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jueves 19/5/22

Del optimismo al pesimismo. De la esperanza a la decepción

mascarilla congreso diputados

En los últimos tiempos tengo la extraña sensación de ir montado en una gigantesca montaña rusa de sensaciones, por una parte con una esperanzadora sensación de alivio y optimismo y por otra de preocupación y pesimismo.

Quiero pensar que los datos que los gobiernos autónomos y central nos dan, son los correctos y que por tanto la curva de nuevos casos, ingresados en planta de hospitales, en UCI y fallecidos es claramente descendente lo que indicaría que la pandemia va a la baja.

Optimismo pues al conocer que los dos últimos días no ha habido ningún fallecido y muy pocos nuevos infectados que parecería indicar que la situación estaría controlada.

Ignoro (creo coincidir con todos los que saben de esto) si en otoño surgirá un nuevo rebrote, en ese caso espero que acierten al señalar que será mucho menos virulento porque el virus esté perdiendo fuerza.

Parece que a pesar de las barbaridades que hemos hecho en los 21 días de confinamiento, la naturaleza nos ha dado una nueva oportunidad y salvo casos puntuales, producidos todos ellos por imprudencias, no se está dando el temido repunte.

O simplemente sea que la suerte que le achacan al Presidente del Gobierno Pedro Sánchez sea real.

Pero por otro lado me preocupa y mucho los datos que van llegando de la macro encuesta de Torrejón, que indican que el 4% de la población está infectada en estos momentos, algunos de ellos niños y jóvenes.

Extrapolando ese dato a España significaría que el dato actual de 270.000 infectados, sólo sería la punta del iceberg y escondería los 1.760.000 reales.

Por eso convendría no confiarnos y que la ciudadanía tuviera claro que esta nueva fase optimista, no se estaría dando porque nuestro comportamiento haya sido ejemplar, que evidentemente no lo es, sino porque la naturaleza por sí misma nos esté dando esta nueva oportunidad, que desde luego no merecemos, pero que al mismo tiempo con el monstruo agazapado esperando tiempos mejores, quizás la vuelta del frío en otoño.

Cierto es que la mayoría ha sido respetuosa con las normas que los expertos y las instituciones nos han ido dando, pero ha habido, sigue habiendo, una minoría cada vez más numerosa que no lo ha sido, que no lo es.

Ver las imágenes de playas como La Concha de Donosti, o La Barceloneta, o algunas del litoral Mediterráneo, más las terrazas y chiringuitos a lo largo y ancho del país, o conocer casos como los de Lérida, Extremadura, Ceuta, Murcia, Ibiza etc. nos dicen que la irresponsabilidad campa a sus anchas producto de unos datos engañosos.

Espero y deseo que esa manita de la naturaleza coincida con lo que nos dicen los médicos situados en primera línea, que aseguran que el virus ha perdido virulencia teniendo por tanto menos capacidad de contagio y produciendo en los pacientes efectos menos graves.

A pesar de ello lo ocurrido en estos apenas tres meses nos debería hacer reflexionar sobre alguna cuestión.

Por un lado que vivimos en una sociedad líquida que impregna la praxis política y nuestras diferentes instituciones, contagiando como si de otro virus maligno se tratara a nuestra sociedad. ¿O quizás sea al revés?

Hay quien asegura que tenemos la peor clase política de la democracia y desde luego a años luz se la que lideró la Transición. El espectáculo en el Congreso de las últimas semanas abochorna a quienes nos criamos imbuidos de aquel espíritu.

Ha habido pocas excepciones, quizás Almeida y el ejemplar acuerdo en el Ayuntamiento de Madrid. El resto desde Díaz Ayuso, pasando por Álvarez de Toledo hasta el mismísimo vicepresidente Pablo Iglesias no han estado a la altura de las circunstancias.

Tampoco en la calle el espectáculo ha sido más ejemplarizante. Las caceroladas con algunos enfrentamientos intolerables, las manifestaciones de coches contra el Gobierno, nos dan un panorama desolador.

En definitiva que el optimismo gracias a la naturaleza del inicio, se va transformando en pesimismo a medida que aparece en escena el ser humano.

Precisamente la segunda reflexión se produce derivada de esta constatación. Retirarnos un tiempo breve ha producido un efecto muy beneficioso en esa naturaleza (quizás de ahí la oportunidad que nos da). Ver las imágenes de ocho osos pardos, entre ellos dos cachorros, por los montes de Asturias, o las cabras montesas retozando por tejados de un pueblo reconforta el ánimo.

Debemos tenerlo en cuenta y que esta vuelta a la “nueva normalidad” tenga presente ese hecho. Que si volvemos a los niveles de agresión al medio ambiente, a la naturaleza, de antes de la crisis sanitaria ésta se volverá a defender de nuevo.

Tengamos pues más cuidado, controlemos el impacto de nuestras zarpas en ella, porque de lo contrario lo del otoño no será una simple posibilidad sino una cruel realidad.

Procuremos llevarnos bien con esa bondadosa naturaleza cuidémosla, aprovechemos la enseñanza de estos meses de confinamiento, vivamos más con ella y no contra ella. Cuidemos por tanto de esa naturaleza porque es la manera ideal de cuidarnos a nosotros y a nuestros hijos.

Pero no sólo cuando salgamos del túnel sino especialmente las próximas semanas. Llega el verano, apliquemos lo aprendido en playas, monte (ha sido significativa la práctica ausencia de incendios este tiempo), terrazas, comidas y cenas con familia y amigos, fiestas, etc.

Extrememos el cuidado, la prudencia y el respeto a las normas, porque todos, sensatos e irresponsables, nos jugamos mucho en ello. El virus no se ha ido sino que se ha agazapado.

Para cerrar esta reflexión con una dosis mayor de optimismo, recordar la decisión histórica del Consejo de Ministros del viernes 29. El Ingreso Mínimo Vital IMV era una deuda que como sociedad teníamos con los más desfavorecidos, por eso después del 29 de Mayo este país es más justo y sobre todo más bueno. Dijimos que de esta crisis debíamos salir todos juntos y esta medida ayuda a ello.

Ahora solo falta que la clase política recupere la dignidad y el respeto de la que tuvimos la suerte de tener en la Transición, se imbuya de ese legado, lo observe, estudie y aplique. El país se los merece, la sociedad lo necesita.

También que la ciudadanía no se confíe, porque nos jugamos demasiado. Que la responsabilidad de TODOS nos traiga optimismo y esperanza y no pesimismo y decepción.

Veremos…

Del optimismo al pesimismo. De la esperanza a la decepción