martes 27/10/20

Por lo demás bien

La empresa de cazatalentos que acogió en dorado exilio a Esperanza Aguirre debe estar que trina. En casa de herrero, cuchillo de palo. Con las credenciales que ha presentado Pablo Casado, sin duda él era su hombre. Ese olfato para reclutar por el canal digital —no por el de la tele sino por su dedo— a Cayetana Álvarez de Toledo, Juan José Cortés y a Isabel Díaz Ayuso, solo está al alcance de los elegidos. Del trío solo pervive en la vitrina la última, pero sería una imperdonable injusticia no reparar en el mérito de los otros dos, hoy denostados.

De Cortés, ese candidato que, delante de su tutor político, clamó que quería a “Pedro Iglesias” en la calle, poco se sabe tras quedarse fuera del Senado, armar la zapatiesta a Moreno Bonilla y desmentir que se iba a VOX. Otra cosa es doña Cayetana, aristócrata a tiempo completo y, por lo visto en algún obituario político, intelectual a media jornada. Como para ponerlo en duda. Su “no te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena. Jamás” compite de tú a tú con citas de Cicerón y, para qué negarlo, es mucho más popular. Como el partido que le ha dado la patada.

Ayuso sigue y, por lo que se intuye, el conejo de Duracell a su lado va a resultar un flojo. Eso de pasar de ponerle voz tuitera a Pecas, el simpático perrete de Aguirre, a presidir la Comunidad de Madrid no pasa ni en las películas de Sandra Bullock. Como para dejarlo cuando además está chupao ¿Qué hay algún problema? Culpa de Pedro Sánchez (o Pablo Sánchez a efectos de Cortés) ¿Qué hay que tapar la ineptitud? Pongamos varias decenas de banderas delante.

A estas alturas, Casado se habrá arrepentido. Si no lo ha hecho que llame con discreción al ex ministro Fernández Díaz que de aplicaciones del catolicismo sabe un rato. De eso y de espiar, pero de esto el actual líder del PP ya ha dicho que ni sabía nada ni quiere saberlo ya que él entonces era diputado por Ávila. Se ve que le pilló comprando unas yemas de Santa Teresa. Así y todo, el que fuera titular de Interior con Rajoy, y su más firme y leal defensor, tiene todas las papeletas para formar parte de la antología de personajes “de los que usted me habla”. Por el momento, el ex presidente del Gobierno ha argumentado que ya no es un personaje público, lo que viene a ser un “me habéis pillado tarde” de manual.

Menos suerte ha tenido David Erguido que, pese al apellido, ha tenido que bajar la testa y renunciar a su escaño en el Senado por su imputación en la Púnica. Se ha quedado como diputado autonómico madrileño que tampoco hay que exagerar las cosas a ver si con la tontería al final tiene que trabajar de verdad en algo. A Erguido, desde que se paseaba por el ayuntamiento madrileño altamente encantado de haberse conocido, le persiguen las sospechas. Tanto va el cántaro a la fuente que, pese a que justo recién acaba el verano, al final le han pillado con el carrito del helado, algo que une mucho en el PP sin distingo geográfico.

Que se lo pregunten a Gabriel Amat, líder con muchos trienios del Partido Popular de Almería, a quien la Policía, que no el heladero, le ha pillado con unas facturas más sospechosas que ver a Pocholo picar zanjas. Unos papelitos como de tómbola en el que sorteaban, por decir algo, contratos públicos de obras en ayuntamientos a cambio de mordidas para financiar las campañas. Un clásico. Como Cicerón, pero sin mas citas que con concejales en buenos restaurantes.  

Por lo demás bien