sábado 24/10/20

Aspectos psicosociales transculturales de las pandemias: Covid-19

La Psicología y la Psiquiatría Transcultural son disciplinas que realizan el estudio empírico de miembros de varios grupos culturales que han tenido diferentes experiencias que los conducen a diferencias predecibles y significativas en su conducta. En la mayoría de los trabajos por ende, los grupos bajo estudio hablan diferentes lenguajes y son gobernados por unidades políticas diferentes entre sí 

Las metas de estos estudios transculturales serían las siguientes: La primera sería el comprobar la generalidad de teorías y modelos psicológicos. Aquí se busca transportar hipótesis y hallazgos a otros ambientes culturales para comprobar su generalidad. Ejemplo de esto son investigaciones que han buscado establecer la universalidad de valores tales como "el trabajo duro conduce al éxito" o "la conducta antisocial es algo común en la adolescencia". La segunda meta está relacionada a la solución del problema que surge cuando vemos a una cultura desde nuestra propia perspectiva: la formulación de preguntas no es sensible a descubrir fenómenos psicológicos propios de otra cultura

La tercera es el Universalismo, que es el punto medio, consiste en el punto de vista de que los procesos psicológicos básicos son comunes para toda la Humanidad, y que la cultura ejerce una influencia en el desarrollo y ejercicio de las características psicológicas de la persona. El universalismo es más adecuado que las otras dos perspectivas para poder entender las diferencias culturales en los procesos psicológicos. Tiene algunos puntos clave: Primero, la gente ve y evalúa otras culturas desde la perspectiva de la propia. En segundo lugar, algunos principios psicológicos son universales, y otros son específicos a una cultura. Algunas dimensiones culturales clave ayudan a nuestro entendimiento y estudio de los fenómenos transculturales. Y por último, a pesar de las muchas diferencias que la investigación transcultural ha identificado, la gente de varias culturas comparte más cosas comunes que diferencias. Si analizamos en las emociones desde la óptica psicosocial podríamos afirmar que la función principal de las emociones es "social”. El entorno social parece modelar no sólo la expresión de las emociones sino también la misma experiencia emocional. La influencia psicosocial parece no ponerse en duda. Estudios transculturales, demuestran como los grupos, las organizaciones e instituciones contribuyen en buena parte al componente cultural. 

La cultura podemos considerarla como un conjunto de elementos intermediadores, entre cualquier actividad física o psíquica no prefijada por la influencia de los factores biológicos y a la vez es compartida por los diferentes componentes de un determinado grupo social.

Desde la perspectiva antropológica al analizar culturas diferentes, no podemos hacerlo basándonos en nuestro propio patrón cultural y debemos contemplar los patrones culturales de aquellas. A este forma de proceder se le ha denominado relativismo cultural.

Desde la óptica de cultura, salud y sociedad, podríamos afirmar que la preocupación por la enfermedad está en todas las culturas. El patrón cultural de salud contempla la dimensión simbólica de percibir y explicar la enfermedad. Cada cultura tiene sus conceptos de lo que es estar enfermo o sano.

Dado que pueden cambiar los síntomas psicopatológicos, en función de que se presenten en unas culturas u otras, en catástrofes como una gran pandemia, el actual DSM-V (Disease Stadistical  Mental_V), manual de diagnóstico de la APA de EEUU en su quinta edición, quiere ser más eficaz, y en lugar de hablar de  “síndromes culturales” como algo aparte, lo que hace es incluir en cada definición de los trastornos mentales, la posible otra denominación que pudiéramos encontrarnos en otro contexto cultural, diferente del americano- occidental -anglosajón. Así los síntomas esperables del trastorno adaptativo durante la pandemia y el posterior trastorno por estrés postraumático, entre otros, secuela de la postpandemia, tendrán los criterios generales descritos en el DSM-V, a los que habrá que añadir en su epígrafe correspondientes los propios, si los hay, de su cultura, que sin duda será un rico material para estudios psicopatológicos transculturales.

Por último, quería añadir que también en este campo de la influencia psicosocial participan los distintos ideólogos. Así tomaremos tres de ellos, bien distintos en su análisis sociológico. 

En primer lugar, el teórico africano Achille Mbembe, que desarrolló el concepto de necropolítica (Necroplitique 2006 Presses de Sciences Po.), quién en vez de negar la contingencia viral, advierte que los estados neoliberales son necroliberales. Es decir, que su gestión no está puesta en la mantención de la vida, sino en la muerte como solución 

En segundo lugar Slavoj Zizek, filósofo cultural. Es investigador principal en el Instituto de Sociología y Filosofía de la Universidad de Ljubljana, Profesor Distinguido Global de Alemán en la Universidad de Nueva York y director internacional del Instituto Birkbeck para las Humanidades de la Universidad de Londres. En unas declaraciones a RT.com (20-2-2020) afirma que :”quizás otro virus ideológico, y mucho más beneficioso, se propagará y con suerte nos infectará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global. A menudo se escucha especulación de que el coronavirus puede conducir a la caída del gobierno comunista en China, de la misma manera que (como el mismo Gorbachov admitió) la catástrofe de Chernobyl fue el evento que desencadenó el fin del comunismo soviético. Pero aquí hay una paradoja: el coronavirus, en mi modesta opinión es mucho más radical: la epidemia de coronavirus es una especie de ataque de la "Técnica del corazón explosivo de la palma de cinco puntos", al estilo de 'Kill Bill' y podría conducir a la reinvención del comunismo”.

Por último, Byung-Chul Han es un filósofo y ensayista surcoreano que imparte clases en la Universidad de las Artes de Berlín. Autor, entre otras obras, de “La sociedad del cansancio”. En un artículo de opinión del periódico El País (22-3-2020), dice que:“ Žižek se equivoca. Nada de eso sucederá. China podrá vender ahora su Estado policial digital como un modelo de éxito contra la pandemia. China exhibirá la superioridad de su sistema aún con más orgullo. Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza. Y los turistas seguirán pisoteando el planeta. El virus no puede reemplazar a la razón. Es posible que incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino. Como ya ha dicho Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno. También la instauración del neoliberalismo vino precedida a menudo de crisis que causaron conmociones. Es lo que sucedió en Corea o en Grecia. Ojalá que tras la conmoción que ha causado este virus no llegue a Europa un régimen policial digital como el chino. Si llegara a suceder eso, como teme Giorgio Agamben, el estado de excepción pasaría a ser la situación normal. Entonces el virus habría logrado lo que ni siquiera el terrorismo islámico consiguió del todo”.  

En fin, tal como se atribuye a Cayo Julio Cesar cuando decidió dar el paso de cruzar el río Rubicón: Alea jacta est“. 

     

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