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jueves 19/5/22
LEGALIZACIÓN DE LOS SINDICATOS

¡¡Ya somos legales!! Propaganda en el aparcamiento

CCOO Ya somos legales
CCOO Ya somos legales

Era miércoles, jornada laborable, con regusto a festivo.
Era miércoles, de un año que pintaba en bastos.

Había, en el ambiente, una voluntad de consolidar la primavera
cómo fuera: a pico y pala; fresadora y llave inglesa, plegadora y tinta;
estetoscopio y jeringa; tiza y pizarra; pluma y gafas de presbicia;
espátula y plomada; tricotosa y lana; bandejas y manteles; ….

No faltaba a la cita ninguna herramienta; salían todas ellas hermanadas,
concéntricamente, cada una de un brazo y una mano que las asían con firmeza.

Contábamos, siempre, con dos que, por ser intangibles, nunca figuraban:
dignidad y solidaridad. No tenían por dónde sujetarse, ¿cómo bregar con ellas?
Pero eran rebeldes, contumaces, eficaces, decisivas, insumisas.

Miércoles, laburo cotidiano, en la Unidad Coronaria de mi Hospital.
Curro vespertino de un enfermero interino: cuidados, alegría, felicitaciones varias,
sobrevenidas emergencias y ruidos: asumidos, corrientes y ordinarios.
Sonidos de aparatos acompasados, rumor de mecanismos, alarmas estridentes.

Aquella mañana, de aquel miércoles, comenzó muy pronto, antes del alba,
entre el canto del gallo y el ruido inconfundible de los cambios de turno,
sucedidos a las ocho de la mañana, entre bostezos y cansancios.

Dos horas antes, otros compañeros y yo, portábamos cepillos, escobas,
cubos de engrudo. Sacrosantos artilugios anteriores a la era digital.
Colocábamos carteles en los muros blancos y grises del Hospital.
Mi grupo situó uno de ellos en las entrañas del aparcamiento.
“¡Cuidado, más arriba, a la derecha, con calma; son tres paneles;
no lo mováis más, ha quedado perfecto”!

Me retiré un poco, para tener perspectiva de la “obra maestra”.
Comencé a llorar con emoción, un sollozo sin comedimiento.
Lo vi, estaba claro, el cartel de propaganda rezaba así:
“CC.OO. Ya somos legales. Afíliate”.
El mundo seguía mal hecho, pero el cartel derecho sin mácula alguna.

Finalizada la jornada, una ansiedad perturbaba mi ánimo.
El autobús 49, de retorno a Hortaleza, era como un paquidermo: lento, parsimonioso.

Durante el trayecto me asaltó la alegría de otros hechos. Dos días antes, el 25:
Portugal no coração. Terceiro aniversário da Revolução dos cravos. Manhã clara,
nítida, embora o céu estivesse cinzento e chuvoso. Vamos lá, irmã.
Cravos nas pontas das espingardas.

Ese mismo día, pero en 1945, los partisanos italianos se habían levantado
y no encontraron al invasor nazi. “Una mattina mi son svegliato
O bella, ciao! bella, ciao! bella, ciao, ciao, ciao!
Una mattina mi son svegliato”. Festa della Liberazione.

Necesitaba abrazar a mi padre, con un constreñimiento expansivo,
ése que no necesita palabras, porque lo dice todo.
Pensé, mientras lo estrechaba y se expandía mi alegría:
¡papá, cómo tú me enseñaste: cuánto mejor; mejor!
¡Todo a pulmón, papá, todo a pulmón!


(Cuadragésimo quinto aniversario de la legalización de Comisiones Obreras. Miércoles, 27 de abril de 1977 a sólo tres días de un 1º de Mayo con manifestaciones prohibidas y reprimidas duramente, ¡para estrenarnos bien!)

¡¡Ya somos legales!! Propaganda en el aparcamiento