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domingo. 03.07.2022

Lo urgente prima sobre lo necesario

Es hora de politizar a la ciudadanía; de que adquiera protagonismo en la construcción de las políticas públicas.

mafaldaEso es lo que dice Mafalda cuando ve a unos operarios cavando en el suelo. Les pregunta si están buscando las raíces de los problemas del país y le contestan que no; que están arreglando una fuga de gas. En ésas estamos.

Después de las elecciones del 24 de mayo, toca elegir alcaldes y presidentes autonómicos. Ésa es la urgencia y el mandato que tienen los partidos políticos que se presentaron a las elecciones. Una urgencia que además está condicionada políticamente por el hecho de que en cinco meses, de nuevo, hay elecciones. Es decir, que aquello que acuerden en estas semanas tendrá consecuencias en las elecciones generales de noviembre. 

La ciudadanía les ha urgido a los partidos que pacten. Con más intensidad que antes. La imagen política que se trasmite es pactos, pactos, pactos. A veces, pueden parecer cruzados e incoherentes. En un sitio, con uno; en otro, con otros, y en el otro, contra los dos a la vez. El concepto de casta se diluye; es sustituido por el de diálogo, influencia, reparto de poder. Puede parecer que los partidos, sobre todo los emergentes, se han olvidado pronto de sus promesas idílico-programáticas y en algún caso utópicas. No es que sean unos desalmados, es que la política debe realizarse en tiempo real y en el contexto preciso. La coyuntura, el contexto, es básico. Nada es inmutable o todo es mutable. Una política puede ser buena o mala dependiendo de dónde y de cuando se desarrolla. Éste es uno de los ejes básicos para comprender la naturaleza de la política. Por eso, los dogmatismos, las posiciones irredentas, son flor de un día y los populismos tienen las patas cortas.

Pero más allá de la urgencia de los partidos por repartirse el poder, está la importancia de lo ocurrido. No se nos puede escapar el poso dejado por la voluntad de los ciudadanos. El movimiento cierto, el sólido, se trasmite a través de pasos, no de saltos. Y el 24 de mayo no hubo ningún salto, pero si varios pasos. Primer paso, el sistema político se ha complejizado. La realidad política ya no sólo pasa por dos partidos más los nacionalistas. Segundo paso, la ciudadanía quiere cambios, reformas, pero no sobresaltos. No le gustan las aventuras. Podemos ha obtenido en las autonómicas de España un 14%. Un resultado apreciable pero no para tocar el cielo. Tercer paso, estos resultados anticipan un nuevo tiempo institucional para los gobiernos municipales, autonómicos y el de España. Es tiempo de moldear nuevos gobiernos; de oxigenar nuestras anquilosadas instituciones. 

Nada mejor que para oxigenar las instituciones que abrir las puertas y ventanas para que entre el aire fresco de la civilidad. Si la Transición del 78 optó por reforzar a los partidos, dada su debilidad. Lo que derivó a una colonización partidaria de las instituciones. En esta nueva Transición se debiera reforzar a la sociedad. Es hora de politizar a la ciudadanía; de que adquiera protagonismo en la construcción de las políticas públicas. De que la ciudadanía, civilmente organizada, asuma nuevas responsabilidades públicas.

Así pues, nuevos alcaldes, nuevos presidentes; pero sobre todo, lo importante, es nueva política.

Lo urgente prima sobre lo necesario