viernes 30/10/20

Las marchas del 22-M, Cifuentes y los disturbios de los antidisturbios

Poco ha tardado la caverna en segregar su ponzoña mediática. Con brío de almogávares, han comenzado...

El pasado sábado, 22 de marzo, se celebró en Madrid una de las mayores concentraciones públicas de la historia de España al confluir marchas llegadas de todos los puntos.

Algunos aseguran que la afluencia superó a todas las anteriores. Incluidas las del “NO a la guerra” o la de repulsa por el asesinato de M.A.Blanco. Y por supuesto más multitudinaria que las convocadas por  adoradores  de personajes invisibles, con el papa a la cabeza.

Conviene señalar que la cobertura mediática previa fue ínfima  dado que estas marchas, y la consiguiente concentración masiva, no habían sido impulsadas por los grandes partidos o sindicatos mayoritarios.

En las redes bullían interpretaciones: “Han intentado ningunearnos pero no lo han logrado, somos cientos de miles”, clamaban algunos; “intentarán reventar el acto y desviar la atención hacia los disturbios” advertían otros.

Y lo cierto es que la policía cargó en plena plaza de Colón, cuando ni tan siquiera había concluido el acto. Por supuesto,  los telediarios comenzaban a pedir paso en las redacciones, emisoras y platós, y las imágenes de los disturbios, curiosamente, sirvieron para encabezar los telediarios… curioso, muy curioso, repito.

Pero si el apagón informativo previo no consiguió frenar las marchas, las imágenes de tumultos si sirvieron parcialmente para tapar algo que, sin duda, preocupará, y mucho, a las llamadas autoridades: cientos de miles de personas confluyen en Madrid, sin el concurso de partidos o sindicatos masivos, pese a ser ignorados por los medios, y con una consigna: “pan, techo y trabajo”.

Particularmente, opino que el ninguneo mediático y los intentos de criminalización no van a frenar el sustrato de protesta, pues hace ya mucho que aquél se alimenta y transita por derroteros alejados de los grandes partidos y sindicatos subvencionados. Es decir, camina fuera del control del poder. Y esto, no los disturbios (posiblemente provocados) es lo que realmente preocupa a algunos. Y lo entiendo. Si yo estuviera en el lugar de muchas de las llamadas autoridades también me embargaría la aprensión.

La caverna, Cifuentes y los enfrentamientos con la policía

Poco ha tardado la caverna en segregar su ponzoña mediática. Con brío de almogávares, han comenzado a descubrir “conexiones de los alborotadores con el entorno de ETA”.

Y seguro que alguna conexión hallarán. Puede ser un viaje a San Sebastián, una asistencia a cualquier acto de la izquierda abertzale, una novia en Bilbao… algún nexo descubrirán. Por supuesto sin pies ni cabeza, sin encadenamiento racional, pero que les servirá para su labor intoxicadora y, no menos importante, desviar la atención de lo vital: cerca de un millón de personas protestan pacíficamente en el centro de Madrid exigiendo lo más básico: pan, techo y trabajo.

Como no podía ser menos, cada vez que se generan disturbios emerge entre bambalinas la inefable Cristina Cifuentes. Tras arrancarse con soflamas trilladas sobre “los derechos de la policía” parece olvidar que los agentes son eso, policías, pero no guerreros Ninjas.

En este sentido, valerse de la policía para multar ilegalmente y apalear ciudadanos se antoja como una estrategia de amedrentamiento ciudadano de corto recorrido. Tampoco creo que lanzar a la policía contra los ciudadanos contribuya a la seguridad y derechos de los agentes.

Como bien decía anoche un tertuliano sensato: “¿Qué pueden hacer cinco o diez policías ante una multitud que  arroja piedras, palos, bengalas, Molotov…?

Y como pudo comprobarse el sábado, son cada vez más los ciudadanos, especialmente jóvenes, dispuestos a enfrentarse violentamente con las fuerzas de seguridad. Dudo si esto se debe al resentimiento acumulado por tantos episodios de brutalidad policial o  constituye una táctica. Pero el hecho está ahí. Y nadie cuerdo puede obviar que una masa furiosa pertrechada de piedras, Molotov, etc, aplastaría a los 1.700 policías de la pasada noche. No ocurrió, por fortuna. Pero jamás olvidemos que la violencia engendra violencia en una perniciosa y enloquecedora escalada de acción-reacción-acción. Desde luego, no han sido los ciudadanos (increíblemente contenidos hasta ahora) quienes han iniciado esa escalada.

Tal vez las llamadas autoridades crean que la represión aliada con la manipulación y una sutil e insidiosa guerra de desgaste, van a frenar las protestas pero, llegados a este poste, yo albergo serias dudas. A nadie le gusta ser robado para cubrir los pufos y vicios de golfos delincuentes de cuello blanco, y sufrir represión cuando se protesta. Y ya son muchos, demasiados, los ciudadanos que se han percatado del colosal engaño y la no menos ciclópea estafa económica disfrazada de crisis.

Por lo demás, dado que la situación no va a proporcionar pan, techo y trabajo a millones de españoles (no obstante los ímprobos esfuerzos de Santa Teresa, Jesús de Medinaceli y la virgen del Rocío) es de augurar que el magma del volcán seguirá bullendo hasta  su lenta pero tal vez inexorable erupción… ¡qué país!

Las marchas del 22-M, Cifuentes y los disturbios de los antidisturbios