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viernes. 31.03.2023

La noticia más importante

Escribo esta pieza, hoy domingo 13 de Noviembre, harto de leer y escuchar noticias sobre la dichosa crisis y, sobre todo, de padecerla. Los medios informativos están llenos de la caída del “duce” Berlusconi o de las encuestas anunciando la nueva era de la derecha española, a una semana vista para las elecciones generales. Pero mis ojos, o mi alma en el caso de que la tenga, no se han dirigido sobre esos asuntos.

Escribo esta pieza, hoy domingo 13 de Noviembre, harto de leer y escuchar noticias sobre la dichosa crisis y, sobre todo, de padecerla. Los medios informativos están llenos de la caída del “duce” Berlusconi o de las encuestas anunciando la nueva era de la derecha española, a una semana vista para las elecciones generales. Pero mis ojos, o mi alma en el caso de que la tenga, no se han dirigido sobre esos asuntos. ¿Estaré un poco loco? ¿Será que la literatura se ha impuesto por encima de la más elemental apreciación de la realidad?

En muchos hogares de nuestro país las familias habrán disfrutado de una buena comida regada de buen vino. Después de los postres habrán disfrutado con una copa de whisky de malta o un ron añejo de esos que tanto me gustan. Otros no tendrán tanta suerte pensando cómo sobrevivir hasta final de mes. Mi comida no me ha sentado muy bien porque no me he podido quitar de la cabeza dos informaciones que me han traído a mal traer.

Un niño de cuatro años convalece de un accidente de tráfico en el Hospital Reina Sofía de Córdoba, después de pasar una noche entera abrazado al cadáver de su padre y, para mas inri, con una herida en la frente. Sobrecoge ponerse en la cabecita de ese niño; sobrecoge intentar comprender qué sensaciones tendrá sobre la vida: sobrecoge pensar las lágrimas que habrá soltado en una noche de frío hasta agotarse; sobrecoge el miedo a la oscuridad que tendrá en su subconsciente agarrado a un cuerpo frío; y, sobrecoge, ponerse en el lugar de la madre que denunció la ausencia de su marido y su hijo.

Por encima de la tragedia del hecho, al menos el niño está vivo, es un sobreviviente, un vocablo cada vez más querido por mí. Sin embargo. la noticia del día que me parece más importante es la desgraciada aventura en Girona de una mujer con derrame cerebral que durante 65 horas se recorrió cuatro hospitales públicos antes de ser operada para morir días después. La familia ha puesto en manos de la justicia el caso y enseguida ha salido el responsable sanitario de turno para buscar sesudas explicaciones de lo inexplicable, amparándose en el poder que arropa al fuerte ante la desgracia del débil.

Dicen que los buenos médicos son aquellos capaces de detectar la enfermedad por un síntoma, así como los buenos analistas deben comprender en una historia individual la realidad de una sociedad en crisis y la tragedia que viven los más desfavorecidos. ¿Alguien duda de que si el infortunio le hubiera ocurrido a la madre de ese responsable desmentidor estaría atendida por los mejores médicos en menos de media hora? Ésa es la línea divisoria entre los poderosos y los vulgares mortales. Y, mucho me temo, que no será el único caso y que de ahora en adelante aparecerán otros hasta que dejen de ser noticia.

Por encima de sesudos análisis, el pobre ve que la crisis está originada por los ricos para ser cada día más ricos a costa de que los pobres sean cada vez más pobres. Lo piensa mientras come cocido tras cocido, como hacía en casa de sus padres allá por los años sesenta, recordando a ésa pobre mujer que se ha muerto. Mientras piensa en sus hijos que ya no podrán acceder a una universidad cada vez más lejana inundada de los hijos de los ricos que, como el referido responsable de la sanidad, habrán disfrutado de una estupenda comida regada con un buen brut o un vino de marca. Y lo peor, si las encuestas no fallan, es que ese ciudadano pobre va a votar a la derecha, en una especie de harakiri colectivo, para volver a vendimiar a su pueblo, como hace cuarenta años.

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