sábado. 13.07.2024

Hoy es un día maravilloso dentro del margen de 90 segundos que nos quedan en el reloj del Juicio Final, acelerado, ¡cómo no! por la estupidez humana.

Gracias le doy a la vida, porque tanto en este espacio, como en mi experiencia docente en distintas universidades, me he encontrado con gente de pensamiento diverso, pero, todas y todos muy decentes, discutiendo con argumentos, o aprendiendo a discutir con ellos, sin que nadie se matara por tener ideas contrarias ya que, hemos aprendido que es la contradicción, lo que mueve al mundo.

“Posguerra”. Pablo Ávila Ávila
“Posguerra”. Pablo Ávila Ávila

Al final, el significado de la cultura, resulta estar o, encarnarse, en ese espacio de tolerancia. Y consiste en aceptar que hay diversas visiones del mundo, como experiencias humanas. Y que podemos mirar, con toda naturalidad, incluso ad-mirar, algunas de ellas y valorarlas todas como un producto que conforma lo que podemos llamar, el pensamiento universal, que no significa, como han entendido algunos, una versión única sobre la vida, sino, un conjunto de ellas, en juego dialéctico. Cosa muy distinta, es que una visión del mundo, la europea, por ejemplo, haya querido constituirse no sólo en la única racionalidad de la historia, sino en el substractum de la historia misma. Pero, dicha visión, a pesar del dominio cultural europeo, se ha quedado sin piso. (Más ahora que el norte magnético de la Historia, está señalando al Oriente...).

El significado de la cultura, resulta estar o, encarnarse, en ese espacio de tolerancia. Y consiste en aceptar que hay diversas visiones del mundo

Por eso al centro, y al lugar donde podían estudiarse y debatirse esas diferentes aprehensiones o, mejor, construcciones de la realidad, se le llamó Universidad, en el sentido de un espacio de asentamientos múltiples. 

En cuanto a mí respecta, el término pluriversidad, es una redundancia.

Que se esté traicionando el espíritu original de la universidad para convertirla en centro de adoctrinamiento con tintes politiqueros fundamentalistas, de diversos colores, es su negación.

Se me dirá que, por lo menos en Occidente, las primeras universidades estuvieron regentadas y orientadas por la Iglesia.

Desde luego que sí, y no podía ser de otra manera, dado el papel de aquella en la sociedad. Pero, el impulso es dado por la naciente burguesía comercial cuyos hijos van a estudiar allí. 

Y, en esos centros es donde surge el pensamiento racionalista como el de Pedro Abelardo, el famoso maestro de Eloísa, conocido más por eso, gracias al cine, que por sus aportes a la separación de fe y razón. Recordemos, también, que, en ese tiempo, la Iglesia protegía a los estudiantes tanto que, les dio el privilegio de formar parte del clero, de tal manera que, cuando provocaban desórdenes, destituían maestros incapaces y formaban peloteras en las fondas, la policía no podía detenerlos. Porque eran clérigos. Y, como los estudiantes, con su dinero, movían la economía de las ciudades, la Iglesia, y las mismas autoridades, los consentían...

Volvamos...

La ciencia, como todo lo producido por el ser humano, tiene connotaciones políticas. Más, las Ciencias Sociales, cuyo objeto de estudio es el Zoón Politikon de Aristóteles; el hombre en sociedad. En síntesis: las relaciones de poder. Y así, hasta un azadón tiene que ver con el poder porque, no es lo mismo trabajar la tierra con un azadón propio que con uno alquilado. Y, peor aún: no es lo mismo trabajar la tierra si es propia, que si es ajena. Porque, en cada surco, el labriego va enterrando su vida.

La educación no tiene otra finalidad primordial, que enseñarle al ser humano a ser decente y, a partir de ahí, a producir, manejar y enseñar el conocimiento

Regresemos a la cultura, a la universidad, y a la educación. Todo esto está concatenado. Porque, la educación no tiene otra finalidad primordial, que enseñarle al ser humano a ser decente y, a partir de ahí, a producir, manejar y enseñar el conocimiento (convertirlo en tecnología), de tal manera que se beneficie la sociedad toda porque, de lo contrario, estaríamos expropiando y condenando al hambre y a la miseria a unos, para alimentar la gula de otros. Como diría San Agustín, es una traición al Padre Celestial que creó el mundo para todos sus hijos, no sólo para unos pocos.

Claro, no faltará quien me diga que San Agustín es por allá... por allá... como de finales del siglo IV y principios del siglo V. Como bien antiguo...

A esto le responderé que la justicia no tiene edad. Y menos, en el cristianismo... cristiano.

Cicerón, el orador y pensador romano, entendía la paideia griega como decencia. Repito: es el trabajo fundamental de la educación. Los maestros no enseñamos a los estudiantes a pensar. Ese es un trabajo de cada estudiante, de lo contrario, estaríamos clonándonos y, eso, en un maestro, sería sacrilegio. Pero, sí, me atrevo a decirlo, podemos enseñarles a ser decentes. ¿Cómo? Siéndolo. Comenzando por respetarlos. Fácilmente olvidamos que en ellos, está la justificación de nuestro oficio.

La decencia no es una teoría (en griego= contemplación) " volantona", etérea. No. Es una praxis. La decencia, como lo hemos dicho, se manifiesta en el respeto a las diferencias, en la comprensión de las limitaciones de nuestros estudiantes, en sentir y hacer comprender que la mayor de todas las identidades, es la identidad humana (¡Ojo, maestros "nacionalistas" de Historia!).

Los “brillantes” cerebros que dirigen el mundo, se enorgullecen al mostrar los desgraciados adelantos en las armas de destrucción masiva

Reflexionemos, pues como decía Platón, una vida sin reflexión, no es vida para un ser humano.

Sin reflexión, seremos sólo borregos. Y, los borregos no construyen democracia. Ésta, cuya fragilidad en su existir ha sido notable, está dando sus últimos estertores.

Mientras esto ocurre, los “brillantes” cerebros que dirigen el mundo, se enorgullecen, a cada momento, al mostrar los desgraciados adelantos en las armas de destrucción masiva que, por los gastos, están ocasionando la ruina de la economía y que, por los resultados, ocasionarán la desaparición de la especie y de la mayor parte de la vida.

Es curioso, pero cuando los medios de comunicación exhiben estas maquinas de muerte, tratan de explicar, detalladamente, la capacidad destructiva de cada arandela, de cada tornillo, como si fuese un instrumento para destruir algún monstruo alienígena, o algún asteroide que va chocar contra la tierra y no un instrumento asesino de decenas, centenares, o miles de seres humanos que no tienen otra culpa que la de haber nacido en medio de una elitista “raza” de hombres que se divierten con la muerte violenta de otros, en nombre de principios que no son más que ideologías colonizadoras de la mente  de lo que despectivamente llaman “el pueblo”, ideologías con las que ocultan sus torcidos intereses. Esto esta llevándolos al abismo, con una velocidad de locura. 

¡Y no queremos verlo!

Reflexión, cultura y decencia