miércoles 2/12/20

Basagoiti o el artificio de un período preelectoral

Hace tres años se abría un nuevo tiempo en Euskadi. El del fin de la obsesión identitaria, el fin del ADN de ‘vasquidades’ llevadas al extremo de lo ridículo. Un nuevo tiempo en el que, por fin, se definía con claridad aquello que durante tantos años se difuminó en proclamas electoralistas nacionalistas.

Hace tres años se abría un nuevo tiempo en Euskadi. El del fin de la obsesión identitaria, el fin del ADN de ‘vasquidades’ llevadas al extremo de lo ridículo. Un nuevo tiempo en el que, por fin, se definía con claridad aquello que durante tantos años se difuminó en proclamas electoralistas nacionalistas. Se estableció la línea precisa entre terroristas y víctimas y, por primera vez, se oyó más alta y clara la voz de quienes sufrieron la sinrazón totalitaria de los terroristas etarras. La verdad, justicia, memoria y dignidad se hizo realidad. Los vencedores, los ciudadanos que lucharon por sus ideas de manera democrática. Los vencidos, los que intentaron someter a un pueblo a tiros.

Para los que no conocimos otra cosa que el asfixiante nacionalismo, Patxi López fue un soplo de aires nuevos en Euskadi.

Hoy, con el terrorismo en los niveles más residuales de su historia y con el mundo abertzale dando coletazos de enrabietada frustración infantil por haber sido pillados en la mentira de sus fingidos arrepentimientos, la labor del gobierno de Patxi López es ingente: que Euskadi salga con vida de esta crisis económica mundial sin que la neonata paz se resienta.

Y lo hace, como él sabe, siendo un referente en políticas progresistas que miman pilares básicos del Estado de Bienestar como son la Sanidad y la Educación. Un Sistema Vasco de Salud admirado y, a veces, envidiado y una Educación que es el pilar básico para asentar los fundamentos de paz, concordia y convivencia entre las vascas y vascos.

A muchos no nos sorprendió su reacción ante las medidas de Mariano Rajoy, que cercenan la parte pública de la Sanidad y Educación para aplicar las políticas que mejor sabe hacer el Partido Popular que no es otra que la del desguace –despiezar lo público para malvenderlo a los que ya se enriquecieron de pretéritas subastas públicas-.

Las mayorías absolutas al PP le suelen provocar empacho y son procaces en titulares desafortunados que suelen basarse, por ejemplo, en ataques furibundos de xenofobia al más puro estilo Xabier Albiol, Alcalde de Badalona conocido por sus cruzadas contra los inmigrantes en situación irregular.

Y mirándose en los espejos más sucios de las bajas pasiones de la política social del PP, Antonio Basagoiti ha decidido romper unilateralmente el pacto de gobierno cuando el Lehendakari ha decidido continuar con una de las líneas básicas de sus años de gobierno: el sostenimiento del Estado de Bienestar.

La proximidad de los comicios vascos y la sensación de descalabro por las medidas que ha adoptado Rajoy desde su llegada a la Moncloa están precipitando que Basagoiti haga aflorar su verdadera personalidad que durante tanto tiempo pudo disfrazar de populismo.

En lo que probablemente no haya caído Basagoiti es que en Euskadi la asistencia médica a las personas con situación irregular en este país preocupa muy poco a los vascos que tienen que seguir afianzando el proceso de paz y tienen que seguir lidiando con el toro abertzale y sus recaídas en tiempos pasados de exigencias e improperios. Los únicos beneficiados de este tipo de pataletas suelen ser los causantes del pacto que él rompe por una fidelidad cerril a unas líneas políticas cada vez más cuestionadas allende las fronteras, los nacionalistas en su amplia amalgama de radicalidad.

Probablemente Basagoiti sueñe con una victoria electoral en Euskadi pero ya lo dijo Calderón de la Barca, “…y los sueños, sueños son.”

Basagoiti o el artificio de un período preelectoral
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