viernes 27/11/20

La importancia del factor memético

Memético es una concepción neurofilosofica que identifica un proceso particular de transmisión y recepción de ideas que no requieren datos concretos, más bien se sostiene sobre sugerencias amplias, vagas, de alto contenido ideológico que se adaptan a lo interpretativo. Y esto hay que tenerlo muy presente en nuestros días.

Nos encontramos en un momento histórico ciertamente ambiguo. Se dan casi todas las circunstancias apropiadas para avanzar hacia un modelo de vida más equitativo, justo y sostenible. Sin embargo, en lugar de generar una ola de optimismo, el mundo, sobre todo el mundo occidental, se encuentra envuelto en una nube de dudas sobre lo que está por venir.

La defenestración del protopopulista Trump produce una sensación agridulce de alegría pero también de contención entre progresistas y demócratas, como si el temor a la consolidación de esta nueva forma de fascismo solo pudiera exorcizarse mediante intensas curas de humildad y de silencio. La reflexión más al uso no es la que cabría esperar de un mundo que se ha deshecho de un mamarracho, sino la extraordinariamente timorata de si con el autócrata habrá desaparecido también el movimiento que lo sostenía. En lugar de andar encandilados trazando estrategias de futuro lo que se percibe es un nutrido grupo de personas meditabundas interrogándose sobre cómo y cuándo renacerá la bicha.

El factor memético tiene una importancia fundamental en la organización del populismo, pero también la tiene en su disolución

Y no digo que esta sea una cuestión baladí, tiene obviamente su importancia, pero creo que es perder el tiempo el dedicarlo a hurgar en la hemeroteca hasta encontrar los posos en los que se pueda leer qué tipo de futuro le espera a la civilización y cuándo y por quién será atacada de nuevo desde la trinchera de la intransigencia. No hay nada valioso que aprender en el populismo. Significarlo como una forma articulada de practicar el mal, identificar sus objetivos con la abyección es todo lo que merece. Las personas reflexivas deberían utilizar sus energías para generar y desplegar visiones sobre cómo ordenar un mundo en el que la igualdad, la justicia y las sostenibilidad se impongan al cálculo ciego del beneficio  para mí y los míos, y los demás que se jodan.

Pareciera que esto que digo fuera resultado de lo que los sajones llaman wishfull thinking, el pensamiento guiado por los deseos, pero yo creo que no, que me asisten razones objetivas y evidencias palmarias que justifican mi argumentación. El momento actual, que debería ser el objeto de la transformación progresista, es uno que sufre todas las contradicciones económicas, morales y culturales derivadas de una concepción egolátrica del sentido de la vida. La idea de que la búsqueda del beneficio particular acabaría fortaleciendo la vida comunal es una opinión engarzada en el desarrollo de los mercados a los que otorga eficiencia, pero su impacto en lo social ha devenido en un desastre completo. En lugar de un creciente grado de bienestar, lo más destacable del liberalismo que acuna al populismo es el dolor, la insatisfacción y la desesperanza que se manifiesta por doquier (sobre todo en el Mediterráneo).  La red social que evita en lo posible el daño causado por los ciegos mercados proviene del área de influencia de los estados. La salud, la redistribución de riquezas y la regulación de las actividades con capacidad de impacto ambiental no surgen de los mercados, sino de la previsión del estado.

Las potencialidades del estado para generar el bien común  es el campo de experimentación de las ideas de progreso. La degradación de nuestro mundo es de tal tono que ya no puede debatirse sobre la bonanza de una opción u otra, pues solo hay una: la supervivencia. Y para ello el mercado y sus promotores tienen poco que decir. Salvar el mundo requiere del carácter y la mentalidad progresista que promueve el bien común por el convencimiento de que o nos salvamos todos o nadie va a salvarse.

Dicho lo cual, entiendo y comparto aspectos del discurso preventivo instalado en los debates demócratas sobre la sobrevivencia del movimiento populista a la caída de sus principales protagonistas, pero creo que es un debate incompleto. Desde luego que ahí están millones de votos y miles de banderolos exhibiéndose sin pudor. Y esto da que pensar y provoca temores. Pero creo que no se tiene suficientemente en cuenta el  factor memético en la composición de la base del populismo. Al carecer de nada que no sea el culto al líder y en la aceptación de una serie de imágenes y eslóganes sincréticos, la memética, la aceptación de una narrativa simple y expresada de un modo cercano requiere de la presencia del líder, quien confiere cercanía y validez a la imagen que sostiene el discurso (populista en este caso).

Lo que dice el líder va a misa, su desaparición desencadena una cacofonía ininterpretable para el devoto populista y la convicción comienza a desvanecerse. Es lo referido por el refrán castellano, muerto el perro se acabó la rabia.

El factor memético tiene una importancia fundamental en la organización del populismo, pero también la tiene en su disolución.

La importancia del factor memético