jueves. 25.07.2024
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Feijóo, flanqueado por los diputados del PP, a su llegada al Congreso en la Carrera de San Jerónimo.

Alberto Núñez Feijóo ha asumido su fracaso para ser investido presidente en su férrea convicción de no aceptar las condiciones de los independentistas: “Tengo a mi alcance los votos para ser presidente del Gobierno, pero no acepto pagar el precio que me piden para serlo”, ha dicho en el debate de investidura que se celebra en el Congreso de los Diputados. Durante casi dos horas, el líder del PP ha desplegado todo un programa de gobierno sabedor de que no tiene los apoyos suficientes para llevarlo a cabo, pero consciente de la importancia que sus palabras juegan en su más que previsible papel futuro como líder de la oposición cara a los suyos. Feijóo no ha ofrecido ninguna idea tendente a desinflar el conflicto en Cataluña, más bien todo lo contrario, jactándose de ser un digno heredero del espíritu de la Transición y del modelo autonómico. Para lo que sí ha servido la grandilocuencia de su discurso es para darse un baño de aplausos y parabienes de los dirigentes de su partido, senadores, presidentes autonómicos, alcaldes que han seguido su intervención desde el palco de invitados, y una bancada popular que casi casi le ha llevado en volandas desde la calle en la Carrera de San Jerónimo hasta el atril de la Cámara baja.

Lo previsible se ha verificado ya desde el minuto uno. Feijóo ha arrancado su intervención rechazando la amnistía, la autodeterminación “o cualquier forma equivalente o análoga” como instrumento para superar el conflicto catalán, porque “no es aceptable ni jurídicamente ni moralmente”, al quedar, a su juicio, fuera la Constitución. Frente a la “deriva” de peticiones de los independentistas, el presidente del PP levanta la bandera de la igualdad entre los españoles y del compromiso de “no traicionar” a los que le han votado. Feijóo se ha presentado en el hemiciclo con un discurso purista, limpio y ajeno a las complejidades que impone la propia política: “Soy de fiar”, afirma, frente a otros que pretenden “burlar” con “subterfugios” las decisiones “que eliminen de un plumazo la igualdad de los españoles". Por ello, y cómo única aportación al conflicto en Cataluña, Feijóo ha propuesto crear un delito de “deslealtad constitucional” que recupere el espíritu del derogado delito de sedición y volver a incrementar las penas de malversación de fondos públicos de acuerdo con su gravedad.

Feijóo se ha presentado ante la Cámara con la ficha de ganador de las elecciones generales y como líder de un partido con fuerte presencia territorial tras los comicios del 28 de mayo, lo que, en su opinión, le legitima para recibir el encargo del rey y presentarse a una investidura que se prevé fracasada de antemano. Varias han sido sus interpelaciones a los miembros del Gobierno en funciones con Pedro Sánchez en primera línea y a los diputados socialistas: “¿Por qué no quieren que estemos aquí?”, les ha preguntado, “porque esta sesión trunca su relato y les recuerda el resultado del que han renegado desde la noche electoral”, ha dicho. Ante ellos, Feijóo se ha reiterado en su condición de político honesto que no antepone el interés general a la ambición personal, en clara alusión al dirigente socialista.

La propuesta política del líder del PP para España tiene como referentes el pacto de la Transición que reivindica y reclama su vigencia, y a los constituyentes. A los expresidentes Suárez, González, Aznar y Rajoy (no así a Zapatero), a exdirigentes del PSOE críticos con la dirección del partido, y/o a todos aquellos “socialistas buenos” que se acuñó en su momento. Feijóo tira del argumentario, una tanto manido ya, de los grandes consensos, de los grandes pactos de Estado, para encarar la sempiterna encrucijada en la que España sigue embarcada, para “fortalecer vínculos en lugar de romperlos”, aunque sus recetas no sean desde luego ningún bálsamo.

Feijóo se presenta con un proyecto reformista, autonomista y europeísta y dice haber llegado hasta aquí con la “expectativa” de los 172 apoyos asegurados que conforman la suma de los diputados del PP, los de Vox, UPN y CC. Lejos de querer desmarcarse de la ultraderecha, el líder del PP ha agradecido el respaldo “responsable y generoso” de los de Abascal que, aún siendo la tercera fuerza política en la Cámara -ha recordado- no han condicionado el mismo a su presencia en el Gobierno, obviando una vez más la imposibilidad de lograr ese fin desde prácticamente la misma noche electoral del 23J. Imposibilidad que ha venido dada por la negativa del PNV a apoyarle y por las exigencias de Junts con un Puigdemont que ha ofrecido lo mismo al PP que al PSOE. A ellos se ha dirigido para advertirles de que quizá “todo lo que hoy se usa para satisfacer sus exigencias” pueda después “ser utilizado contra ustedes cuando ya no les necesiten. “Háganme caso señorías, háganme caso”, ha insistido un irónico Feijóo, “a mi no me han votado para entregarles la autodeterminación o la amnistía, ¿les han votado a ustedes para que se aplique la política económica de Podemos?”, ha preguntado.

El ‘tomazo’ de intervención de Feijóo, que diría Tamames, también ha incluido un severo repaso a todas y cada una de las políticas llevada a cabo por el Gobierno de Pedro Sánchez. Ni la economía va bien, ni es menor la desigualdad de los españoles, ni están mejor la empresas, pymes y autónomos, ni los jóvenes, ni las mujeres… A su juicio, España sigue manga por hombro. Pero si algo ha removido en sus asientos a sus señorías del Gobierno de coalición han sido las proclamas de Feijóo urgiendo a la renovación de los órganos de dirección de la Justicia como el CGPJ, que el propio PP lleva impidiendo años; o los reproches por no subir el SMI por encima de la inflación, cuando ha sido este Gobierno el que lo ha elevado hasta un 47%. O las pensiones, al repetir lo que ya dijo en una sonada entrevista en TVE, “el PP nunca congeló las pensiones como hizo el PSOE”. ¿Será una ensoñación de Feijóo?

Núñez-Feijóo: no es que no pueda ser presidente del Gobierno, es que no quiere