martes 15.10.2019

No es así señor Ábalos, no es así...

¿Hacemos autocrítica o nos quedamos calladitos como si "los nuestros" nunca erraran?

La teoría y la práctica siempre han tenido problemas de coordinación. Es un clásico dilema a la hora de impedir la puesta en marcha de actuaciones en las que la realidad se da de bruces con las presuntas buenas intenciones, y se esgrime como  excusa de mal pagador cuando, en verdad, sólo es la consecuencia de una modificación de estatus y, por tanto, de criterio. O sea, un engaño en toda la regla, un cambio de opinión.

José Luis Ábalos no ha estado acertado los pasados días al criticar a los responsables del Open Arms y sentirse disgustado con "los abanderados de la humanidad que no tienen que tomar nunca una decisión, los que creen que solo ellos salvan vidas, desde el ámbito privado”

Vamos a ver señor Ábalos, ¿Quiere usted decir que se arrepiente de haber sido “abanderado de la humanidad” cuando su gobierno actuó con el Aquarius de un modo que ahora le parece inadecuado para Open Arms?

¿No ha sentido usted siquiera un poquito de vergüenza estos trágicos días  —estoy seguro de que sí—  al ser incapaz de explicar a las 120 personas rescatadas del Open Arms que no había puertos en la Unión Europea donde acogerlos?

Yo sí que siento vergüenza. Ya no sólo por la tortura que se ha infligido a los migrantes abandonados a su suerte, sino también por la falta de valentía del Gobierno provisional de mi nación para, por ejemplo, pronunciarse alto y claro y calificar de fascista y xenófoba la postura del ministerio de interior italiano, y acto seguido exigir medidas (no simples amonestaciones) por incumplir tantas normativas internacionales de salvamento  marítimo.

 Siento vergüenza por la inoperancia y la inutilidad de la Unión Europea, que tantas veces me hace dudar de su utilidad y operatividad.

Y siento vergüenza de ser un ciudadano más de un mundo tan hipócrita como el que me ha tocado vivir, con un confort más que aceptable que, maldita sea, podría compartirse con tantos seres humanos con menos suerte que la mía, algo que, tengo bien claro, a título personal no me corresponde a mí solucionar siendo que cualquier actuación individual solo resolvería situaciones puntuales pero no el problema de raíz. Son los gobiernos quienes deben mojarse. 

Menos mal que al final, tarde, demasiado tarde, y porque no quedaba más remedio que hacerlo, el Gobierno español ha dado su brazo a torcer y ha aceptado acoger a los rescatados del Open Arms en colaboración con Francia, Alemania, Rumanía, Portugal y Luxemburgo en función de la cuota de migrantes que les corresponda.

Celebro la rectificación, aunque lamento, y censuro que el Gobierno haya aguantado hasta el último momento un macabro pulso con unos seres humanos que en nada se diferencian de nosotros, al menos no en su capacidad de sufrir.

Cuanto me habría gustado que hubiera sido el Pedro Sánchez de hace un par de años el encargado de resolver el problema, y no el institucional presidente de Gobierno que ahora es, tan mediatizado por sus socios comunitarios como ellos lo están a su vez por sus circunstancias. Pero claro, en la práctica la política siempre ha sido así y siempre lo será.

Sugiero al lector que medite y extraiga sus conclusiones. Yo ya lo he hecho y estoy profundamente desencantado.

No es así señor Ábalos, no es así...
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