viernes 17/9/21
JOHARI GAUTIER CARMONA

“Un rey es un plebeyo que ha tenido suerte a la hora de nacer”

Entrevista a Antonio Gómez Rufo, autor de “La abadía de los crímenes”.
Antonio Gomez Rufo

Tras el éxito de su última novela “La noche del tamarindo”, Antonio Gómez Rufo publica este año “La abadía de los crímenes” (Ediciones Planeta). Una obra que desentraña algunos sucesos oscuros de la época medieval y desvela ciertas verdades sobre la personalidad y las vivencias del rey Jaime I El Conquistador (1208 – 1276): rey de Aragón y conde de Barcelona. En su presentación, el autor ha reconocido que se siente especialmente orgulloso de esta obra y la considera la “más sencilla, la más divertida y más cuidada literariamente” de todas las que ha escrito. En esta entrevista he podido comentar con el autor sobre algunos de los aspectos más relevantes de la novela.

¿Cómo surgió la idea de escribir la novela “La abadía de los crímenes”?

De una anécdota que conocí en relación con Jaime I y la conquista de Mallorca. Y, además, porque me encanta la alta Edad Media y procuro leer lo que encuentro de ella, que es muy poco.

Llama la atención esa sutil mezcla de géneros, con la incorporación de elementos históricos, policiacos y sentimentales. ¿En qué género clasificarías tu última obra?

Procuro que sea una novela intergenérica. Que cumpla las expectativas de los amantes de la novela histórica, de los aficionados a la novela de intriga y a quienes gusten de las novelas intimistas. Y a la luz de lo que me dicen los lectores, no lo he hecho mal. Ojalá todos piensen lo mismo.

Describes en tu libro una época en que España todavía no existía y en que la lucha contra la presencia árabe era una prioridad. ¿Qué sentimientos te suscita ese periodo histórico?

Creo que hay mucha ficción y muy poca realidad en relación a esa época de convivencia entre el cristianismo y el Islam. Fueron muchos siglos de convivencia y, en comparación, con muy pocos conflictos, guerras, escaramuzas y problemas. La Historia cuenta hechos puntuales (como la batalla de Las Navas de Tolosa), pero antes y después había larguísimos periodos de paz en la que algunos reinos árabes pagaban tributo a los reyes cristianos y en los que los nobles cristianos firmaban pactos con reyes moros, comerciaban, se entendían. Hay que revisar esos siglos a la luz de la realidad, no del egocentrismo europeo.

Desde el principio presentas al rey Jaime I y a su esposa, Doña Leonor de Castilla, como una pareja aprisionada en los vestigios de un amor precoz. En muchas ocasiones ambos reflexionan sobre los motivos del fracaso de su relación. ¿Cómo definirías el amor en aquella época?

Idéntico al actual. No hay que darle más vueltas. Aunque también es cierto que la mujer está empezando a ocupar el lugar que le corresponde en el mundo y eso ha desorientado a ciertos hombres. Pero el amor como sentimiento sigue igual. Es lógico que sea así.

En tu novela describes unas relaciones hombre-mujer tensas. Una de las protagonistas que aparecen en la novela comenta que los hombres “no buscan sentir amor, sino apaciguar su lujuria. Y lo peor es que les produce tanto o mayor placer la guerra, el juego y la caza que el fornicio. Ser hombre debe ser muy cómodo”. ¿Qué paralelo harías con nuestros tiempos?

Yo siempre escribo novelas modernas, con las que el lector de hoy sienta una especie de identificación. Creo que esa tensión sexual existe siempre y las relaciones hombre-mujer es una asignatura que todavía hoy no hemos aprendido y un problema que no hemos sabido resolver. Lo convencional, que en definitiva es el sacrificio de ambas partes, el mutuo soportarse, es el mal menor en las relaciones de pareja para que tengan la estabilidad necesaria para que se produzca la procreación y la conservación de nuestra especie.

Don Jaime I parece seguir los pasos de sus progenitores. Nace de un encuentro amoroso capcioso y una relación matrimonial marcada por la indiferencia y, sin embargo, siente el deseo de conocer el amor verdadero.

Como todo ser humano. Un rey no es diferente de cualquier otra persona cuando se queda a solas consigo mismo en la soledad de su aposento en mitad de la noche. Las emociones, los sentimientos, los anhelos de todos nos unifican. Un rey es un plebeyo que ha tenido suerte a la hora de nacer.

Don Jaime I es un personaje complejo que vive dividido entre sus raíces aragonesas y catalanas, su deseo de amar y un matrimonio agotado. ¿En qué te has basado para construir el carácter de este personaje?

En su “Llibre des fets” y en la documentación existente de aquel momento histórico del siglo XIII. Por cierto, muy escasa. Y de la deducción de su personalidad por lo que se conserva en documentos, actas de las Cortes aragonesa y catalana y otras referencias históricas.

La novela habla con mucha claridad de los independentismos y separatismos que existían en la época. Una abadesa llega incluso a decir al representante de la corona aragonesa, Jaime I, que “es un intruso” y que “Cataluña pertenece a los catalanes”, desvelando así las confabulaciones y las ambiciones políticas de aquel entonces. ¿Crees que ese momento que describes en tu novela puede compararse con la actualidad?

No. Aunque puedan extraerse similitudes. Lo que intento decir es que el centro y la periferia siempre han estado en conflicto. Y da igual hablar de Granada en relación con Sevilla, Gijón con Oviedo, Tarragona con Barcelona, San Sebastián con Bilbao o Barcelona con Madrid. Siempre hay dos conflictos: Noste-Sur y Periferia-Centro. En mi novela el conflicto es del Condado de Barcelona con la Corona de Aragón. Pero ese aspecto es casi anecdótico en el conjunto de la novela.

Otro tema importante que aborda “La abadía de los crímenes” es el fanatismo religioso o católico. Llegas a describir los horrores que pueden cometerse en nombre de Dios. ¿Es esta obra una novela que denuncia los radicalismos o fundamentalismos?

Simplemente refleja hechos probados. Toda religión es fanática, vive del miedo del ser humano a la muerte y para imponerse usa los medios que necesite, sin detenerse a valorar el bien o el mal, o mejor dicho, poniendo todo, incluso el mal, al servicio de lo que la religión considera “el bien”. Por eso duran tanto en el tiempo y se adueñas de los seres humanos generación tras generación. Y me refiero a todas las religiones, también a la católica. Pero mi intención no era de denuncia, porque creo que todo el mundo conoce esas realidades.

¿Cómo se ha desarrollado tu investigación histórica y cuáles son las anécdotas con las que te quedarías?

Han sido casi dos años de husmear en bibliografía. Me encanta esa labor de documentación, en la que aprendo mientras me divierto. La biografía del rey Don Jaime que se conserva en la Universidad de Valencia me ha servido mucho, pero sobre todo “El libro de los hechos”, escrito o dictado por el mismo Jaime I. Y luego las localizaciones geográficas, que se hacen casi como se hacen las localizaciones cinematográficas. Ha estado bien todo el proceso de creación de la novela.

Para acabar, ¿estás trabajando en una nueva obra?

Sí, claro. Casi acabada una nueva novela y dándole vueltas a otra. Ya se sabe lo difícil que es detener la mente, y a los que vivimos de la creación nos resulta imposible. Confío en que esta nueva novela sea también del agrado de los lectores.

“Un rey es un plebeyo que ha tenido suerte a la hora de nacer”
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