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lunes. 15.08.2022

Tiempo de rodaje

El debate del bipartidismo, sesgado porque nunca lo hubo en realidad, ha desaparecido por ensalmo.

Al contrario de la recomendación que aparecía en las ventanillas de los viejos vagones de aquel ferrocarril en el que se degustaba el paisaje sin urgencia y que avisaba de que era peligroso asomarse al exterior, hoy, para contemplar la realidad de escenario español tras las turbulencias del 24 de mayo, el riesgo mayor es asomarse al interior desde una excesiva proximidad a los protagonistas, sus voces y sus ecos. El ruido de los pactos, la novedad de los nuevos rostros políticos, sus gestos y sus ropas, la multiplicación de sus declaraciones atendiendo a una lógica demanda de curiosidad por las biografías que no estaban en los archivos de los personajes manoseados por el uso, ocultan una visión global de la enorme transformación que ha experimentado el cuadro de los poderes públicos en España. Tan honda es esa transformación que va a obligar a recomponer algunos catecismos de la teoría política al uso y, por descontado, los manuales de la opinión periodística.

El debate del bipartidismo, sesgado porque nunca lo hubo en realidad, ha desaparecido por ensalmo. Todavía son el PP y el PSOE quienes pueden hacer balance de resultados y presentar unas cuentas en las que aparecen como las formaciones más votadas, con el mayor número de concejales y diputados en el conjunto nacional, a pesar de sus notables retrocesos en las urnas, mucho más agudizado en el caso de la formación conservadora. Sin embargo, salvo muy contadas excepciones, la ausencia de mayorías absolutas ha obligado a potenciar la capacidad de presencia -y sobre todo de influencia- de las formaciones emergidas que han sentado ya sus reales con naturalidad en muchas corporaciones municipales y en los parlamentos regionales. Grandes ciudades y algunas Comunidades se gobiernan hoy gracias a pactos de geometría variable. En la retina se fijan, por influjo de su propio peso pero también por la atención mediática, Madrid, Barcelona, Valencia o Andalucía. Una mayor amplitud de visión nos permitiría enriquecer con el análisis con ejemplos muy llamativos desde Galicia a Baleares, pasando por Navarra, Castilla-La Mancha, Extremadura o Aragón.

La regla general de estos pactos de “gobernabilidad” es que no garantizan precisamente ningún acuerdo de gobierno. Se apoya la investidura, pero se rechaza asumir formar parte de los ejecutivos propiciados. Pareciera que se huye del ejercicio del poder allí donde no se ha conseguido ostentar la cabecera y la máxima responsabilidad. Trasciende una sensación de desconfianza en la posibilidad de llevar a cabo con éxito un programa que, se supone, era la base para prestar el apoyo imprescindible para la investidura. La norma que se impone puede resumirse en una frase muy repetida: “nosotros, a partir de ahora estaremos también en la oposición, vigilantes”. Algún comentarista maligno anticipa ya que esta legislatura va a caracterizarse por un aluvión de mociones de censura.

Tiempos nuevos, nacidos de una también inédita distribución de la voluntad popular, deberían aparejar una generosa concepción de los conceptos de colaboración y dialogo que han sido tan profusamente utilizados durante la campaña. Nadie en su sano juicio puede ignorar las dificultades de adaptación a un modelo tan distinto al que nos habíamos acostumbrado a manejar y que resultaba hasta cierto punto cómodo a pesar de sus vicios, pero la talla de los grandes políticos va a medirse en este desafío, y cometería un error imperdonable aquel que actuara motivado por rentabilidades inmediatas. Los llamados “cuarteles generales” de los partidos, sus órganos de deliberación interna, se enfrentan al reto de analizar crudamente la realidad, atendiendo las expresiones críticas, aunque se permitan la licencia de trasladar mensajes más triunfalistas pare el consumo mediático.

El coche se estrena, muchos de sus conductores acaban de sacar el carné….demos, pues, un margen de confianza, sin olvidar, no obstante, que no van solos por la carretera, que está en juego la vida y el futuro de todos, y que el automóvil está alquilado por unos meses. Hasta noviembre, más o menos.

Tiempo de rodaje