domingo 08.12.2019

El sesenta aniversario de la UE: poco que celebrar

Foto: Flickr Parlamento Europeo
Foto: Flickr Parlamento Europeo

La UE se encuentra sin norte y en claro declive. No se ha sabido afrontar la crisis económica, el euro ha mostrado sus debilidades, la factura social que se está pagando es muy elevada y la desafección de los ciudadanos crece

El 27 de marzo de 1957 se firmaba en Roma por seis países el Tratado que iba a suponer la creación del Mercado Común. En los sesenta años transcurridos se han producido cambios significativos en la economía mundial y en el proceso de integración europea. La economía internacional se vio sacudida por la crisis del sistema monetario internacional a principios de los setenta, que supuso el origen de la recesión posterior cuyo detonante fue la subida de los precios del petróleo en 1973. Con ello se ponía fin a determinados pilares que regían al sistema monetario internacional creado en Bretton Woods en 1944, así como al ciclo expansivo de la posguerra.

La crisis de los setenta no fue solamente causada por la subida de los precios del crudo, como tantas veces se ha dicho, sino que fue el resultado del agotamiento del modelo de crecimiento de posguerra, tal como expuse en mi libro ¿Fin del imperio USA? (Planeta, 1976). Como consecuencia de la crisis se sustituyó el paradigma dominante, el keynesianismo, por el neoliberal. Desde los ochenta se impone el fundamentalismo de mercado, aunque no se haya llevado a cabo en todos sus extremos.

En la década de los ochenta, estalló la crisis de la deuda en los países subdesarrollados, principalmente en América Latina, que fue resuelta con recetas neoliberales, lo que llevó consigo unos costes económicos y sociales elevados. Al tiempo, aparecieron en el escenario mundial con mucha fuerza competitiva los Nuevos Países Industriales (NPI), principalmente Corea del sur, Taiwan, Singapur y Hong Kong. México y Brasil que también eran países emergentes perdieron fuelle pues quedaron atrapados por la crisis de la deuda.

El escenario mundial estaba cambiando con los nuevos competidores internacionales, el avance de la globalización y las ideas neoliberales. Todos estos acontecimientos influyeron en la integración europea. El hecho más relevante fue sin duda la caída del modelo soviético y de todos los países que estaban bajo la influencia de la URSS. Esto dio más alas a las teorías neoliberales. El capitalismo quedaba como sistema triunfador frente al fracaso de lo que fueron intentos de construir sociedades alternativas.

China dio un giro hacia la privatización y la economía de mercado, bajo la dirección del partido Comunista, habiéndose convertido en un país muy competitivo a escala internacional. Otro de los nuevos países emergentes es la India que sin alcanzar los “éxitos chinos” también se ha convertido en un importante país en el mercado global.

Dentro de este contexto, la integración europea ha tenido, avances, retrocesos y años de paralización. Se han dado cambios institucionales y ha habido sucesivas ampliaciones, de manera que se ha pasado de 6 miembros fundadores a los 27 actuales, con la salida próxima del Reino Unido. Se ha modificado la denominación de las Comunidades Europeas (CEE) por el de la Unión Europea (UE), que no solamente es un cambio de denominación, sino que supuso modificaciones institucionales y en los que se fusionaron las tres Comunidades que había, la CECA, EUROTOM y el Mercado Común. Se aprobó el Acta Única en 1986 para impulsar el mercado que aunque se suprimían barreras arancelarias tenía otro tipo de trabas que restringían la libertad de circulación de mercancías. Se llevó a cabo el objetivo más ambicioso y también más arriesgado, como ha sido la creación de la moneda única.

La Europa de los nueve se vio sacudida por la crisis del Sistema Monetario Internacional de los setenta, lo que motivó la creación de la serpiente europea y posteriormente del Sistema Monetario Europeo. La crisis de esta década influyó negativamente en el avance de la integración y dificultó el ingreso de España en las CEE. En los años ochenta la UE se vio influenciada por las teorías neoliberales y por la creciente competencia de los NPI. De ahí que se impulsara la idea de “Un mercado, Una moneda”, sin una política fiscal común, con la inexistencia de una política social y un gran déficit democrático.

Los criterios aprobados en Maastricht para conseguir la moneda única responden a esa ideología y ello supuso un menor crecimiento de la UE en relación con Estados Unidos, Japón y los países emergentes. Se ha hablado de euroesclerosis frente a los otros países, cuando en realidad fue la política económica llevada a cabo lo que frenó el crecimiento. Desde entonces se considera que el reforzamiento de la libertad de mercado iba a ser la forma de ganar competitividad. Pero las cosas han ido de mal en peor. El euro se ha creado sin bases sólidas y al primer huracán, como ha sido la recesión surgida en 2007, ha estado a punto de venirse abajo.

La UE se encuentra sin norte y en claro declive. No se ha sabido afrontar la crisis económica, el euro ha mostrado sus debilidades, la factura social que se está pagando por los países del sur de Europa es muy elevada, la división entre centro y periferia se agudiza y, la desafección de los ciudadanos crece. El gran fracaso de la UE ante la tragedia de los refugiados es una prueba más de su ineficacia. La UE con sus políticas y su comportamiento está mostrando su inhumanidad y su insolidaridad. Se padece una crisis política, social y de valores. Aunque haya habido avances, ¿qué es lo que hay que celebrar, La Europa del mercado pero no la de los ciudadanos?

El sesenta aniversario de la UE: poco que celebrar