sábado 24/10/20

Rajoy sale de la madriguera

La negociación de Ciudadanos y PP recuerda bastante a la negociación pasada entre el partido de Rivera y el PSOE, que sirvió para asegurar una investidura fallida

El partido Ciudadanos ha lanzado un señuelo a Rajoy para ver si sale de su madriguera construida con 7.906.185 votos y decide, al menos en diferido y en modo de simulación, aceptar la investidura que dice que ha aceptado de manos del Jefe del Estado. Está claro –o debiera estarlo– que el indolente gallego mintió o bien al Jefe del Estado o a los periodistas –y por ende a su votantes y a todos los españoles– cuando en la rueda de prensa no afirmó que hubiera aceptado presentarse al potro de tortura de la investidura tras las elecciones del 26J. Pero el martes 9 de agosto el Sr. Rivera, el jefe del partido de los niños y niñas pijos, lanzó un señuelo de 7 medidas de tal manera que, si Rajoy y sus secuaces las aceptaban sin rechistar, se sentarían a negociar toda una panoplia de medidas adicionales para pasar, en un segunda votación de investidura, de la abstención machaconamente propalada al sí al partido de la corrupción, es decir, al PP. Un día antes se publicaba la última encuesta del CIS donde el partido de Rivera no salía muy bien parado. ¿Casualidad la reacción de Ciudadanos? Pues bien, Rajoy olfateó el señuelo, se le abrieron los esfínteres, y se ha puesto a estudiar junto con los suyos las siete medidas que caben en medio folio. Para ello ha necesitado exactamente una semana. Sin comentarios. Y todo ello para decir que “podemos aceptar muchas cosas. O no”. Y parece que dos equipos de ambos partidos están negociando no sólo las condiciones iniciales –innegociables según Ciudadanos– sino otras medidas que se irán desgranando a los largo del mes. En mi opinión, de todas las medidas y en contra de la opinión reinante, la más importante era fijar la fecha de investidura. Esa era la pretensión de Rivera para que, fruto de un posible acuerdo, presionar al casi-líder del PSOE, Pedro Sánchez, y que se abstenga en el próximo futuro para que Rajoy obtenga su tesoro. Ese tesoro forjado por el mordor de los poderes fácticos, algunos de los barones del PSOE y por esos casi ocho millones de españoles que han votado al partido de la corrupción de un total de 24.161.083 españoles que votaron el 26J, de los cuales 23.935.195 fueron válidos. De ello se desprenden que 16.029.010 votaron a otros partidos tras una segunda vuelta de facto. Pues bien, al fin Rajoy dio órdenes a la presidenta de los representantes de los españoles en el Congreso y quedó la cosa para el 30 de agosto. Matizar que en principio es en el agosto del 2016, porque con Rajoy cualquier tomadura de pelo es posible. Ya la derecha de este país, los poderes económicos y no económicos fácticos, los poderes mediáticos, se refocilan en la cochiquera de unos posibles 159 escaños (137 del PP más 32 de Ciudadanos). También cuentan supuestamente con uno de Coalición Canarias de la señora Oramas. Les faltan 6 para la mayoría absoluta. La negociación de Ciudadanos y PP recuerda bastante a la negociación pasada entre el partido de Rivera y el PSOE, que sirvió para asegurar una investidura fallida. Allí la suma era menor: en concreto 130 escaños. Fue el gran error de Pedro Sánchez. La prensa ha centrado el interés en la negociación de los puntos concretos de ambos partidos, pero esto es realmente secundario porque Rajoy busca unas terceras elecciones que le den la mayoría absoluta porque sólo desde la dictadura de la mayoría absoluta se siente realizado políticamente. Las anteojeras para el fumador de puros de Peridis sólo le permiten ver dos salidas, dos espejos donde reposar su frustrado narcisismo: o mayoría suficiente para gobernar con el apoyo por activa y/o pasiva de Ciudadanos y PSOE, o mayoría absoluta. Lo de negociar, buscar consensos, salir de las recetas, revisar el pasado en una democracia al modo europeo eso es para el inefable gallego una sobredosis de democracia y de esfuerzo que no aguanta por más caminatas que se dé sólo o en compañía de otros. Para Rajoy y sus secuaces el Congreso no tiene 350 escaños sino como mucho 260 ahora mismo, porque para el partido heredero del franquismo los 71 escaños de Podemos, los 9 de Esquerra Republicana, los 8 de Convergencia y los 2 de Bildu no existen políticamente. Con la excepción a la hora de formar la mesa de la Presidencia del Congreso. Y claro, sobre estos 260 escaños los 137 les da la mayoría absoluta. Pero la realidad es otra y la parte de aritmética parlamentaria es otra. En realidad la negociación es un paripé que les sirve a Rajoy y Rivera que, erre que erre, quieren presentar a Pedro Sánchez para que firme el gobierno, además de la investidura, de Rajoy en plan Batman y su nuevo Robin –el niño pijo Rivera–, porque de lo contrario será Pedro el culpable de que no haya gobierno. Tal es así que Rajoy ha maniobrado y retrasado en lo posible la investidura para que, en el caso de que se fuera a unas terceras elecciones, haya que votar en Navidad. Rajoy espera que el nivel ético e intelectual de sus posible votantes no les de como para darse cuenta de la maniobra y arrancar algunos cientos de miles de votos de nuevos votantes que pudieran ser decisivos.

Pero no es Rajoy el único que se ha fabricado una madriguera. Pedro Sánchez la ha comprado con el título por adelantado de Jefe de la Oposición. Creo que más que madriguera es careta porque no le creo a Sánchez con las mismas pocas neuronas que a Rajoy. El Secretario del PSOE no puede ser sincero cuando dice no a Rajoy y no a unas terceras elecciones y ahí se planta, sin traje de luces y con los astados de Podemos y PP rondándole la yugular. Para que la postura de Sánchez sea coherente, para que tenga sentido lo que hace, lo que no hace, lo que dice y lo que no dice, debe tener un as en la manga y sólo puede ser uno: estar dispuesto a presentarse a una segunda investidura si Rajoy falla, fallo que depende del no firme del propio partido de Sánchez. Si el líder socialista no juega sus bazas en el momento oportuno, adiós Sánchez, adiós PSOE. La lógica de la situación política sólo le exige a Sánchez que juegue sus cartas cuando toque, aunque las esconda ahora de la vista del PP y, sobre todo, de la vista de sus barones. El que hace lo que puede no está obligado a más y la lógica política es inexorable. Los errores en política se pagan y el error de firmar con Ciudadanos buscando la adhesión incondicional de Podemos está pasando factura a un posible gobierno que represente a los dos tercios que no han votado a Rajoy. Lo cual no exonera del error a Podemos que ahora veremos.

También Podemos y su líder Pablo Iglesias se han buscado una madriguera construida por el millón largo de posibles votantes nuevos que le auguraban las encuestas y que finalmente no se presentaron. ¡También a Macbeth le aseguraban las pérfidas brujas que no moriría a manos de hombre nacido de mujer! Pablo Iglesias está en retiro monacal en una cartuja donde el jefe del monacato le ha puesto una penitencia que tiene que repetir una y mil veces: “pude echar a Rajoy, pude echar a Rajoy, pude ...”. Tras el 20D el PSOE parecía rehén de Iglesias, le marcaba el paso e, incluso, le deconstruía ministerios para reconstruirlos al mismo tiempo. Y además los repintaba de cal viva. Ahora es Podemos –Unidos Podemos– quien está preso del PSOE. Podemos tiene ahora una espada de Damocles y es que se presente a la investidura Pedro Sánchez cuando fracase Rajoy y que se presente sin negociar porque sólo la izquierda no da. ¿Volverían a votar no los de Pablo Iglesias a Sánchez? ¿Votarían no los de Rivera si no ha habido negociación previa con los de Iglesias? ¿Votarían no a Sánchez los independentistas catalanes y vascos? Al igual que el PSOE, si facilita el gobierno de Rajoy Podemos se haya en la situación de volverse irrelevante en el Congreso antes unas terceras elecciones. El futuro de la supuesta izquierda española depende de dos momentos culminantes, de dos decisiones estratégicas, de dos líderes sin mutua química. Si ambos cometen sus en ciernes posibles errores, tenemos dictadura de mayoría relativa –o incluso absoluta– de la derecha per saecula saeculorum. El único posible cambio vendría entonces de que parte de las clases populares votantes del PP se cayeran del caballo de sus deseos y fantasías y recuperaran la dignidad perdida al votar corrupción. Pero yo no confío mucho en ello.

Rajoy sale de la madriguera