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jueves. 18.08.2022
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Los dos sectores más resistentes a la explotación capitalista y el sistema patriarcal y liberal han sido la clase trabajadora y el movimiento feminista de forma muy notable este último desde el último tercio del siglo XX, añado, si ambos convergieran en la lucha de clases, serían imparables. El neoliberalismo, impulsa la globalización y con ella los recortes sociales, las privatizaciones de lo público y estatal y la financiarización económica frente a la economía productiva. El objetivo 1 era destruir y/o domesticar comprando los sindicatos y la socialdemocracia, el 2 acabar con el feminismo al objeto de lucrar más todavía a la industria farmacéutica privada y doblegar a una lucha muy reivindicativa y rebelde.

La globalización según el maestro Jalife-Rame comienza a caer a partir de la crisis de 2007/2008 pero la pandemia covid y la guerra de Ucrania son su puntilla. La pandemia Covid-19 colapsa el sistema de transportes global y la movilidad mundial de mercancías y la guerra de Ucrania en su faceta económica prohíbe el libre comercio por parte de las dictaduras/democracias, liberales e impone sanciones que finamente recaen sobre los pueblos.  

Fenecida la globalización ahora el sistema implementa es decir fomenta la esclavitud. Como dice María Martin una amiga mía, busca crear esclavas y esclavos felices. Ya no basta con privatizar, hay que espiar, desprestigiar y destruir cualquier disidencia y para ello vuelve a aparecer la censura, el racismo, el fascismo y las patrias.

Las izquierdas oficialistas y gubernamentales colaboran con el trumpismo mundial, agazapado y esperando su hora tras el fiasco Biden. Ellas mismas cavan sus propias fosas y renuncian a su independencia.

El movimiento feminista es dividido, alejado de la lucha de clases en la que Clara Zetkin o Rosa Luxemburgo lo querían imbricar y para ello nada mejor que negar la mujer. Ya no se trata de que lleve velo o pegarle palizas, violarla o prostituirla, que también, se trata de negarla convertirla en “ser gestante” o persona “menstruante”, al tiempo que nadie niega al hombre, al macho, sus prerrogativas deportivas o laborales o su domino, además puede también declarase mujer y así conseguir sus derechos en el caso de estar en un estado que los tenga. No se trata de la libre libertad de sentimiento, afectividad, indumentaria o sexual lo cual es intocable, pero nadie puede alcázar de forma legítima más derechos, liquidando o negando a más de la mitad de la humanidad, borrando a la mujer como sexo, su bilogía y mediante ello, liquidar un gran movimiento social que busca no solo su derecho a la igualdad, sino acabar con la sociedad patriarcal y esto pone en peligro el capitalismo. Todo en nombre de la postmodernidad.

Los que pretenden ser los amos del mundo, los globalistas occidentales y preferentemente estadunidenses necesitan esclavas y esclavos

En el caso de la clase trabajadora, integrada esta por hombres y mujeres, su abandono y desprecio parte de los liberales y su negación por parte del populismo o en nombre del progresismo haciéndole creer que es clase media. Esto la arroja en manos de la extrema derecha como señal de rabia y protesta ante el olvido de las élites políticas de sus derechos, abandono sus barrios o pueblos con cada vez menos servicios públicos, seguridad y empleo digno o arruinando la agricultura y los negocios familiares. Si el pacto socialdemócrata era el estado del bienestar, ahora este está siendo destruido y por ejemplo en el estado español hasta límites insospechados, ya sea por el gobierno central o las autonomías.

Nos han metido en un mundo en guerra y por tanto para su rapiña. Cuando el aliado preferente del Reino De España y protector de la Corona es capaz de robar todas las reservas de dólares de Afganistán depositadas en sus arcas por un gobierno títere y condena al hambre a un país muy pobre y eso se ve normal, como no va a serlo al hacer lo mismo cuando Rusia invade Ucrania. Estos dos ejemplos representan el fin del libre comercio y la globalización, pero también de la confianza en el dólar. Así pues en todo el mundo fuera del territorio OTAN o sometido al mismo, deberán organizar otro bloque económico. 

En medio los pueblos, transformados en multitudes deformes, deberán ser controlados, sometidos y a cambio de un plato de lentejas, conformándolos para la guerra, pues su seguridad, les predican, está en peligro cuando lo único que está en peligro es el capitalismo. Las extremas derechas hacen su agosto y protegiendo la economía liberal capitalista y los derechos de los ricos de toda la vida, adormecen a las multitudes con reivindicaciones que antes exigían las izquierdas. Así de sencillo. Se trata de vender bandera y circo. Libertad de emborracharse o ir de putas, pero no de hacer una huelga, exigir un convenio justo o evitar desahucios. Recuero que el llamado gobierno progresista no ha derogado la ley mordaza todavía, facilitando de esta forma a PP y VOX nuestra futura represión.

El egoísmo campa en un mundo en el que no solo se especula con oro, con los contratos estatales o con negocios corruptos a costa de lo público, sino con arroz, trigo o maíz. Las hambrunas en el horizonte exigirán más armas y más mercenarios en lugar de pan y paz para contener a las masas.

Este es el diseño globalista. Los que pretenden ser los amos del mundo, los globalistas occidentales y preferentemente estadunidenses necesitan esclavas y esclavos. Necesitan someter a la estúpida y amodorrada Europa y convertirla en frente de guerra ya sea caliente o fría. Necesitan provocar guerras no solo para vender armas, sino para dominar y ese es el cometido de la OTAN Pedro Sánchez. Esta es la nueva fase en la entramos.

Ante esto es la hora de volver a la lucha de clases, el socialismo igualador y el fin del patriarcado. Hay que volver a recuperar el discurso y las ideas, la ilusión de otro mundo que solo la paz y el reparto de la riqueza, la frugalidad y la soberanía alimentaria pueden garantizar.

Reventada la globalización, hay que domar y controlar a las multitudes