzaron una relación. Cuando la hija adoptiva de Mia Farrow se marchó con el cineasta, “no era una huérfana ingrata que estuviera traicionando a una benefactora amable y cariñosa que la hubiera convertido de mendiga en millonaria”.

woody allen sombras y niebla

En aquellos años, Woody Allen interviene como actor en Escenas en una galería, de Paul Mazursky, dirige Sombras y niebla (“mi propia visión de la vida y la muerte expresada mediante una metáfora lúgubre pero con suerte graciosa”), un gran fracaso comercial; y “una de mis mejores películas”, Maridos y mujeres, deliberadamente rodada de forma contraria a lo “que se considera bonito o bien hecho”, durante cuya grabación comienza su relación con Soon-Yi, tras conocerse mejor, y mientras continúa la inercia de lo que fuera que tenían él y Mia Farrow (que, no lo olvidemos, sigue protagonizando sus películas).

Cuando Farrow descubre casualmente unas fotos muy comprometedoras de Soon-Yi en el apartamento de Woody Allen … ¡¡¡Boom!!! Todo estalla. Su furia “la hizo llegar tan lejos que pasó de lo razonable a lo imperdonable y luego a lo inconcebible”. Le denuncia por haber abusado de su hija Dylan (adoptiva de ambos, conviene tenerlo presente) como parte de una “cruzada de venganza” que responde a “un tremendo delirio”.

Woody Allen dedica unas 50 páginas a todo este escalofriante y decisivo asunto, una octava parte de la extensión total de sus memorias. Y todo aquello podemos resumirlo así (conviene leer detenidamente lo que sigue, sobre todo los talibanes y las talibanas de la Policía de lo Apropiado):

“Jamás fui acusado formalmente de ningún delito, puesto que quedó claro para los investigadores que no había ocurrido nada”.

De hecho, todo aquello, judicialmente hablando, quedó en un procedimiento judicial de audiencia de custodia que dio como resultado (inexplicablemente, tras quedar claro que no hubo abuso alguno ni nada parecido) la prohibición a Woody Allen de ver nunca más a Dylan y fijó para su otro hijo adoptivo, Moses, únicamente visitas esporádicas.

Finalmente, el director de Annie Hall y Soon-Yi contrajeron matrimonio (en Venecia, en diciembre de 1997) por una cuestión práctica (además del hecho de su desbordante enamoramiento capaz de enfrentarse al tremendo vendaval producido por todo aquel procedimiento judicial y la actuación miserable de casi toda la prensa): para que ella pudiera heredar todas las propiedades de Woody Allen.

Tras la tormenta judicial, regresa el libro a los filmes de su autor protagonizados por Mia Farrow (antes, claro está de la hecatombe). Las seis siguientes (pero anteriores a Sombras y niebla, de 1991, y a Maridos y mujeres, de 1992) fueron Broadway Danny Rose, La rosa púrpura de El Cairo (en la que Mia es Cecilia, es decir… ya lo vimos, un poco Woody Allen, quien dice de esa película que es “una de las mejores que he hecho, una de mis películas favoritas”), Hannah y sus hermanas, Días de radio (“basada a grandes rasgos en mi familia”), Septiembre (“que naufragó”) y, en 1988, Otra mujer.

Woody Allen participa a continuación en Historias de Nueva York con uno de los tres cortos que la componen, junto a Francis Ford Coppola y Martin Scorsese (“dos de mis directores favoritos de todos los tiempos”).

En Delitos y faltas contó, además de con Mia Farrow (estamos ahora en 1989), con actores con los que se extiende en elogios, Martin Landau, Anjelica Houston y Alan Alda. De Alice afirma que es “una película pasable pero visualmente muy bonita” (con el “fenómeno” de Alec Baldwin). Y, ya hablé de ellas, las dos últimas películas con Mia Farrow: Sombras y niebla y Maridos y mujeres (“una de mis películas preferidas porque no presté atención al arte de la cinematografía”). Sin acabar de rodar ésta, unas fotos en su apartamento… Ya sabes.

El marido de Soon-Yi

woodyconSoon-YiWoody Allen y Soon-Yi adoptan dos niñas, una de ellas estadounidense, Bechet, la otra surcoreana, Manzie. El jazz y Woody Allen, que le lleva a poner esos nombres a sus hijas con Soon-Yi, tomados de Sidney Bechet y su batería Manzie Johnson. Y su arte cinematográfico prosigue…

“Continué realizando películas, creyendo que la ordalía de la acusación falsa había quedado atrás para siempre a causa de todas las investigaciones, que fueron definitivas y unánimes. Poco sabía yo que, una vez que te han ensuciado, quedas vulnerable para siempre”.

Rueda en 1993 Misterioso asesinato en Manhattan, que “es una de las mejores películas que he hecho” (con Diane Keaton de coprotagonista).

Woody Allen escribe ahora, reconoce y nos emociona, que “esa es la época de mi vida en que he sido feliz”. Y añade:

“El logro más satisfactorio de mi vida no son mis películas sino haber podido liberar a Soon-Yi. […] Tomé la decisión de convertirla en mi máxima prioridad”.

De Balas sobre Broadway, coescrita con Doug McGrath, considera que “es uno de mis mejores films”, con “un reparto asombroso”. Y Poderosa Afrodita es “mi primera película obscena, demasiado obscena para mi gusto”.

Woody Allen es gracioso y se considera gracioso. Pero es de su odio al mundo, de su cabreo por la estupidez de la gente de donde “hace brotar” su humor. Es capaz de convertir su sufrimiento en “buenos chistes cortos que sirven para distraer momentáneamente”.

Rueda en 1996 un musical, sí, Todos dicen i love you, y un año más tarde Desmontando a Harry, con “la impresionante” actriz Judy Davis (que ya había participado en Maridos y mujeres). Interviene en Wild Man Blues, el documental sobre la gira europea del grupo de jazz en el que toca el clarinete, liderado por Eddy Davis (que en el libro está mal transcrito, Eddie Davis, y aparece, así, como si fuera otro jazmmen clásico ya muerto algunos años antes), dirigido por Barbara Kopple.

Siguen Celebrity (donde de nuevo actúa Judy Davis), Acordes y desacuerdos (“por fin”, con Sean Penn). En Granujas de medio pelo, Woody Allen interpretará la ocupación que siempre quiso haber tenido, la de un criminal, un apostador buscavidas y estafador, un delincuente. Más adelante pone la voz de la hormiga protagonista de la película de animación Antz, algo que no le gustó y no ha vuelto a repetir (doblar a un muñeco) e interpreta Aprendiz de gigolo, un film de John Turturro. Protagoniza su propia película siguiente, La maldición del escorpión de jade, porque todos los actores rechazaron el papel cuando se lo proponían (“Charlize Theron es una fuerza de la naturaleza con una capacidad interpretativa impresionante”), un gran éxito en España pero casi sólo aquí. “Personalmente, la película que más me desilusionó fue Un final made in Hollywood, una película graciosa que fracasó”.

Se sincera cuando, hablando de su película Todo lo demás (que tampoco funcionó bien en taquilla), admite que “después de todos estos años, resulta que seguía escribiendo sobre Louise”, su primera esposa. La siguiente, Melinda y Melinda, “salió pasable”.

Match point se hizo en Londres porque sólo allí quisieron financiarla. Protagonizada por Scarlett Johansson, que a sus 19 años “ya lo tenía todo”, esa película “fue un placer para mí, una de las pocas de cuantas he realizado que superó mis expectativas”. Y Woody Allen regresó a la capital británica para rodar Scoop (también con Johansson), El sueño de Cassandra y Conocerás al hombre de tus sueños, aunque antes de esta última rodó en España Vicky Cristina Barcelona, de nuevo con Johansson y por vez primera con Javier Bardem, “uno de los mejores actores del séptimo arte”, y, ya en Estados Unidos, Si la cosa funciona, en la cual trabajó “junto a un maestro de las observaciones cínicas, Larry David”.

En París le ofrecen rodar una película que resultó muy exitosa, Media noche en París, en la que contó “con una actriz de primera categoría” que fue “la guinda del pastel: Léa Seydoux. Y Roma, donde graba A Roma con amor, gracias la cual “tuve el honor de dirigir al gran Roberto Benigni, a quien no alcanzan las palabras para describirlo”.

woody allen blue-jasmineSegún él mismo escribe, el autor de A propósito de nada ha ascendido en las filas de los cineastas “gracias a haber trabajado duro, a una suerte asombrosa y a estar en el lugar adecuado en el momento justo”.

Llegamos, llego, a una de mis películas favoritas de la cinematografía (especialmente de sus películas de los 25 últimos años) de quien personalmente tengo por un enorme genio al alcance de cualquier humano, Blue Jasmine, para él “un casi, pero no” de hacer mi Un tranvía llamado deseo”. El film tuvo éxito y Cate Blanchett, “una gran actriz, obtuvo su Óscar”.

De 2014 es Magia a la luz de la luna (“otro film mío en cuya trama había magia”), rodada en el sur de Francia y protagonizada por Collin Firth y por Emma Stone, de quien Woody Allen escribe que “lo tiene todo” y es “una verdadera estrella de cine que posee una gracia natural y al mismo es una gran actriz dramática”.

“A mí me parece que la única esperanza de la humanidad reside en la magia, siempre he detestado la realidad, pero es el único sitio donde se consiguen alitas de pollo”.

A Irrational man, que no tuvo éxito, le siguió, ya por fin, una película que transcurre en el Nueva York de los años 30 (del siglo XX): Café Society, la primera de su filmografía con el gran Vittorio Storaro al frente de la fotografía.

Woody Allen se salta deliberadamente, tiene una demanda interpuesta contra Amazon, la serie de televisión que rodó para el gigante empresarial en 2016, la excelente Crisis en seis escenas. Yo lo constato.

¿#MeToo? Creer en lo que importa creer

Wonder Wheel es “la mejor película que he hecho hasta la fecha”. Pero “no soy Tennessee Williams, nunca pude acercarme a su nivel”. De semejante joya, una de mis favoritas suyas de siempre, el magnífico artista neoyorquino escribe:

“Hay bastante de mí en ella, aparte de los gánsteres y de un chaval inadaptado que odiaba la escuela”.

Trailer oficial de Wonder Wheel.

El film, estamos en 2017, sufre la presión del regreso del asunto de la falsa acusación favorecido por el surgimiento de la era del #MeToo. Dylan, su hija, tiene ya 30 años y lleva a cabo unas declaraciones públicas contando aquellos abusos (que nunca existieron) a la televisión… y algunos actores y actrices deciden atacar a Woody Allen arrepintiéndose de haber actuado en sus películas y declarando que no lo volverían a hacer. De manera que todo este asunto, este caso, ilustra perfectamente lo que Alan Dershowitz ha llamado culpabilidad por acusación.

“Esos nuevos descubrimientos científicos en el ámbito de la física según los cuales la mujer siempre tiene razón”.

Además, “Amazon anuló mi contrato y decidió no trabajar conmigo y Día de lluvia en Nueva York no se distribuyó en Estados Unidos”. Pocos actores (Alec Baldwin, Javier Bardem y Scarlett Johansson, entre ellos) y “todas las mujeres de mi vida” me protegieron (salvo quien ya sabes). También “The New York Times me defendió”.

woody allen lluvia en nueva york

“¿Por qué había tantas personas en la prensa y en mi profesión tan dispuestas, tan decididas, a hacerme daño? Lo único que se me ocurre es que con los años debo de haberle caído peor a la gente de lo que yo creía, y que están expresando una furia o irritación que llevan reprimiendo desde entonces. De no ser así, ¿por qué no me otorgaron el beneficio de la duda ante una muy cuestionable acusación que iba en contra del sentido común? Nunca he conseguido entender exactamente qué he hecho para acumular toda esta mala voluntad hacia mí”.

Estoy con Woody Allen, también en esto, porque bien sé que “la gente cree lo que le importa creer”. Y aunque yo no lo soy, un misántropo, entiendo perfectamente al creador de Balas sobre Broadway:

                “Ser un misántropo tiene un lado bueno: la gente nunca te desilusiona”.

Ha rodado recientemente en España, costándole conseguir actores para interpretarla, la película aun no estrenada Rifkin’s Festival, con Wally Shawn y Elena Anaya.

                “Lamento no haber hecho jamás un gran film”.

Sobre dejar un legado, Woody Allen despide su fabuloso A propósito de nada, así:

Más que vivir en los corazones y en las mentes del público, prefiero seguir viviendo en mi casa”.

Los propósitos de Woody Allen
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