viernes 10.07.2020

Incógnitas políticas y preelectorales sobre Ciudadanos

En España, el fenómeno Ciudadanos presenta ciertas peculiaridades, que hacen aún más inciertas las tendencias y más discutibles los pronósticos electorales.

En las democracias maduras no suele ser frecuente que surjan partidos de nuevo cuño, con líderes inéditos, que en poco tiempo alcancen una proyección tan notable como está alcanzando Ciudadanos.

Existen antecedentes, tanto en España como en otros países, de partidos que han experimentado trayectorias meteóricas, tanto ascendentes como descendentes. Un caso paradigmático fue UCD, que pasó de gobernar a prácticamente desaparecer. Lo cual dejó un hueco importante en el mapa electoral, que desde entonces no ha sido fácil llenar debidamente. El propio Adolfo Suárez lo intentó durante un tiempo con el CDS, que ascendió tan rápido como descendió. Igual podemos decir en nuestros días sobre la UPyD de Rosa Díez (otra líder bien conocida), que parece encontrarse en vías de una desaparición inminente.

La acusada volatilidad que se ha venido dando en los espacios de centro en España ha alimentado las tendencias al bipartidismo, en la medida que tanto el partido predominante en la derecha durante los últimos años –el PP─ como el principal partido de la izquierda –el PSOE─ han podido acrecentar sus apoyos atrayendo votantes centristas. Sin embargo, esta situación parece que ha cambiado en nuestros días, debido, sobre todo, al creciente distanciamiento del PP de una parte apreciable de sus anteriores votantes más centristas y moderados. Votantes que se sienten más incómodos y poco representados por un partido que cada vez es visto como más sesgado hacia la derecha, con líderes, portavoces y candidatos demasiado inclinados a las broncas y a los modales extremistas.

Es decir, las posibilidades de ascenso de Ciudadanos en estos momentos estriban, tanto en la propia potencialidad de los espacios de centro-centro en España –que, aunque importantes, están acotados a no más del 20%─, como a las insatisfacciones de los antiguos votantes del PP, así como el malestar general de las clases medias.

De hecho, el malestar de las clases medias y de otros sectores populares explican algunas de las súbitas irrupciones en escena, en contextos de crisis, de diversos tipos de partidos populistas con trayectorias generalmente bastante cortas, como ha sido el caso, por ejemplo, de los partidos de corte poujadista.

En España, el fenómeno Ciudadanos presenta ciertas peculiaridades, que hacen aún más inciertas las tendencias y más discutibles los pronósticos electorales. De hecho, en estos momentos, lo único que se sabe fehacientemente es que en algunos territorios concretos –sin contar Cataluña─ Ciudadanos ha llegado a concitar una proporción de apoyos en torno al 9-10% de los votos como media en las últimas elecciones autonómicas. Lo cual no es poco, pero tampoco es tanto como vaticinan determinadas encuestas que, de nuevo, pueden equivocarse tan estrepitosamente como ya se equivocaron en las elecciones andaluzas, las autonómicas y municipales, y las catalanas. Y van tres.

Ciertamente, en las elecciones catalanas Ciudadanos ha marcado una distancia significativa con el PP, al que ha doblado cumplidamente en escaños, obteniendo un 17,9% de los votos. Lo cual valida y acredita al partido de Albert Rivera como un representante de entidad de los sectores moderados del espectro español de centro-conservador. Al menos en Cataluña. Comunidad en la que concurren circunstancias y trayectorias (de Ciudadanos) muy específicas.

La juventud de su líder omnipresente y su carácter de político no “quemado”, ni “condicionado” por gestiones y/o compromisos anteriores, tiene a la vez ventajas e inconvenientes. La principal ventaja es su juventud y su carácter aún inédito, de alguien que todavía no ha defraudado a nadie. Pero, esto también presenta desventajas, debido a las dudas que puede suscitar sobre su capacidad de gobernar, y de hacerlo bien. Es decir, Albert Rivera puede ser un buen candidato y una persona educada y amable que no grita, que no defiende posiciones extremas, que es claro y pedagógico; pero, ¿se puede tener la certeza de que podría ser un buen gobernante? Y, sobre todo, el tipo de gobernante que necesita un país en crisis y con tantos problemas como España en estos momentos.

El votante moderado español, sobre todo entre las clases medias, está bastante descreído y demanda algo más que buenas palabras y modales correctos, porque, como resaltaba el viejo refrán castellano, sabe que “una cosa es predicar y otra dar trigo”.

En lo que se refiere específicamente al partido como estructura organizativa y nucleadora de eventuales equipos competentes y suficientemente preparados para gobernar y legislar, las dudas no son menores. ¿Hay algo más en Ciudadanos, aparte de Albert Rivera y los rostros jóvenes de unos pocos candidatos agradables? Esa es una pregunta que se hacen muchos ciudadanos que quieren tener un mínimo de certezas antes de optar en las urnas.

La experiencia nos dice que los partidos meteóricos flaquean precisamente en su estructura organizativa y que suelen bascular en exceso sobre un solo líder. Lo cual les hace sumamente frágiles y dependientes de lo que le pueda ocurrir a dicho líder. En el caso de los partidos populistas y poujadistas, las experiencias históricas indican que la caída de los líderes ha corrido paralela al descalabro de los partidos.

En lo que se refiere a otros partidos centristas de orientación democrática, en España tenemos el caso reciente de UPyD, como ejemplo paradigmático de una fuerza política emergente en la que la caída en la popularidad de su líder, y su inmediata retirada, ha corrido paralela a la práctica desaparición de este partido.

Se trata, pues, de tendencias y fenómenos perfectamente conocidos en el terreno de la política concreta, como es la debilidad intrínseca de los liderazgos absolutizantes. Por eso, el principal reto actual del partido de Albert Rivera es consolidarse como fuerza política propia, con entidad, estructura y credibilidad suficiente. Y diversificada.

Sin embargo, no está claro que desde Ciudadanos se vaya a apostar en las próximas semanas por unos enfoques organizacionales de entidad y por una proyección pública de equipos complejos y de entidad, entre otras razones porque la presión de sus asesores y expertos en comunicación se va a orientar a intentar convencerlos de explotar al máximo su actual ventaja competitiva, que es la mejor imagen de su líder y su carácter “incontaminado” –inédito─ y poco susceptible a las críticas. Lo cual supone que van a jugarse todo a una carta.

Pero de ahí a colegir que Ciudadanos podrá superar a corto plazo al PP, o al menos situarse a su nivel en intención de voto, va un enorme trecho, que no puede llenarse a base de encuestas supercocinadas, ni de wishfull thinking. Al final, los hechos son tozudos y las dudas e interrogantes de muchos votantes no se despejarán solo con sonrisas, buenas palabras y modales educados. ¿Para qué se quiere realmente el voto que se pide? Esa es la cuestión.

Incógnitas políticas y preelectorales sobre Ciudadanos