viernes 06.12.2019

España: potencia lingüística, retrasada en innovación

nuevatribuna.es | 10.12.2010Actualmente una empresa está obligada a traducir un registro a la lengua del país en que se quiera aplicar o defender sus patentes, pero si quiere hacerlo a nivel de la UE (con 23 lenguas oficiales) no puede competir con Estados Unidos, donde 310 millones hablan y patentan solo en inglés. El coste de traducción, de gestión, de mantenimiento anual del derecho de propiedad intelectual, supone unos 20.

nuevatribuna.es | 10.12.2010

Actualmente una empresa está obligada a traducir un registro a la lengua del país en que se quiera aplicar o defender sus patentes, pero si quiere hacerlo a nivel de la UE (con 23 lenguas oficiales) no puede competir con Estados Unidos, donde 310 millones hablan y patentan solo en inglés. El coste de traducción, de gestión, de mantenimiento anual del derecho de propiedad intelectual, supone unos 20.000 euros solo para validar la patente en 13 países de la Unión, según datos de la Comisión, mientras que una patente en Estados Unidos cuesta unos 1.850 euros. Como promedio, una patente cuesta 10 veces más en la UE que en Estados Unidos, lo que resta competitividad a las empresas europeas en un mundo globalizado.

Para simplificar el procedimiento la Comisión Europea propone que la tramitación se hará en una de las tres lenguas de procedimiento de la OEP, francés, inglés y alemán. Algunos países como España o Italia, consideran la propuesta inaceptable y proponen que el inventor deba depositar también la traducción de las especificaciones en otras dos lenguas para obtener la patente europea. La propuesta (en el caso español) es razonable, ya que como el español es una de las principales lenguas del mundo, seguramente muchas patentes elegirían nuestra lengua entre una de esas dos lenguas adicionales. La Comisión se opone con el argumento que genera costes adicionales.

Para salir del impasse, Francia ha propuesto finalmente avanzar en la creación de la patente comunitaria sólo entre diez países, en aplicación del mecanismo de "cooperación reforzada" por la falta de unanimidad sobre su régimen lingüístico, que en caso de ir adelante sería la primera vez que se utiliza el mecanismo. La mayoría de los Estados miembros respaldaron esa propuesta, pero España e Italia se opusieron y recibieron el apoyo de Polonia y Chipre y de organizaciones patronales de estos tres primeros países y de Portugal. Apoyos relevantes pero insuficientes, ya que la potente maquinaria franco-alemana, y el apoyo de muchos pequeños países que están acostumbrados a trabajar en inglés y han asumido la lengua inglesa como lengua tecnológica, algo que España no ha hecho, hace difícil seguir manteniendo el tema bloqueado sine die.

España, aunque tiene razón, probablemente va a perder una importante batalla en la batalla lingüística, no tanto porque el idioma no sea potente, sino porque a pesar de tener un idioma universal y ser un gran país, somos un enano en innovación. Para ilustrarlo, el año pasado, el 41,2% de las patentes que la OPE concedió a empresas europeas fueron otorgadas a firmas alemanas; el 14,6%, a sociedades de Francia, y solo el 1,26% a compañías de España (348 de 27.601). Italia tuvo el 7,21% y Reino Unido, cuna del inglés, un escaso 5,96%, pero los ingleses juegan con ventaja, su lengua además de universal es la lengua de la ciencia.

Que cada uno saque sus conclusiones, pero el retraso innovador pasa factura. No es suficiente tener una lengua potente y universal, además hace falta ser un actor relevante en el terreno de la innovación.

Pau Solanilla | Asesor en temas europeos y autor del libro “Europa en tiempos de cólera”.

España: potencia lingüística, retrasada en innovación
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