viernes 27/11/20

Galicia: “¿Quién es ese Gonzalo Caballero?”

El PP no se ha presentado a las elecciones en Galicia. Su candidato ha pasado de las siglas, desmarcándose claramente de la línea de Casado/Aznar y de la política de derechización a ultranza. Feijóo ha tenido el acierto de construirse un espacio al margen de Génova y de constituirse en algo más que un verso suelto en el desafine del concierto del PP. Su apuesta -si la sabe utilizar- puede servir como banderín de enganche para los sectores moderados dentro del PP, y como una posible vía de diálogo con el Gobierno, para buscar los consensos que hacen falta para el funcionamiento institucional del Estado. Y, a pesar de su triunfo indiscutible, en ese desgastado escenario de políticas anticuadas, que ha generado la indiferencia de más del 40% de abstenciones, se puede decir que ni siquiera ha ganado él las elecciones. Las han perdido los partidos de la izquierda, que no han sabido acercarse a la ciudadanía ni proponer un proyecto nuevo y atractivo de país.

El BNG al menos ha hecho los deberes y ha multiplicado notablemente su representatividad. Ha realizado un trabajo de militancia, y ha sabido recuperar los votos que primero se le escaparon hacia Anova, y después se fueron a Mareas. Sin embargo, nada, como proyecto capaz de entusiasmar a los gallegos, que al final han terminado votando lo malo conocido… Pero ha sabido recuperar su pasado, y hasta superarlo. Esperemos que Ana Pontón, que ha sabido moverse con eficacia y hasta con cierta brillantez, sepa aprovechar este tirón para renovar su concepto de país -y tal vez de partido-, para eliminar algunas disonancias anticuadas y liberarse del fardo de un pasado que siempre pecó de un cierto radicalismo impostado, rayando incluso el límite del sectarismo.

Si se analizan bien los datos, la suma de votos y escaños del BNG y los que en 2016 obtuvieron las Mareas no ha supuesto un avance importante, sino que ha venido a recuperar y a aunar el voto de la izquierda alternativa, que ha tenido el positivo acierto de concentrarse y de abrir un camino a la esperanza de que el futuro de Galicia pueda ser diferente.

Algo que no ha conseguido el PSdeG. La jefatura de Gonzalo Caballero sobre el partido de los socialistas -no me atrevo a llamarlo liderazgo- no se ha traducido en nada que no fuera mantener las posiciones conquistadas en 2016, que no fueron nada brillantes. El PSdeG ha resistido, de un modo casi opaco, como si no estuviera gobernando en cinco ciudades (seis si incluimos Vilagarcía de Arousa) y como si no estuviera gobernando en España. No ha sido capaz de acabar siendo el primero en votos en ninguna de las ciudades en que gobierna, incluida Vigo, donde a nivel municipal se puede hablar de una clara hegemonía socialista.

“¿Quién es ese Gonzalo Caballero?” se escuchaba por muchos lados durante esta atípica campaña electoral… Y es que el PSdeG ha concurrido con la fórmula más anticuada y estereotipada que tenía: con un candidato a quien desconocía más del 50% de los gallegos; monocorde, sin discurso (sólo un continuo sonsonete insistiendo en que Feijóo estaba desgastado…), incapaz de dar juego al conjunto de su partido, y alejado de la sociedad… Tan alejado, incluso de los suyos, que se produce esa rara consecuencia que señalábamos: los suyos no han podido (tal vez ni lo han intentado con ganas) traducir a su favor su presencia de gobierno en las ciudades, y en tres diputaciones… Ese Gonzalo Caballero, que no supo dinamizar su propio partido, que en la noche electoral no ganó la atención de los medios de comunicación: era el perdedor, no había ni llegado al 20% de los votos… Sin embargo, ni se le pasó por la cabeza la idea de dimitir, como él mismo exigió, años atrás, que hiciera Pachi Vázquez, porque éste había obtenido 18 diputados (tres más que él ahora). Más bien transmitió a los suyos su voluntad de seguir y de revitalizar el partido, sin decir cómo ni con quién. Una tarea que, por cierto, ha abandonado desde que llegó a la secretaría general.

No lo tiene fácil porque a las elecciones fue enquistado estrictamente entre los “suyos”, ignorando que existe un partido de los socialistas más extenso que el que forman sus fieles, sus allegados… Y no sabemos cómo va a remontar el vuelo si no se moderniza, si no se abre, si no se renueva, si no se plantea dinamizar su partido, salir a la Sociedad, proponer un proyecto de país que ahora no tiene… Si no aprende a jugar al ajedrez de la política sin que le sobren piezas. Y en el tiempo que lleva al frente de los socialistas le han sobrado muchas piezas, como a cualquier mal jugador de ajedrez.

De Unidas Podemos casi no hace falta ni hablar. Lo definió Pablo Iglesias en un tuit: “fracaso sin paliativos”.

Galicia ha demostrado que, de una u otra forma sigue como siempre, y que prefiere seguir como siempre. Eligió la fórmula de lo malo conocido. Eso sí: en medio de una cierta indiferencia que retorna a las fórmulas de las grandes abstenciones.

Con todo, el resultado puede servir de revulsivo en el seno del PP, y Feijóo, si valora él mismo el papel que históricamente puede jugar, valdría como cabeza de puente para abrir vías de diálogo con el Gobierno y para facilitar un encuentro en el camino de la reconstrucción.

Galicia: “¿Quién es ese Gonzalo Caballero?”