Lunes 17.06.2019
reseña literaria

Alberto Gómez regresa con 'El Pecado' a la Hispania del siglo IV

pecado portadaEn el año 378 d.C, mientras el Imperio romano se desmorona, una misteriosa congregación religiosa llega a un valle del Norte de Hispania. El líder de esta secta cristiana es conocido como el Doctor y su influencia en seguida se dejará notar en los habitantes del lugar; nobles como Aufidio, jóvenes como Anü o agricultores arruinados como Antonio se verán envueltos en la lucha que el poder creciente del Doctor y de sus fieles desata en la provincia. 

Y es que el mensaje del Doctor -que pregona la pobreza y la relación directa con Dios- choca frontalmente con los intereses de una jerarquía eclesiástica que, ante la ruina de Roma y sus ejércitos, se ha convertido en el único poder estable en la mayor parte de Hispania.

Así arranca El pecado, la novela publicada por la editorial Carpe Noctem y en la que Alberto Gómez Vaquero ha novelado la vida en un pequeño pueblo de la Hispania interior del siglo IV, una de las épocas más desconocidas de nuestra historia. 

La obra, aunque ficción, se apoya para el personaje del Doctor en la vida del controvertido y misterioso Prisciliano, y en sus páginas aparecen otras figuras reales e importantes de este periodo histórico como el emperador Teodosio el Grande o el usurpador Máximo Magno, que desde su puesto como comes en Britania logró hacerse con el trono de Occidente.

El empeño actual de algunos gobernantes de salvar el Estado antes que a quienes viven en él tiene también su lejano equivalente en aquel Imperio que se comenzaba a desmoronar a finales del siglo IV

 «Aunque histórica, la novela es sobre todo ficción, por eso el objetivo no era contar al detalle la vida de personajes reales, sino usar sus vidas para penetrar mejor en un periodo histórico marcado por las crisis, la pobreza y por enormes cambios que, pese a las obvias diferencias, guarda importantes y curiosas similitudes con la actualidad», explica el autor.

Una novela histórica, pero actual

El siglo IV, por lo que tiene de inicio de una profunda crisis -el Imperio romano se desmoronará en unas pocas décadas-, y de cambio a peor de las situaciones materiales de la mayoría de las personas en Europa recuerda, con las obvias diferencias, al periodo de crisis que Europa comenzó en el 2008. 

El protofeudalismo que comienza en el siglo IV con el auge del colonato, cuando ya era más barato sostener a un colono que a un esclavo; con trabajadores que sólo ganaban para subsistir y que para los pocos potentados eran mano de obra muy barata y fácilmente sustituible, puede parecer un aviso sobre el futuro que espera a Europa si las condiciones de vida de los trabajadores siguen degradándose y si se acepta que subsistir es lo mismo que vivir. De ahí la importancia que tiene en este relato un personaje como Antonio, un agricultor empobrecido, cuya importancia es equiparable a la de la tercera gran protagonista de la novela: Anü. Un personaje plantea otro debate, el del limitado papel de la mujer a lo largo de la Historia; incluso cuando esa mujer, como es el caso, procedía de una familia privilegiada.

Leída la obra, tampoco parece tan lejano que el miedo de los poderosos se manifestara encerrándose en fincas extensas (las villae) en las que contaban con un ejército privado para defenderse de las amenazas, algo que está ocurriendo hoy en muchos lugares del globo donde los ricos viven en urbanizaciones protegidas por alambradas, cámaras y pequeños ejércitos en forma de empresas de seguridad. 

Esas amenazas externas se habían formado, en el siglo IV y ahora, por el hambre y la desesperación. Entonces, existían las bagaudas, grupos vandálicos formados por agricultores sin tierra, esclavos huidos, comerciantes empobrecidos y por supuesto ladrones y asaltantes; hoy tenemos guetos en casi todas las grandes ciudades y en muchas de ellas prosperan las maras, pandillas o narcogrupos capaces de hacer frente al Estado y que igualmente se nutren de quienes han sido abocados a la pobreza. En ambos momentos de la Historia las principales víctimas de estos grupos no eran los ricos (a salvo en sus villas), sino otras personas pobres o casi pobres, obligadas a pagar pseudoimpuestos, sufrir robos o violaciones, vivir amenazados y extorsionados... y teniendo que optar (entonces, y está por ver qué ocurre en unos años) por someterse al imperio de un patrón que les proporcionaba seguridad y alimento a cambio de su trabajo o mantenerse solos frente a ese mundo cada vez más violento.

Por último, el empeño actual de algunos gobernantes de salvar el Estado (como si la realidad de un país fueran sólo sus cifras macroeconómicas) antes que a quienes viven en él tiene también su lejano equivalente en aquel Imperio que se comenzaba a desmoronar a finales del siglo IV, cuando Roma llevaba ya muchas décadas aprobando nuevos impuestos y centrando toda su política en la defensa del limes y en el sostenimiento de un ejército identificado con el Estado y cada vez más numeroso. Todo ello mientras la pobreza crecía en su interior. 

«Echar la culpa a los bárbaros, como se ha hecho después, del desmoronamiento de Roma es, cuando menos, falsear la realidad de un Imperio que estaba ya muy debilitado —entre otras cosas por sus propias guerras internas, brutales durante todo el siglo III— cuando las oleadas de los pueblos germanos cruzaron las fronteras a partir del 409», resume el autor. 

Sobre el autor

Alberto Gómez Vaquero (Valladolid, 1984) es periodista y escritor. Reside en Madrid. Profesionalmente se ha dedicado a la comunicación y el periodismo desde 2006. Como escritor, ha publicado previamente las novelas Entre dioses y peones(Amaniel, 2010) y Concerto Solli, de Nacho Cuenca (Carpe Noctem, 2014) y el poemario Manual sobre cosas irreparables (Poesía eres tú, 2011). Ha traducido, además, a autores como Virginia Wolf, Joseph Conrad, F.S. Fitzgerald o Nick Flynn y publicado diversos prólogos y textos académicos.


Editorial Carpe Noctem

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