sábado 23.11.2019

Los grandes desafíos de la Unión: Hacia la integración política. ¿Una Europa federal?

En este artículo se plantea la necesidad de avanzar en la integración política, hasta, si es posible, construir una Europa federal. El camino ya está esbozado, solo queda poner los medios adecuados para transitar por él.

La integración política es uno de los objetivos fundacionales de la Unión, pero no se podrá conseguir de manera inmediata sino cuando se den las circunstancias apropiadas para ello y este mundo cada vez más multipolar y globalizado, las propicia.

La UE, desde su creación, ha tenido numerosas crisis de las que se ha repuesto e incluso en algunas de ellas ha reforzado su proceso de construcción. De todas ellas, tal vez la más grave sea la presente, motivada principalmente por la actual crisis económica, que ha provocado una considerable falta de solidaridad entre los Estados y no pocas torpezas. Esto ha originado que hayan resurgido con mucha fuerza los populismos (los principales enemigos de la democracia, de la libertad y de la solidaridad) y hasta que uno de sus socios, el Reino Unido, haya optado por el abandono de la Unión.

Para afrontar estos retos, la mejor respuesta que podrían dar los Estados y las instituciones de la Unión, sería la de mostrar un gesto inequívoco de caminar hacia una mayor integración en todos los frentes, y sobre todo en el político. La Unión debe aspirar a funcionar de forma autónoma de sus Estados miembros, de manera que no se vea afectada, como ocurre actualmente, por los cambios políticos coyunturales que puedan tener lugar en cualquiera de ellos, en particular en los grandes. Para superar ese reto y conformar un espacio político, social y económico común, la Unión debería asumir las competencias que fuesen necesarias, tanto internas como externas (sustituyendo el principio vigente de atribución de competencias por los Estados por el de competencias permanentes), que le permitan actuar con una sola voz y un solo voto en los foros y organismos internacionales. Para conseguir estos objetivos, es necesaria una constitución europea clara y precisa, y para lo cual los tratados vigentes, que son abiertos, constituyen una plataforma de partida por la que continuar avanzando: el TUE, en la versión de Lisboa, ya se aproxima bastante a un esbozo constitución (de la cual en buena parte proviene).

El paso hacia la integración política no es fácil ya que implica considerables cesiones de soberanía de los Estados a la Unión, a lo cual se resisten. Y mucho más si la finalidad es la fusión total hasta conformar los Estados Unidos de Europa, perspectiva muy lejana, si es que alguna vez se consigue. La vía elegida por la Unión, tras los desastres de las dos guerras mundiales, ha sido la del consenso; por ello, para lograr la unidad política, tiene que haber una mayoría social que crea en ella. Y este no es el caso por el momento porque los Estados no trabajan lo suficiente en esa dirección.

La Unión Europea ha construido un patrimonio democrático que ya no pertenece solo a los europeos, sino a toda la humanidad. Pero debe seguir avanzando en su construcción, para aumentar dicho patrimonio y hacerlo más visible. Los requerimientos de una mayor integración política podrían proceder bien de la PESC, integrándola entre las competencias exclusivas de la Unión, superando el actual estadio de cooperación ya que prevén los tratados vigentes (incluida una defensa común). Pero también podrían provenir, sin que constituya una alternativa a la anterior, de las propias exigencias de la unión económica y monetaria que está reclamando, cada vez en mayor medida, de una única autoridad política. O bien, de una combinación de ambas.

La Unión, como ente supranacional dotado de plena capacidad política y jurídica de actuación, ha de contar, al menos, con una arquitectura institucional sólida y democrática y aspirar a un verdadero espacio económico y social cohesionado.

Arquitectura institucional sólida y democrática

La integración política exige revisar profundamente la actual arquitectura institucional para hacerla realmente democrática. Entre otros cambios, la Comisión debería convertirse en un verdadero poder político y ejecutivo de la Unión en el que su presidente fuese elegido por sufragio universal (aunque transitoriamente podría mantenerse el actual procedimiento de elección por el Parlamento Europeo a propuesta del Consejo Europeo). El Parlamento Europeo debería pasar a ser bicameral: una cámara baja cuyos miembros fuesen elegidos directamente por los ciudadanos, como ya es el caso, y un senado que represente a los Estados, a lo que ya se aproxima, con muchas salvedades, el actual Consejo.

El resto de las grandes instituciones de la Unión, salvo algunas actualizaciones, no necesitarían grandes reformas. Así, por ejemplo, el Consejo Europeo podría sobrevivir en una etapa transitoria y posteriormente bien desaparecer o bien pasar a formar parte del Senado Europeo (la segunda cámara); el BCE tendría que ver ampliadas y explicitadas claramente sus funciones tales como banco de bancos y velar por el crecimiento y el empleo; el Tribunal constitucional también tendría que extender sus funciones a tribunal constitucional, etc.

Para avanzar en la integración, la Unión tendría que asumir competencias en defensa (una defensa común financiada con el presupuesto común y con un ministro al frente) y una política exterior (diplomacia y relaciones internacionales, dirigida por un ministro de asuntos exteriores) también común, que le permitiese hablar con una sola voz y tener un solo voto en los organismos internacionales.

Un verdadero espacio económico y social común

Por lo que respecta a la dimensión económica, área a la que a la UE se le han atribuido el grueso de sus actuales competencias, puede decirse que, de hecho, algunas de ellas ya funcionan de manera similar a como lo hace en un Estado federal (este es el caso de la política monetaria donde el BCE goza de plena autonomía). La Unión es ya, aunque con muchos matices, un espacio econó­mico común donde se desarrollan razonablemente bien las libertades eco­nómicas de circulación (bienes, servicios, capitales y personas); y también tiene competencias sobre una serie de políticas de carácter horizontal y vertical que es necesario ampliar y consolidar.

Una unión económica y monetaria real, ha de incluir a todos los Estados miembros y basarse en un modelo económico común, que contemple un banco central (BCE) dotado de todas sus competencias que le permita gestionar la moneda única y las políticas asociadas a la misma (monetaria, cambiaria, bancaria, etc.). Pero también ha de contar, como es lo normal en todos los Estados que tienen estructura federal, con un sólido presupuesto supranacional con plena autonomía fiscal y con capacidad de endeudamiento. Un presupuesto, que para hacer frente a las políticas de gasto que asumiría la Unión debería situarse, como mínimo, en torno al 10% de su PIB, lo que pondría fin a las limitación actuales (incluidas las legales) y, en contrapartida, reforzar las competencias (entre ellas la cohesión económica y social) y asumir aquellas políticas que la Unión pueda resolver mejor que los Estados: señaladamente las relaciones internacionales y la defensa común; y, en la medida de lo posible y con las modalidades que se establezcan con los Estados, el seguro de desempleo y una sanidad universal comunitaria.

Una unión fiscal ha de atribuir a la Unión impuestos propios que le permitan financiar dicho presupuesto y terminar de una vez con la discriminación existente entre Estados por la falta de armonización impositiva. Con independencia de que se creen nuevos tributos supranacionales, la Unión debería tener competencias –que puede compartir con los Estados-, en al menos los cuatro grandes impuestos: el de las personas físicas y jurídicas, entre los directos; y el IVA e impuestos especiales (que son los que actualmente están armonizados), entre los indirectos. Los mecanismos de control, inspección y distribución de los ingresos entre la Unión y los Estados, también admite diversas modalidades.

Aunque soñar es gratuito, muchas utopías son realizables.


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