sábado 04.04.2020

Organizar la resistencia. Una obligación

A las barricadas contra el virus vamos. Porque si organizamos bien nuestra resistencia, este partido los vamos a ganar.

Desde la “Guerra de las Galias” de Julio Cesar sabemos que la primera acción de una guerra es organizar la resistencia en el interior del territorio enemigo. Material, física y moralmente. La guerra de guerrillas forma parte de eso. Luchar contra los bulos y la desmoralización también. Quedarse en casa es nuestra fuerza de choque. Unirnos positivamente es una táctica. Organizar la resistencia es una estrategia imprescindible.

En toda guerra hay contrainteligencia y la de esta es microscópica, por lo que la inteligencia humana nos exige el aislamiento para combatirla. Pero ese aislamiento implica también aspectos psicológicos y políticos ineludibles. Luchar contra los rumores, los bulos y la desinformación es uno de ellos. Aislar las opiniones políticas interesadas en prolongar un conflicto que ya corresponde a un pasado remoto, aun con una antigüedad de horas, es otro. Hacer un cordón sanitario ¿recuerdan que cosa? A los quintacolumnistas de la desmoralización es una fundamental. Convencer a los que, de muy buena fe, nos trasmiten su angustia razonable para que se provean de los instrumentos necesarios para superarla, sin trasladar al resto sus justificadas ansiedades, casi es otra misión imprescindible. Porque nada daña más a la moral de combate que el sufrimiento y dolor de las personas cercanas a las que apreciamos.

Poseemos una herramienta de comunicación como jamás habíamos soñado. Es nuestra primera arma de combate individual. Nuestro Kaláshnikov de asalto contra la depresión y el desaliento para ganar esta guerra contra un enemigo invisible

Por ello necesitamos organizar la resistencia desde una perspectiva autónoma a y de los poderes públicos o privados que están interviniendo en todos los ámbitos, desde la seguridad de las calles, del patrimonio social, de la salud y de la vida, hasta el suministro de transportes, las comunicaciones, los alimentos y los servicios imprescindibles en los que muchos de nuestros compatriotas comprometen su salud y sus vidas en defensa de las nuestras. Aportar confianza individual por cada uno de los componentes de la ciudadanía es una exigencia imprescindible para sostener la moral colectiva. Y ello nos obliga a organizar nuestra comunicación y nuestro pensamiento en una dirección positiva. Resistir es vencer, pero no solo, hay que organizarse para ello. No sobreviviremos solo con el humor digital, la épica o la poesía, aunque también sean necesarios e imprescindibles.

Poseemos una herramienta de comunicación como jamás habíamos soñado. Es nuestra primera arma de combate individual. Nuestro Kaláshnikov de asalto contra la depresión y el desaliento para ganar esta guerra contra un enemigo invisible. Nos podemos comunicar a escala de millones de seres por whatsaap, mail y redes sociales, intensificando nuestra relación interpersonal positiva y dosificando el aluvión de información excedentaria. Tantos años limitando los excesos televisivos de nuestros hijos para evitar agotamientos y distracción innecesaria de sus obligaciones escolares o familiares nos debe de dar la pauta razonable para aplicarla a nosotros mismos. Y las dosis de información necesaria obténganla, por favor, a través de medios solventes. Las sobredosis son letales para todo. En esto más.

Podemos, debemos y tenemos que canalizar nuestras miles de iniciativas posibles. Es una exigencia organizarnos contra el desaliento. No estamos solos, somos millones dispuesto a afrontar este combate. Hay caídos, como en todos los desastres humanitarios, pero somos muchos más los que nos mantenemos en pie, cada día, para afrontarlos. Y sí, al igual que en las viajas prácticas clandestinas contra un enemigo opresor, podemos organizarnos en células de resistencia y en formación de guerrilla contra el desánimo y el agotamiento físico y moral. Estamos en una democracia en la que las ideas circulan libremente. Así debe ser. No necesitamos que se nos aísle por una dictadura para ganar esta batalla en la que debemos salir más fuertes, libres, conscientes y unidos. A las barricadas contra el virus vamos. Porque si organizamos bien nuestra resistencia, este partido los vamos a ganar. Y como dijo unos de los más insignes demócratas caídos por la democracia “un día se abrirán las grandes alamedas por donde paseará el hombre libre”. Ahí nos veremos. Pronto.

Organizar la resistencia. Una obligación