viernes 27/11/20

La quinta columna del socialismo

Quinta columna es una expresión utilizada para designar, en una situación de confrontación bélica, a un conjunto de personas potencialmente desleales a la comunidad en la que viven y susceptibles de colaborar de distintas formas con el enemigo. La expresión se atribuye al general Emilio Mola, al referirse en una alocución radiofónica de 1936 al avance de las tropas sublevadas en la Guerra Civil Española hacia Madrid. El general mencionó que, mientras bajo su mando cuatro columnas se dirigían hacia la capital, había una quinta formada por los simpatizantes del golpe de Estado que, dentro de la capital, trabajaban clandestinamente en pro de la victoria del bando nacional.

Al margen de las aristas que pueda tener la analogía, para Borges toda analogía era un error estético, en el Partido Socialista hay voces de dirigentes cualificados de una singular estridencia con respecto a la dirección del partido y a la acción del Gobierno, que trascienden a los márgenes de cualquier formato polémico natural en una organización democrática, sino que suponen una corrección severa al modelo ideológico y moral del socialismo como instrumento político de defensa de los intereses de las mayorías sociales. Son esas voces que aliadas con los mandamases del Ibex 35 decidieron dar un  coup de force en Ferraz para boicotear la candidatura del PSOE a la presidencia del Gobierno con objeto de garantizar la continuidad en la Moncloa de Mariano Rajoy.

La polémica por el apoyo aberzale a los presupuestos del Estado, no es sino jalón más de la adhesión a los prejuicios interesados de la derecha de estos dirigentes quintacolumnistas

Javier Lambán, Guillermo Fernández Vara, Emiliano García Page, Susana Díaz y también Alfonso Guerra y Felipe González, han adquirido una cosmovisión de la sociedad tan ajustada a la hegemonía cultural de la derecha que cualquier criterio que vierten desde sus responsabilidades en la organización es un prejuicio que atenta contra la posición y función del partido en la vida pública, una incoherencia funcional que no mejora nada en lo orgánico, pero obstaculiza los objetivos ideológicos del partido y reafirma la oposición a los actos de Gobierno. La polémica por el apoyo aberzale a los presupuestos del Estado, no es sino jalón más de la adhesión a los prejuicios interesados de la derecha de estos dirigentes quintacolumnistas, con la utilización sin pudor del mismo argumentario de los conservadores, y cuya intención no puede ser otra que la pretendida por la derecha: desprestigiar al Gobierno y entorpecer la política del Ejecutivo.

La etiología sobre el origen de la actitud de estas baronías desde sus taifas y los jarrones chinos en sus dorados retiros parciales –Felipe González no abandona los consejos de administración ni los business- es la consecuencia de dos fracasos muy interrelacionados: el régimen nacido de la Transición y Suresnes. Ambos procesos demandaban una profunda desideologización de la izquierda y Suresnes garantizaba un socialismo ad hoc a la monarquía posfranquista. En las primarias que perdieron los quintacolumnistas, las bases se movilizaron para revertir la inercia nacida de estas dos crisis y acercarse a la esencia de lo que debe representar el socialismo en el contexto de una metafísica de izquierdas y atenta a los intereses de las clases populares.

Es una derrota que nunca aceptaron y, por ello, persisten en obstaculizar, en comandita con los conservadores, a la dirección del partido y al presidente del Gobierno socialista. Quizá porque, como dijo Borges de los peronistas, no son ni buenos ni malos, sino incorregibles.

La quinta columna del socialismo