lunes 01.06.2020

Por qué aterran los migrantes a la internacional autoritaria

La reacción autoritaria xenófoba proviene del stablish y es una manera de decir desde dentro que no estamos en casa, puro miedo infantil justificado en su caso

Es un hecho notorio la particular inquina con la que los regímenes autoritarios se enfrentan a la migración sea ésta regular o irregular, económica o política, blanca o negra. Levantar muros, devolver personas, encontrar franquicias represivas en países terceros, extender y electrificar sentinas, cavar fosos o restringir los derechos de visa, paso o permanencia son las señas de identidad  más características de eso que podemos llamar la internacional autoritaria en la que destacan tipos  como Trump,  Putin, Erdogan o Netanyahu acompañados de comparsas como Farage en UK, Orbán en Hungría Sebastian Kurtz en Austria o Malcom Turnbull en Australia y con legión de seguidores entre los que cabe destacar como aprendiz torpe pero voluntarioso a Rajoy. Todos ellos tienen en común una paranoica obsesión frente a la gente que se mueve. Fulminar el movimiento migratorio parce ser su leit motiv.

Tan descarada, feroz y hasta cruel resulta su obstinación en esta materia, la de infligir daño a las personas que por unas otras razones deciden o se ven obligadas a migrar, que parece que lo hicieran por perversión o por una suerte de indolencia sport que les entretiene y de la que sacan algunos rendimientos. Así lo percibe una amplia mayoría de conciencias críticas con la actitud del sátrapa autoritario. La reflexión de estas bondadosas personas viene a decir que los monigotes del poder autoritario  encuentran su chivo expiatorio en los migrantes y que con ellos se ceban, dando así carnaza a unas masas populacheras que necesitan exorcizar su ruina y comparten con el autócrata el enemigo común de fuera de las fronteras de la santa patria.

Aunque algo hay de cierto en esta interpretación no me gusta y no acaba de cuadrar con las experiencias concretas que vivo. Reconozco la generalización de la demonización de los migrantes tomados como entidad abstracta, pero también constato continuadamente que la convivencia entre nativos y llegados es mucho más cohesiva de lo que dicen noticias interesadas. He compartido café con gente que, tomando prestado un cierto discurso ready made, manifiestan una adversidad contra los migrantes que no se corresponde con su actitud cotidiana con vecinos de nombre Rachid, Rumen o  William Jose. Tiene gracia que cuando mencionas tal cosa no identifiquen a Rachid o a WJ como migrantes si no como vecinos. Es como si de la convivencia unos y otros hubieran dejado de ser españoles, magrebíes, rumanos o venezolanos, ahora son comunidad.  No digo que se trate de una comunidad idílica sin problemas, pero nada que no pueda solucionarse con las instituciones legales y sociales más comunes.

El lobby político y mediático que soporta a los regímenes autocráticos tiende a describir con una narrativa dramática la convivencia entre unos y otros, calificando de lucha por la supervivencia que empuja desde abajo a que el poder se radicalice hacia el autoritarismo xenófobo. Dicen: la falta de recursos sociales lleva a una guerra entre clanes de pobres y desheredados de la que sale fortalecido el movimiento xenófobo. En tiempos de carencia, lo que atrae a los migrantes ha de ser compartido por los nativos con los recién llegados y esto provoca un enfrentamiento cuyos resultados son las fascistización social y política, la base social deriva hacia la xenofobia competitiva y el poder político reacciona ofreciendo formas autoritarias que adecuan las solicitudes surgidas de abajo, un mero reflejo de la evolución de las sociedades de acogida. Una vez más reconozco que es posible que este retromecanismo actúe inventado o fomentado con verdades parciales y mentiras abultadas. Pero no creo que sea la presión desde abajo la que favorece la expansión del poder autoritario xenófobo. Más bien creo que es el terror del poder efectivo a perder la correlación de fuerzas ya ganada frente a poblaciones bajo control. Porque lo que el poder teme es tener que renovar las fuentes de su legitimidad, pero ahora frente a una masa social que crece en número, en expectativa y en vigor.

El poder fáctico aúpa el autoritarismo como reacción de pánico ante la avalancha de personas que ya han arrojado por la borda todo aquello que las fijaba a una situación de dependencia y humillación. El discurso de la democracia liberal representativa y la carta de derechos cosméticos que asisten a todo ciudadano, que ha facilitado la existencia de un mundo desequilibrado pero ajustado, estalla ante la llamada a la puerta de quienes han sufrido en carne propia la ficción de la igualdad fraternal entre todos los hombres y mujeres. La vehemencia con la que los que llaman a la puerta reclamando participación efectiva en el disfrute de la vida pone en jaque la ficción que durante tanto tiempo ha servido a los poderosos  para vivir como les ha dado la gana.

La reacción autoritaria xenófoba proviene del stablish y es una manera de decir desde dentro que no estamos en casa, puro miedo infantil justificado en su caso.    

Por qué aterran los migrantes a la internacional autoritaria