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miércoles. 29.06.2022

Sesión de descontrol

El serio trabajo que realizan muchos parlamentarios se diluye en el vacío informativo por el inicial rifirrafe entre el líder de la oposición y el Jefe del Ejecutivo.

La próxima legislatura va a ofrecernos un mapa sensiblemente distinto de la distribución de escaños en el Congreso

El serio trabajo que realizan muchos diputados y senadores preparando preguntas a los diferentes miembros del Gobierno que comparecen a las sesiones de control en las dos Cámaras, se diluyen en el vacío informativo o quedan oscurecidas por el inicial rifirrafe entre el líder de la oposición y el Jefe del Ejecutivo. El Reglamento, pero también el funcionamiento de la Junta de Portavoces donde una mayoría absoluta tiene la potestad de vetar un tema incómodo o una comparecencia indeseada, descafeína el pulso de la vida parlamentaria, que se convierte en un trámite de obligado cumplimiento. Lo ocurrido el miércoles once de marzo es un ejemplo muy grave de la pérdida de las constantes vitales de la democracia, a la vez que motivo de reflexión, urgente, para concertar soluciones.

El líder de la oposición había registrado una pregunta de evidente trascendencia sobre los planes del Gobierno ante la situación creada por el desbordamiento del Ebro. Posteriormente, las noticias de fuente judicial que comprometían directamente a Mariano Rajoy en un escándalo de posible financiación ilegal de su Partido, motivaron la decisión de dar prioridad a ese tema. Cualquier ciudadano hubiera entendido que el prestigio del Parlamento, como órgano de representación popular, se habría engrandecido buscando una fórmula para hacer compatible el planteamiento de ambas cuestiones. Se impuso la letra reglamentaria, y de esa forma el señor Sánchez se vio obligado a hacer una pirueta verbal e introducir forzadamente el caso Gürtel, que embarra más que los lodos de las tierras anegadas los territorios del Partido Popular. Conclusión: nos quedamos sin saber nada sobre la catástrofe, y volvimos a asistir al espectáculo del “y tú más”, que degrada esta legislatura. Acabado ese “round”, la Cámara se despuebla, los periodistas redactan su titular: “PP y PSOE se echan en cara sus casos de corrupción”, y sólo se recupera el interés cuando una diputada de UPyD interpela al Ministro de Defensa sobre el acoso de una Capitán del Ejército. Las diputadas del PP aplauden la intolerable respuesta del ministro… para qué decir más.

Falta poco tiempo para que las urnas confirmen o desmientan los pronósticos de las encuestas, pero sea cual sea el grado de aproximación real a las proyecciones divulgadas, nadie parece dudar ya de que la próxima legislatura va a ofrecernos un mapa sensiblemente distinto de la distribución de escaños en el Congreso. Los que ahora están fuera, a los que la Junta Electoral de Andalucía, por ejemplo, ha obligado a incluir en la cobertura informativa de los medios públicos, van a pasar a formar parte “del Sistema”.

Un ejercicio inteligente por parte de las grandes formaciones políticas tradicionales sería tomar la iniciativa de pactar modos -y si diera tiempo, normas- para dignificar el debate en sede parlamentaria. Para empezar, instruir a los diputados en la obligación de permanecer en sus asientos cuando haya acabado la intervención de los respectivos líderes y escuchar con respeto a los grupos minoritarios. Todos, por escaso que sea su peso en la Cámara, representan la voz de miles de españoles. Y si me permiten un guiño más pragmático, de posibles votantes.

Sesión de descontrol