lunes 01.06.2020

Pelo ensortijado y acento cubano

Yo sostengo que nadie muere mientras perdura en la memoria y el cariño de quienes sobrevivimos.

Era a principios de los 90. Una compañera del  área social, Carmen Urrutia, hacía días que venía insistiendo en que yo debía participar en aquella manifestación de nombre exótico para mí, el “día del orgullo gay”. Yo intentaba zafarme con argumentos endebles que, sin saberlo, no eran más que un reflejo piadoso de mi homofobia: que si nosotros no tenemos nada que ver con los homosexuales, que este no es un tema sindical, que en el sindicato no lo van a entender…

Carmen, que me conocía, echó mano de un argumento de emergencia: “Manolo, este no es un tema de homosexuales; es un tema de defensa de los derechos civiles, los de ellos en este caso, que son discriminados y perseguidos aun…”  Se acabó la discusión y nos fuimos, Carmen y yo, a la manifestación en nombre de la USO.

Salía de la Puerta de Alcalá y el punto de concentración era una de las varias puertas de El Retiro que hay allí. No había mucha gente, aunque era ruidosa y muy explícita, , y no recuerdo a nadie significado de partidos o sindicatos, salvo a Rafael Ribó, actual Defensor del Pueblo en Catalunya, secretario general del PSUC entonces. Se desplegó una pancarta grande y humilde, hecha a mano, y aquel muchacho con aquella vistosa pelambrera ensortijada y acento más cubano que español, me acomodó en un sitio central de la cabecera, me agradeció mucho y muy sinceramente mi presencia allí, me hizo notar que la escasa participación y apoyos tenía que ver con los fuertes prejuicios ambientales (si lo sabría yo), y me sintetizó las reivindicaciones básicas de aquel  “día del orgullo gay”, que no eran más que el abc del reconocimiento de sus derechos y dignidad elementales de ciudadanía…

Salvo debilidad de mi memoria, nada extraño, creo que aquella fue la primera vez que se celebraba en España  el Día del Orgullo Gay.  Desde hace años, esa celebración reúne en Madrid a más de un millón de personas cuando concluye la primavera.

Allí conocí a Pedro Zerolo, el del pelo ensortijado y acento cubano, como lo describiría Homero, y la sonrisa y el afecto sincero de una buena persona y un gran militante por la igualdad y la dignidad de todas las personas sin que sus preferencias sexuales puedan ser nunca más coartada infame para humillarlas… añadiría yo.

Y desde aquel día se estableció una corriente de cariño y respeto que tuvimos muchas ocasiones de constatar y alimentar, basada en un recíproco agradecimiento: Zerolo nunca olvidó que yo fui el primer sindicalista de cierta relevancia que estuvo con ellos cuando no lo hacía casi nadie ni en el campo de la izquierda siquiera, y yo aprendí a mirar a mis congéneres y conciudadanos homosexuales sin los repugnantes prejuicios  al uso durante siglos, y ello gracias al testimonio y a la relación militante con Pedro Zerolo.

Fueron innumerables las ocasiones que tuvimos de compartir calle, pancarta, micrófono, al lado siempre de los más castigados, explotados, discriminados, llámense inmigrantes, Palestina, víctimas universales de la pobreza y las guerras impuestas, los trabajadores y las mujeres y, por supuesto, los y las homosexuales también…

Recuerdo con especial emoción –e ira- una mesa redonda sobre inmigración que celebramos en un centro de formación que tenía la USO en Madrid, en Alonso Martínez. Participaban Pedro Zerolo por el PSOE, un amigo de Izquierda Unida que ahora no recuerdo y uno del PP, de cuyo nombre no quiero acordarme, que apareció con un nutrido grupo de forofos, al frente de los cuales iba un vocinglero con fuerte acento colombiano y cuya misión en el coloquio era jalear al patrón y provocar a Pedro Zerolo con referencias a su homosexualidad y a su izquierdismo. No tuve la menor vacilación, como moderador de la mesa redonda, en reprender y quitarle la palabra  a aquel patotero homófobo y en alterar el manejo de los tiempos para que Zerolo lo tuviera en abundancia y lo usara en legítima defensa.

Yo sostengo que nadie muere mientras perdura en la memoria y el cariño de quienes sobrevivimos. Por lo tanto, cómo va a morir Zerolo con la vida  y la lucha que libró por la igualdad y la dignidad de todo el mundo y, en consecuencia, con la contribución decisiva que hizo a la ley del matrimonio homosexual que llevó adelante, hace ahora 10 años, el primer gobierno de Rodríguez Zapatero, situando a la España democrática en el corazón y el interés de todas las buenas personas humanistas y progresistas del mundo.

Gracias, Pedrito, una vez más, hasta siempre.

Pelo ensortijado y acento cubano