domingo 23.02.2020

Solo ante el peligro

El PSOE ha ganado, pero se encuentra, por avatares de la política, solo ante el peligro

Con las papeletas aún calientes tras el recuento de la jornada electoral del 26 de mayo, creo que el título de aquella gran película de Fred Zinnemann resume la situación del partido que ha ganado las tres elecciones recién celebradas: el PSOE.

No cabe duda de que el regusto agridulce que en la izquierda han dejado, se corresponde de manera casi proporcional, con el subidón eufórico de la derecha, aunque haya perdido rotundamente estas elecciones. Y ambos tienen razones poderosas para sus respectivos y contrarios sentimientos.

Los socialistas adelantan en más de 12 puntos al PP en las europeas, en más de 7 en las municipales y son los más votados en diez circunscripciones de las catorce en las autonómicas, obteniendo mayorías absolutas en Castilla – La Mancha y Extremadura. Ciudadanos, aunque ha ascendido, no logra hacerse con el liderazgo de su bloque ni de lejos. Victoria sin paliativos pues y confirmación rotunda de que esta “segunda vuelta” de las generales, tal como había planteado el PP estas elecciones, las ha revalidado con nota Pedro Sánchez y su partido.

Sin embargo, el panorama se complica para la izquierda en Madrid, Barcelona y Zaragoza, como grandes municipios y se atasca en la Comunidad de Madrid y Murcia que ya se tocaban por culpa de las dichosas encuestas “israelitas”. En cambio, parece que asumiría el nuevo gobierno de La Rioja y quizás Navarra y Canarias. Aragón puede caer de cualquier lado.

Cataluña no va a ser tampoco una perita en dulce para el PSOE. Los independentistas de Maragall conquistan una alcaldía crucial, la de Barcelona lo que, junto a la obtención de escaño europeo por Junqueras y Puigdemont, augura tiempos tormentosos a cuenta del “problema catalán”.

Es evidente que quien ha pinchado es Podemos y sus líos, que no confluencias. La razón es que esta fuerza nació como alternativa electoral frente a un PSOE entonces desnortado, sin pulso progresista y dividido. No supo aprovechar su triunfo inicial. Nos dejó estupefactos a los que llevamos muchos trienios de militancia en la izquierda política, social y sindical, cuando vimos a aquellos jóvenes politólogos, ahítos de lecturas del neo izquierdismo latinoamericano, cometer errores palmarios de principiante. Creyeron que la acción podría ser sustituida por gestos y obsequiaron a la galería con besos en la boca, niños de teta, vaqueros deshilachados y toda la parafernalia mediática de lo que se suponía que era el nuevo progresismo. Organizativamente, tras una primera etapa en la que parecían representar el inconformismo de las movilizaciones del “15-M”, se fueron decantando hacia las prácticas sectarias más trasnochadas, aplicadas principalmente con ellos mismos.

Tanto en el campo de los signos, como en el de las ideas, Podemos ha retrocedido muy atrás en el tiempo y en el espacio. No se puede pasar sin solución de continuidad, de un piso en Vallecas a un chalé de lujo exclusivo en Galapagar sin dejar desconcertada a la peña excluida y más pobre a la que se aspira a representar. No es creíble llenarse la boca de unidad, cuando se excluye al discrepante y se montan candidaturas por doquier, que drenan votos que se los lleva el diablo. No tiene sentido intentar crear una fuerza política sin estructura, directamente conectada con el líder supremo y en la que la asamblea es soberana siempre que diga amén a lo que se le manda desde arriba. Y si no, se le expulsa. 

Sus apoyos, aunque necesarios globalmente para obtener mayorías de progreso, no son por desgracia suficientes en todas partes y puede que hasta ni sean sólidos, a tenor de la nueva bronca interna que van a tener.

En fin, el PSOE ha ganado, pero se encuentra, por avatares de la política, solo ante el peligro. El que encarna una derecha engolfada en un discurso extremista donde los planteamientos denominados de centro se han esfumado y el independentismo catalán reforzado interna y externamente. 

Solo ante el peligro