lunes 26.08.2019

¿Por qué habla de liberalismo cuando en realidad se refiere a nacionalcatolicismo?

La señora Aguirre y Gil de Biedma es tan previsible y tan recurrente que provoca una mortal pereza sentarse delante del teclado para glosar su penúltima –nunca podrá ser la última- perorata. Ha sido, ¡cómo no!, a raíz de la huelga general del 29 de marzo.

La señora Aguirre y Gil de Biedma es tan previsible y tan recurrente que provoca una mortal pereza sentarse delante del teclado para glosar su penúltima –nunca podrá ser la última- perorata. Ha sido, ¡cómo no!, a raíz de la huelga general del 29 de marzo. Quizás le haya pasado desapercibido al lector o lectora, pero la del otro día ha sido una “huelga política” ha subrayado Aguirre y Gil de Biedma, aclarándonos que por lo mismo “ha sido ilegal”. ¿Huelga política? Si, por supuesto, pues lo que la ha provocado es una reforma laboral aprobada por un gobierno y publicada en el BOE; es decir una decisión política. ¿Qué espera Aguirre y Gil de Biedma, que se hagan huelgas por motivos religiosos o deportivos? Por otra parte, calificar las huelgas de políticas para tratar de deslegitimarlas fue una añagaza típica del franquismo y de los medios de comunicación a su servicio. Ahí está la colección de ABC para quien quiera satisfacer su curiosidad.

Naturalmente, en el franquismo las huelgas políticas eran ilegales, pues el régimen sólo reconoció a partir de 1963 los llamados “conflictos colectivos de trabajo”. Sin embargo de ningún modo lo es en nuestro ordenamiento jurídico. Aguirre y Gil de Biedma sabe perfectamente estas cosas, pues no en vano se licenció en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, esa a la que tanta tirria ha tomado por su condición de disidente. Sin embargo prefiere nutrir su argumentario de su ámbito más querido: la “educación sentimental” Esta “educación sentimental” tuvo lugar en su caso en el tardofranquismo, dado que al morir “Paca la Culona” –así llamaba a Franco su conmilitón Queipo de Llano- Aguirre y Gil d Biedma enfilaba ya los 24 eneros.

Samuel Johnson: “el patriotismo es el último refugio de los canallas”

Uno de los descalificativos favoritos de Aguirre y Gil de Biedma es el término “antiguo” o “anticuado”. Así la socialdemocracia es antigua, los sindicatos son antiguos y los piquetes, a propósito de la huelga general, son antiguos y del siglo XIX. Pero los piquetes, los sindicatos o la socialdemocracia, teniendo su origen en el siglo XIX son contemporáneos de John Stuart Mill y más modernos que Adam Smith o David Ricardo, ambos del siglo XVIII y los tres padres del liberalismo económico que Aguirre y Gil de Biedma dice profesar. Ahora bien, esta no es la cuestión; de lo que se trata más bien es que de ninguna manera sólo lo “moderno” puede estar legitimado o puede hacer avanzar al género humano, como razona nuestro personaje. Se comprende muy bien con un par de ejemplos. El año que viene hará ochenta años que las mujeres pudieron votar por primera vez en España. Hace, por lo tanto, más de tres cuarto de siglo. ¿Eliminamos entonces el sufragio femenino? La esclavitud quedó abolida en la España metropolitana en 1837 y en Cuba –siendo todavía colonia española- en 1880. Fue en pleno siglo XIX, por lo que puede colegirse que se trata de dos medidas ya anticuadas. ¿Restauramos por eso la esclavitud? Mejor no demos ideas.

Aguirre y Gil de Biedma animó a la ciudadanía a trabajar más el día de la huelga para ser más productivos, como si una cosa y otra fueran sinónimas. Lo hizo apelando al patriotismo. Y es en ese instante en el que me vino a la cabeza aquella frase del gran escritor inglés del siglo XVIII, Samuel Johnson: “el patriotismo es el último refugio de los canallas”. 

¿Por qué habla de liberalismo cuando en realidad se refiere a nacionalcatolicismo?
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