jueves. 18.04.2024

En algunos ámbitos académicos a la inhibición de la mujer en la agresión sexual se le conoce como inmovilidad tónica. En el ámbito psicológico se conoce, como disociación o sideración si lo que se usan son manuales de psicoanálisis. A nivel coloquial es a lo que refieren infinidad de supervivientes de una agresión o un abuso sexual cuando dicen que se quedaron congeladas o en shock, que se sentían fuera de sí o que simplemente desconectaron de sus actos esperando que todo acabase.

La vivencia de una violación sexual es uno de los eventos más traumáticos a los que puede tener que enfrentarse a una persona, dado que es un ataque directo al sentimiento de seguridad de quien lo sufre y del que en muchas ocasiones se produce  una afectación en la esfera psíquica. 

La vivencia de una violación sexual es uno de los eventos más traumáticos a los que puede tener que enfrentarse a una persona

A nivel cerebral la estructura de la amígdala, un órgano crucial en el circuito del miedo en el cerebro detecta cualquier ataque y envía señales al tronco encefálico para inhibir el movimiento. Posteriormente, nuestro organismo se sumerge en un estado de vigilancia extrema, ya que la amígdala comienza a disparar respuestas, aunque no se sea consciente de ello: sudan las manos, se dilatan las pupilas y se agudiza el oído, pero también el cerebro busca las salidas de la zona donde se da la agresión (huida). Simultáneamente a toda esta preparación para reaccionar ante el peligro, se puede producir una respuesta de congelación; esto ocurre cuando también una oleada de sustancias químicas del estrés llegan a la corteza prefrontal del sujeto, allí donde se produce el pensamiento racional. Esas sustancias químicas deterioran la capacidad de raciocinio y no deja actuar como desearía la persona. las consecuencias son un adormecimiento, aturdimiento, pasividad, rigidez de los miembros y en los casos más extremos un colapso involuntario que hace que se simule estar muerto. Todo esto no es más que la consecuencia fisiológica de un episodio de estrés. Es parte de la naturaleza humana por haber evolucionado como presas y no como depredadores, y es el mismo proceso cerebral que sufren los ciervos que vemos que se quedan congelados delante de un coche o el conejo que sale de su madriguera, ve delante de sí un zorro y se queda quieto esperando que el animal no lo detecte. Por todo esto muchas víctimas de ataques sexuales procesan y acumulan en su cerebro todos los estímulos de la experiencia para ser analizados en el futuro. Esto tiene como consecuencia que las mujeres que se congelan durante una agresión sean más proclives a sufrir estrés postraumático reviviendo el episodio con nitidez meses o incluso años después.

Es difícil dar datos exactos sobre el porcentaje de esta inhibición psicomotora en violencia sexual, dada la compleja naturaleza de diagnóstico a hechos posteriores. Algunos estudios de EEUU refieren que entre un 12 y un 50% de las víctimas habían comunicado encontrarse “inmóviles” durante la agresión y no haberse resistido físicamente de ninguna manera. El 37% de las mujeres citó textualmente haberse sentido “paralizada” o “bloqueada” en algún momento durante su violación. En un  estudio posterior noruego el porcentaje de mujeres que declaró haber sufrido síntomas de inmovilidad tónica era aún mayor, un 70% de las víctimas de abusos. Por todo esto es difícil señalar un porcentaje preciso de mujeres que se paralizan durante esta situación de peligro, pero sí puede afirmarse que se trata de un porcentaje lo suficientemente significativo como para ignorarlo.

Las mujeres que se congelan durante una agresión sean más proclives a sufrir estrés postraumático reviviendo el episodio con nitidez meses o incluso años después

En un artículo reciente, publicado en Nature Human Behaviour, el profesor Patrick Haggard de la UCL y su colaborador Ebani Dhawan, afirman que las víctimas de agresión sexual a menudo son culpadas por no luchar o huir de sus atacantes.

Se cree que el treinta por ciento de las mujeres experimentan agresión sexual o violación en su vida. Y, de los que han asistido a una clínica de emergencia, el 70% informó estar "congelado" durante la terrible experiencia y no poder moverse o gritar.

Los investigadores destacan casos judiciales como R v Lennox (2018), un caso en Australia, en el que el abogado defensor cuestiona a la víctima sobre por qué se congeló y no mostró signos de lucha, transfiriéndole la culpa de la agresión sexual.

Sin embargo, los investigadores argumentan que la inmovilidad de la víctima puede ser completamente involuntaria, en cuyo caso la culpa es inapropiada. Tal como se ha dicho previamente, la investigación ha demostrado que cuando se presentan amenazas, la respuesta del cerebro puede incluir el bloqueo de los circuitos neuronales que proporcionan control voluntario sobre el movimiento del cuerpo.

La investigación ha demostrado que cuando se presentan amenazas, la respuesta del cerebro puede incluir el bloqueo de los circuitos neuronales

Los argumentos para la defensa en casos de violación y agresión sexual a veces malinterpretan la ausencia de lucha como una indicación de consentimiento. Pero si la víctima está involuntariamente inmóvil, este argumento es incorrecto.

El profesor Haggard refiere: "La ley ha reconocido durante mucho tiempo las defensas de “pérdida de control”, y puede otorgar una responsabilidad disminuida en situaciones específicas, en las que la evidencia muestra que las acciones se hicieron fuera del control voluntario. Esto puede incluir algunas afecciones médicas, como trastornos del sueño, junto con situaciones extremas como el control coercitivo y el desencadenamiento emocional. Después de revisar la evidencia neurocientífica, sugerimos que se debe hacer la misma consideración hacia la inmovilidad involuntaria durante la violación y la agresión sexual. Esperamos que esto pueda ayudar a prevenir la culpabilización inapropiada de las víctimas y potencialmente atraer una atención social más amplia a la importancia crucial del consentimiento activo".

Por último, compartir esta reflexión de Hermann Hesse

“Lo blando es más fuerte que lo duro; el agua es más fuerte que la roca, el amor es más fuerte que la violencia”.

Inhibición en la violencia sexual