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jueves. 01.12.2022

Directiva de Defensa Nacional (II)

¿Qué se supone que dirá la directiva de Rajoy?: No hace falta ser un lince para asegurar el continuismo retórico de la nueva directiva de defensa con las anteriores.

¿Qué se supone que dirá la directiva de Rajoy?: No hace falta ser un lince para asegurar el continuismo retórico de la nueva directiva de defensa con las anteriores.

Seguramente describirá el contexto internacional actual como cambiante, inseguro, complejo y lleno de incertidumbres que, en esencia, no son de carácter militar y en la mayoría de los casos ocurren fuera de nuestro contexto y perspectivas, y absolutamente fuera de nuestras capacidades de intervención, pero que, asombrosamente, son tan preocupantes que por sí justifican la existencia del ejército y su uso indiscriminado para asegurar nuestro bienestar, seguridad, independencia, etcétera. Del mismo modo se referirá a la nueva doctrina española de Seguridad elaborada por Solana a la que muy probablemente habrá que hacer pequeños retoques para que todo siga igual.

Siguiendo con la retórica al uso, será necesario establecer directrices para no escatimar esfuerzos en la seguridad de nuestros soldados repartidos por los diversos conflictos internacionales (ya no se recordará la seguridad de las poblaciones a las que queríamos ayudar) donde no se nos perdió nada, lo que supone hacer una pequeña (pero no la única) excepción a las políticas de austeridad presupuestaria prometidas por Don Mariano. Igualmente nos indicará que aunque la actual coyuntura económica no permite alegrías, se debe seguir profundizando el proceso de modernización y profesionalización de los ejércitos, lo que a la larga equivale a “mantener el esfuerzo inversor” del ministerio y el gasto militar (segunda excepción a las políticas de austeridad). Probablemente no se dirá nada acerca de cómo afrontar la enorme e impagable deuda de 36.000 millones de euros por adquisición de programas de armamento creada desde que Morenés fue secretario de estado de defensa hasta nuestros días en que es Ministro de Defensa. Habrá recorte, pero al alza, fórmula mágica que ya ha aplicado el PP en su anterior etapa de gobierno disfrazando el gasto militar en partidas de otros ministerios.

Se señalará que se debe iniciar por tanto un nuevo ciclo de adquisición de programas de armas sin preguntarse si ese tipo de armas sirven en realidad “para la defensa” o están pensadas para el ataque y la agresión de otros pueblos, lo que a la larga e esencial para saber qué es lo que en realidad se quiere defender.

Del mismo modo se dirá que hay que completar la legislación de derechos y deberes de los militares y dignificar esta carrera militar (léase ofrecer atajos y privilegios para la posición de los militares, para que puedan opositar a futuro, para la formación académica, para el prestigio social del ejército, etc) y hacer un sobreesfuerzo para que nuestros militares tengan la máxima preparación y puedan participar en igualdad de condiciones en misiones internacionales y en los centros de decisión y planificación militar internacionales (es decir, saber inglés).

Se hará un canto de ferviente europeísmo y atlantismo, y de compromiso de España, como cola de león, donde haga falta para establecer la paz y el respeto de los derechos humanos mancillados.

Se dictarán directrices para favorecer la creación de una agencia de armamento española y ensamblarla en los planes internacionales de creación de la agencia europea de armamentos y en las otras estructuras similares, así como para favorecer la exportación de armas y tecnología militar.

Se seguirá insistiendo en la necesidad de buenas relaciones de vecindad con el norte de África, así como del interés español por Europa y la OTAN, por América Latina, por Asia, el África subsahariana y, en fin, el planeta en su conjunto.

Y se acabará haciendo énfasis en la necesidad de que el pueblo adquiera una cultura de la defensa suficiente que le permita comprender el enorme sacrificio de las fuerzas armadas, apoyar las iniciativas y misiones de ésta (osea, pagar sin opinar) y quererlas más. Una especie de adhesión fideísta como la que se profesa a los equipos de fútbol pero sin necesidad de una mentalidad informada, de criterios propios y de preferencias y mecanismos democráticos de participación.

Asombrosamente, la nueva directiva nacerá vieja, porque no dirá sino lo que lleva diciendo desde que PP y PSOE acordaron hacer de esta política un tema de negociación de mesa camilla, y nacerá de espaldas a la ciudadanía y al parlamento, que ni siquiera tendrá la oportunidad de aclamarla (dada la inmensa mayoría de PP y PSOE en el Parlamento  y el inmenso desinterés del resto de fuerzas políticas por estos temas) o de disimular.

Temas críticos de la política de defensa para una izquierda comprometida

Ahora bien, para una oposición eficaz a la inamovible política de defensa española, se le podría pedir que tomaran algunas banderas:

a) Criticar la falta de debate y democracia en materia de política de defensa y el secretismo con que se pronuncia ésta. Ello conlleva criticar la falta de control real, la falta de protagonismo del parlamento y la falta de mecanismos sociales de debate y deliberación.

b) Criticar el enorme gasto militar y exigir su reducción real y la congelación de los programas de armamento. No sólo criticarlos por su carestía, sino, sobre todo, porque hay que redefinir qué se quiere defender y si para esa defensa elegida son necesarios y oportunos programas de armamentos como portaaviones y barcos de proyección, misiles de medio y largo alcance, aviones de combate como los F18 y similares, etc.

c) Exigir una nueva definición política de la defensa: qué hay que defender, cómo hay que defenderlo, incluya la defensa de la sociedad y sus derechos y no sea secuestrado a la voluntad popular y al pluralismo. Los objetivos generales deben ser fruto del consenso social real y no sólo del consenso de las oligarquías políticas y económicas.

d) Replantear las políticas de alianzas y las intervenciones, aún cuando se revistan de un humanitarismo poco o nada creíbles.

e) Exigir la gradual desmilitarización de la defensa y la construcción de alternativas a ésta, lo que pasa por el empoderamiento de la sociedad y de sus grupos, por el énfasis y apoyo a los grupos sociales que luchan por los derechos y la solidaridad como medio alternativo de abordar los problema del mundo y de defender lo que la sociedad quiere defender.

f) Exigir transparencia en las políticas de desamortización de bienes y terrenos militares y que los resultados de este proceso reviertan en la sociedad y no en el ejército.

g) Luchar por el control efectivo de la venta de armas y prohibir que desde las industrias militares o desde el poder se exporten conflictos a otros pueblos.

h) Exigir responsabilidades personales y políticas a quienes han dirigido la política de defensa desde 2004 a la fecha por la impagable deuda militar de 36.000 millones de euros.

i) Luchar contra los privilegios de cualquier índole de los militares y prohibir por ley la confusión de intereses civil-militar.

j) Establecer políticas de cooperación basadas en la equidad y la justicia con los pueblos limítrofes y con los pueblos empobrecidos para luchar de forma estructural por el cambio de orden mundial y contra la pobreza.

Directiva de Defensa Nacional (II)
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