jueves 05.12.2019

¿Una segunda investidura?

Como ha señalado el Rey, tras ser formalmente informado del fracaso del encargo que hizo a Pedro Sánchez, ahora toca dar un tiempo a los partidos antes de hacer otro encargo. Para ser exactos hay que ver si los partidos mueven sus posiciones porque si todos se mantienen en las mismas no tiene mucho sentido que Sánchez reciba un nuevo encargo, en cuyo caso, las elecciones se repetirán.

En casi todos los partidos se ha producido un debate al respecto. En el PP, voces autorizadas han propuesto que este partido se ofrezca a facilitar la investidura de Sánchez, negociando algunas condiciones. Pero Casado ha cerrado el debate con rapidez: el PP votará en contra en cualquier caso. Para remachar el clavo, ha nombrado portavoz en el Congreso a Cayetana Álvarez de Toledo, conocida por sus posiciones duras.

El sectarismo es una enfermedad infantil de los partidos. Pero hay veces que los partidos no sobreviven a sus enfermedades infantiles. Que se lo pregunten a Rosa Díez

En el partido de Rivera el debate se había producido antes y ha conducido a que destacados miembros de C´s hayan abandonado el partido denunciando su derechización. Lejos, muy lejos del proyecto originario, un partido de centro y liberal, como prueba el hecho de que  C´s pacte con Vox y, a la vez, se niegue siquiera a dialogar con el PSOE. Tras el fracaso de la investidura, Rivera se ha limitado a nombrar una dirección de afines a su persona y, por tanto, no se ha abierto ningún debate ni se ha reconsiderado el no a Sánchez.

Dicho sea de paso, Rivera basa su negativa en la existencia de una “banda de Sánchez”, algo que se ha visto desmentido en muy poco tiempo, en la votación  de investidura, sin ir más lejos. Rivera gira a la derecha no porque Sánchez haya creado una banda para perpetuarse en el poder sino por su apuesta para encabezar a la derecha española ante lo que parecía la inminente descomposición del PP. Con una política tan inteligente, lo que está haciendo es fortalecer al PP, que nunca con tan pocos votos había conseguido tanto poder. Y ha conseguido otra cosa: encajonar la política española en dos bloques estancos y contribuir no poco a la ingobernabilidad de España.

De Vox ni hablamos: prefieren que las elecciones se repitan cuantas veces sea menester antes que un gobierno de la izquierda. En realidad, es la misma posición de Rivera. Me resulta curioso que, precisamente, los dos partidos que más nítidamente parecen ir a por la repetición de elecciones sean los que pierden más votos en las encuestas.

De  lo dicho se desprende que en la derecha no va a haber ningún cambio, por muchos llamamientos que les haga Sánchez. No obstante, hace bien en reiterarlos porque  explica y mucho, la escasa disponibilidad de los partidos de la derecha a facilitar la gobernabilidad. En general, ante una situación de fragmentación política como la que tenemos ahora no estaría de más intentar que se cree una cultura política en el país de modo que, en caso de poder crearse una mayoría parlamentaria para investir a un candidato, se facilite la investidura del partido más votado mediante la abstención de los demás. Y esto tiene interés porque si vamos a elecciones repetidas es probable que nos encontraremos en una situación parecida de ingobernabilidad como la que tenemos ahora.

Ante la posibilidad de una repetición electoral, la inminente formación de Gobierno en la Comunidad de Madrid explica mejor que cien discursos la que se avecina. Si las derechas suman tendremos un Gobierno del tripartito de la derecha en el que Vox puede aparecer marginal, pero que como la Sra. Monasterio ha explicado con claridad meridiana el acuerdo PP-C´s es papel mojado porque a Vox no le obliga y cada medida que quieran poner en marcha la van a tener que negociar con Vox. Por el contrario, el programa de Vox ha sido asumido por los otros dos socios. De este modo, la influencia de Vox en la gobernación de la Comunidad de Madrid no será marginal, ni mucho menos.

En resumen, hay que contar con el voto en contra de los tres de Colón que, además, se preparan para la repetición electoral dibujando el tipo de Gobierno que quieren.

En UP también se han producido movimientos. IU e IA, por lo menos, han planteado buscar un acuerdo programático sin participar el Gobierno. Errejón ha ido más lejos afirmando que él hubiese aceptado la oferta del PSOE y recomendando también un acuerdo programático. Iglesias ha rechazado esta propuesta, exigiendo volver a la negociación para un gobierno de coalición en el punto en que se quedó, algo que el PSOE ha descartado.

Lo que ha venido después se parece mucho a una precampaña electoral basada en culpar al PSOE de la falta de acuerdo. Según UP si no hay acuerdo es porque el PSOE no quiere porque prefiere que haya repetición electoral, algo que no se tiene de pie y contradice los hechos. Creo que el error de Sánchez en la negociación con UP ha sido estimar que el acuerdo sería fácil, sobre todo porque la estrategia electoral de UP había sido la de hacer un gobierno de progreso con el PSOE. Intuyo que el fracaso de la negociación para un gobierno de coalición estaba escrito desde el día en que Sánchez apartó a Iglesias de sus aspiraciones a la Vicepresidencia del Gobierno. Me parece que ese día Iglesias decidió que la negociación descarrilaría, algo que Sánchez no había previsto ni, por tanto, tenía una estrategia negociadora para evitarlo o, al menos, para dejarlo en evidencia.  Como es obvio, UP no puede entrar en campaña explicando a sus electores que las elecciones se repiten porque Iglesias no es Ministro.

Ahora, Sánchez se ha embarcado en una estrategia destinada a mostrar el apoyo de muchas y variadas organizaciones sociales para un programa de gobierno y negociar algunos apoyos más. Creo que la estrategia va encaminada a evidenciar que la repetición electoral es causa de la negativa de UP a aceptar un programa de investidura a cambio de su apoyo. Es decir, todo apunta a que estamos en la precampaña para unas elecciones repetidas. Solo si Iglesias cambia de posición éstas no se producirán. Pero Iglesias, jaleado por la prensa de derechas, no tiene pinta de hacerlo y no hay fuerza suficiente en UP para torcer su rumbo, un rumbo que, indudablemente, va contra el interés de UP.

El multipartidismo que ha sucedido al bipartidismo ha traído una más que difícil gobernabilidad. Y esto es así porque los nuevos partidos están dominados por dos rasgos extremos muy negativos: el sectarismo y el cesarismo. Tanto en UP como en C´s primero ha sido el líder y luego el partido. En UP y en C´s han desaparecido de la dirección buena parte de sus fundadores. UP y C´s funcionan como si fueran propiedad privada de Iglesias y de Rivera, respectivamente. El sectarismo es una enfermedad infantil de los partidos. Pero hay veces que los partidos no sobreviven a sus enfermedades infantiles. Que se lo pregunten a Rosa Díez.

¿Una segunda investidura?