lunes 01.06.2020

Nosotros, la gente

Imagen del 15M. Foto: Prudencio Morales
Imagen del 15M. Foto: Prudencio Morales

Nosotros, la gente, tomamos nota de que ciertas palabras como soberanía o democracia exhibidas con grandilocuencia no son sino cortinas de humo que densifican el grosor del burladero en el que se esconden las actitudes inconfesables de sojuzgamiento y explotación

Nosotros, la gente, sentimos que los conflictos que nos rodean nos afectan de un modo físico, nos producen dolor, daño y frustración. También hemos advertido que no tenemos responsabilidad alguna en esos conflictos que nos afligen, somos tan solo sufridores pasivos secuestrados por instituciones, discursos y posiciones moralizantes que nos machacan. Que hayan destrozado el sistema de sanidad y seguridad social que tantos esfuerzos costó poner en marcha con la solidaridad intergeneracional de millones de ciudadanos por una cuestión de alineamiento con las decisiones tomadas más allá del Rin, nos parece un acto tan atrabiliario y traidor como condenar a millones de personas a perder sus referencias sociales y económicas por mor de la nueva competitividad. Nada tiene que ver con nosotros, en nada mejora nuestra vida, sólo sufrimos las consecuencias.

Nosotros, la gente, advertimos que toda exigencia de responsabilidad ante la debacle del modelo social que nos imponen tiene el mismo tipo de respuesta, muy similar al de impedir que la gente quiera expresar en Cataluña su opinión sobre los símbolos identitarios de su comunidad: palo y persecución. Nosotros, la gente, tomamos conciencia de que el entramado institucional nos es ajeno, pues del más mísero juzgado a la más cómoda estancia real, se alinean para despojarnos de cualquier aspiración de mejora.

Nosotros, la gente, constatamos que las instituciones que estaban más a resguardo del vaivén de los acontecimientos cotidianos en realidad estaban tan solo emboscadas, mimetizadas con un paisaje que cuando aclara deja ver su objetivo final, la imposición llegando a la implicación de policías (y ya hoy militares) al servicio de una parte, la de los beneficiarios del statu quo. Y también advertimos que no solo se dedican a la arquitectura del poder institucional que les enmascara, sino que les queda tiempo y lacayos encargados de azuzar su jauría que grita, entrenada para morder la presa, ¡dejadnos actuar!   

Nosotros, la gente, tomamos nota de que ciertas palabras como soberanía o democracia exhibidas con grandilocuencia no son sino cortinas de humo que densifican el grosor del burladero en el que se esconden las actitudes inconfesables de sojuzgamiento y explotación.

Y porque los acontecimientos recientes no dejan duda sobre las intenciones de la clase detentadora del poder y de sus instituciones, nosotros, la gente, ya no creemos que una revisión de la constitución sea viable. Necesitamos abordar las dificultades de nuestra vida en común desde una nueva óptica, la del diseño de un contrato social original en el que las personas, todas las personas, pero sólo aquellas que demuestren un grado de humanidad validable, puedan  emprender un nuevo camino vital de acuerdo a sus convicciones y creencias.

Nosotros, la gente, repudiamos la palabra legalidad cuando es sinónimo de parcialidad y de cerrazón y por ello creemos necesario poner en marcha un plan de reinvención de una nueva legalidad, una legalidad que pone las instituciones al servicio de las personas,  y combate el uso personalista de las mismas.

Nosotros, la gente, no podemos aceptar la brutalidad más que como lo que es, un acto de terror polisémico que significa a ti te doy por nacionalista y los demás ya podéis tomar nota, sobre todo si vivís en Murcia y pretendéis que la ciudad no sea dividida, no por la nacionalidad si no por los raíles del tren del progreso (de cuentas de empresa y de comisiones).     

Nosotros, la gente de aquí sabemos que podemos entendernos con la gente de allí. No nos separa una barrera cultural ni lingüística, nos separa un muro institucional. Nosotros, la gente, nos preguntamos quien ha construido ese muro y para qué, y hemos comenzado a comprender su sentido.

Nosotros, la gente, queremos vivir con la gente y crear los mecanismos de acción colectiva y solidaria que la vida en común precisa. Ya no queremos mantener instituciones legales, políticas, ni económicas que no tienen este fin, sino extorsionar y chantajear en nuestro nombre.

Solo nosotros, la gente, podemos solucionar esto.

Nosotros, la gente