domingo. 21.07.2024

El péndulo de la educación

Cuenta un chascarrillo extendido en el mundo educativo que las leyes del ramo son como el horóscopo chino, en función del año del nacimiento rige una u otra...

Cuenta un chascarrillo extendido en el mundo educativo que las leyes del ramo son como el horóscopo chino, en función del año del nacimiento rige una u otra el destino de los estudios. Sin alcanzar el ritmo de normativa por año que se desprende del chiste, sí es cierto que la política educativa española está acostumbrada aguantar bandazos de uno y otro signo. LGE, LOECE, LODE, LOGSE, LOCE, LOE, Ahora la LOMCE... El baile de acrónimos ha continuado durante los 35 años de la democracia. La normativa educativa es una de las primeras reformas que cada gobierno ha emprendido nada más tomar el poder. En general, además, se ha hecho condenando la normativa anterior y de espaldas al resto de fuerzas políticas, volcando en la nueva ley si era posible todas aquellas propuestas que fueron rechazadas por el Gobierno saliente.

Pero en España, en los últimos años no se ha hecho una reflexión en profundidad sobre el modelo educativo de un país medio. No se han estudiado las potencialidades, no se ha incidido en la formación de profesores manteniendo un máster de escasa utilidad, no se ha prestado atención a los recursos materiales. En lugar de ello, se insiste últimamente en el mantra de que la educación no es acorde con el fracaso escolar que genera. Y esas tasas, intolerables e inéditas en los países del entorno, legitiman cambios sin consenso y tendentes a una mercantilización de la educación a través de insistir en asignaturas económicas y regulando la eficacia del sistema por medio de incomprensibles reválidas que en nada garantizan lo principal: que el alumno salga bien formado.

Tampoco existe una reflexión real sobre la pedagogía, no hay ningún esfuerzo presupuestario en clases de refuerzo y en programas alternativos. En lugar de ello, se convocan cada vez menos plazas de profesor ante un alumnado numeroso. No existe en España una verdadera reflexión sobre el papel del profesor, sobre su forma de acceso a la profesión y su formación continua.

Todo esto es muy grave, porque el valor añadido de un país está, finalmente, en su capital humano. Y en España, nos estamos acostumbrando a demasiadas reformas parciales y parcheadas que olvidan la creación y continuidad de un modelo que dure varias décadas.

Ésta sería sin duda la verdadera apuesta por la educación: consensuar un modelo educativo que recoja las aspiraciones mayoritarias de la comunidad educativa, que son los verdaderos expertos en la materia, y no los políticos, porque los primeros son los que viven día a día las situaciones cotidianas de la educación. Siempre se ha dicho que en España han salido grandes universitarios y existe un buen capital de ciudadanos formados en distintas profesiones, sin embargo, también existen tasas demasiado elevadas de fracaso escolar. Sin duda esto último puede ser debido a diversas causas y no conviene tomar medidas aleatorias que contienen un fuerte sesgo ideológico para tratar de solventar el problema. Seguramente la solución pase por reforzar horas académicas a través de clases de apoyo o de crear adaptaciones para diversos niveles. En definitiva, invirtiendo más en educación. Buena parte de nuestro atraso es debido a las condiciones culturales de los padres, que han sido víctimas de un sistema de la dictadura franquista y no han sabido o podido transmitir a sus hijos la pasión por el conocimiento y ofrecerles un ambiente de aprendizaje adecuado. También la crisis está contribuyendo a mermar el rendimiento escolar de los alumnos. Muchos padres, tienen verdaderos problemas cuando se quedan sin trabajo y tienen que mantener a sus hijos. Y esto afecta a su rendimiento.

La educación es una tarea de toda la sociedad: todos, padres y poderes públicos tienen la obligación de proporcionar las mejores condiciones a nuestros alumnos. Pero son los poderes públicos los que más medidas efectivas pueden realizar. Tal vez, la más importante, pase por el diálogo con la comunidad educativa y, a partir de ahí, consensuar un programa de regeneración de la escuela a nivel material, humano y pedagógico. Más inversión, más y mejores profesores, más clases con mejores métodos, son las claves para tratar de cambiar. Desde luego esto está muy lejos de lograrse con medidas como las reválidas o la introducción de la religión que en nada inciden en los aspectos anteriores. Al final, como en casi todo, la educación es una cuestión de diálogo con los afectados y de recursos económicos. Ni una cosa ni la otra se dan actualmente.

El péndulo de la educación