martes. 16.07.2024
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Fotograma de la película (Filmaffinity)

JAIME POLO | @LOVACAINE

"Solo queda la danza" es un elegante viaje a través de la gracia y la rivalidad en el mundo del ballet, dirigido por Dana Nechushtan y bellamente orquestado por un equipo técnico que deslumbra. En la bulliciosa Ámsterdam de la década de 1970, la película narra la historia de dos jóvenes bailarinas cuya amistad se pone a prueba al unirse a la misma compañía de ballet real, que exige lo mejor de lo mejor.

Desde el primer momento, la película cautiva con sus deslumbrantes colores, magníficos trajes y ubicaciones que transportan al espectador a una época donde la danza se convierte en la más exquisita forma de expresión. He terminado la película amando el baile y dándome cuenta lo importante que es en las categorías de las artes. Han pasado unos años desde que vi por primera vez “Vers Mathilde” de Claire Denis sobre el encuentro entre la directora y la coreógrafa de danza y mi pasión por ello ha ido aumentando con el paso del tiempo.

La coreografía, el corazón latente de la película, es ejecutada con maestría por los talentosos protagonistas. La intensidad de la relación amor-odio entre las dos bailarinas, interpretadas de manera impresionante por Roos Englebert y Elaine Meijerink, agrega una capa intrigante a la trama. Sus actuaciones son un deleite para los ojos, y su química en pantalla se traduce en momentos de pura magia.

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La película, aunque grandemente lograda en términos visuales, se tambalea en su equilibrio emocional. Aunque Elaine Meijrink realiza una actuación convincente como Irma, la amiga más reservada, la película deja algunos vacíos emocionales que podrían haberse llenado con un desarrollo más profundo de los personajes secundarios. Las relaciones familiares, especialmente las de Olga, merecían un mayor escrutinio para enriquecer la trama.

La narrativa, contada a través de los ojos de Irma, ofrece una perspectiva única pero a veces deja al espectador anhelando más detalles sobre la vida interior de Olga. La película juega con la dualidad de la realidad y el escenario, especialmente en las escenas de "Carmen" y "Romeo", creando momentos poéticos y visualmente impactantes.

Por el resto es una pieza disfrutable que te hará considerar a la danza como potencial interés y elección en tus futuras visitas a espacios artísticos. Como decía Nietzsche, “Deberíamos considerar perdidos los días en que no hemos bailado al menos una vez”.

Baila.

'Solo queda la danza': para bailar lo mejor es no quedarse mirando