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domingo 22/5/22

LUKOIL o la incoherencia

La intención de la empresa rusa Lukoil, de entrar en REPSOL comprando el 30% de las acciones de Sacyr, ha abierto una polémica entre el Gobierno y el Partido Popular en la que ambos contradicen posturas anteriores y, contra lo que pueda parecer, discuten desde el mismo lado.El Gobierno está dividido, pero Zapatero, con su habitual indefinición, primero apoya la operación amparándose en la libertad de mercado, pero luego matiza y queda ambiguo.
La intención de la empresa rusa Lukoil, de entrar en REPSOL comprando el 30% de las acciones de Sacyr, ha abierto una polémica entre el Gobierno y el Partido Popular en la que ambos contradicen posturas anteriores y, contra lo que pueda parecer, discuten desde el mismo lado.

El Gobierno está dividido, pero Zapatero, con su habitual indefinición, primero apoya la operación amparándose en la libertad de mercado, pero luego matiza y queda ambiguo. Ha señalado que Aznar privatizó la empresa y que el Gobierno no puede intervenir en un asunto que compete a empresas privadas, pero olvida que su postura fue distinta cuando se trató de la OPA de Gas Natural sobre Endesa: fue partidario de la compañía catalana, pero adversario del competidor alemán EON. Entonces el PP se opuso con fuerza a la oferta de Gas Natural; era sacar Endesa del territorio nacional, según Esperanza Aguirre.

El PSOE sigue metido en campo enemigo al aceptar el marco fundamental del discurso de los ultraliberales (recordemos a Solchaga y a Boyer), que es deshacer el sector público. Pero una cosa eran los años ochenta, cuando empezaba la revolución conservadora y se prometía un mundo de riqueza para todos surgido del mercado desregulado, se ofrecía la empresa privada como el modelo de gestión más racional y se hablaba del capitalismo popular, y otra muy distinta es lo que ocurre hoy, cuando se conocen los desastrosos efectos de aquella engañifa y el modelo está cuestionado. Cuando se habla de inyectar millones de euros a la banca (y se echa en falta un banco público), lo coherente parecería hacerse cargo de la deuda de Sacyr y que fuera el Estado, a través de la SEPI, el que entrara en REPSOL para recuperar parcialmente la empresa privatizada por el PP, pero parece que al Gobierno en esto también le falta el guión.

Al PP no le falta guión porque siempre es el mismo: oponerse a todo y criticar lo que sea con tal de desgastar al PSOE. Rajoy, en el papel de patriota ofendido, ha pedido al Gobierno que, por razones de seguridad estratégica, impida una operación que sería inmoral e inaceptable y dejaría España como un país de quinta división. Y ha añadido que es una operación que pretende arreglar problemas personales de una empresa que está apoyada por el gobierno español. Pero todo eso lo podían haber pensado cuando privatizaron la compañía, pero no lo hicieron porque se trataba de otra cosa: entonces no pensaban en el interés general, sino en el particular del PP de formar un grupo empresarial a su imagen y semejanza. Durante los mandatos de Aznar se privatizaron REPSOL, Telefónica, Aldeasa, Tabacalera, Endesa, Ebro, Argentaria, Caja Madrid y otras grandes empresas; 13 de las 35 del Ibex, cuya capitalización equivalía al 40% del PIB. En todos los casos, salvo uno, el Gobierno de Aznar designó los presidentes de estas compañías, cargos que recayeron en personas afines a la ideología . Así que los que resolvieron problemas personales fueron unos cuantos amigos de Aznar (acordémonos de Villalonga y las stock options). Tampoco hay que olvidar que el Gobierno de Aznar (y de Rajoy, ¡qué mala memoria tiene este hombre!) abortó algunas operaciones financieras que tenían como objeto fusionar empresas, como Unión Fenosa e Hidroeléctrica del Cantábrico o Iberdrola y Gas Natural, entre otras. Ni tampoco el desembarco que, llevados de la imperial mano de Aznar, hicieron poderosos grupos económicos españoles en América Latina para comprar empresas nacionalizadas. Y ahí está el asunto de Aerolíneas Argentinas, que el gobierno de Cristina Fernández quiere ahora renacionalizar, para recordarnos aquellos venturoso años en que íbamos por el mundo como ayudantes del amo.

Pero todo eso ya no importa. Ahora Esperanza Aguirre quiere privatizar el agua de Madrid. ¿Ha pensado que puede comprarla una compañía rusa o peor aún, catalana?

José M. Roca
Escritor

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