sábado. 02.03.2024

Según el DRAE, sobornar es dar dinero o regalos a alguien para conseguir algo de forma ilícita. El soborno es una de las formas más reconocibles de corrupción. Una definición consensuada y general apunta que la corrupción es “el abuso de un poder encomendado para beneficio personal”

La corrupción está presente en el soborno, que consiste en un pago dado o recibido en una relación corrupta y que es la misma esencia de una conducta corrupta; la malversación, la cual se basa en la desviación de fondos públicos que deberían ser administrados para un uso diferente; el fraude, que incluye una manipulación o distorsión de la información y/o hechos para beneficio de un intermediario (funcionario público) de la clase política y la ciudadanía; la extorsión, que es el dinero u otros recursos derivados de la coerción, violencia y amenazas de emplear la fuerza; y el favoritismo, que se basa en la adjudicación de recursos públicos de manera arbitraria para favorecer a determinadas personas o grupos.

La corrupción se erige como uno de los mayores impedimentos para el desarrollo de un sistema de gobierno eficiente. En otras palabras, la corrupción es señal de que algo ha ido mal en la gestión esta. Genera pérdidas millonarias para los Estados y las correspondientes administraciones públicas, un monto de dinero que se desvía de partidas presupuestarias destinadas a otros menesteres como, por ejemplo, la lucha contra la pobreza, la malnutrición y el incremento en la calidad de vida de millones de personas.

La corrupción se erige como uno de los mayores impedimentos para el desarrollo de un sistema de gobierno eficiente

Pese a todo, algunos trabajos puntualizan que el concepto de corrupción varía ampliamente entre distintas sociedades, haciendo que determinadas prácticas puedan ser lícitas en ciertos lugares mientras que en otros son consideradas actos corruptos. Esto quiere decir que la corrupción está lejos de ser una manifestación homogénea, sino que se trata más bien de un fenómeno social sujeto a los avatares propios de cada sociedad como son las normas, valores y reglas. Esto demuestra que la corrupción es un fenómeno multifacético y difícil de aprehender por su propia naturaleza, ya que adopta diversas formas dependiendo del contexto en el que se desarrolle explican que la corrupción entre los trabajadores del sector público ha recibido una enorme atención dentro y fuera de los círculos académicos debido al incremento de estudios sobre este hecho. Dado que ha sido estudiada desde diversas disciplinas, sus causas explicativas varían: desde un problema estructural de las esferas políticas y económicas, hasta el producto del declive de la moral del individuo y sus distinciones culturales. Si se pone el foco en la corrupción gubernamental, la corrupción es definida como el mal uso de un cargo público para obtener una ganancia privada; mientras que, si el foco se mueve hacia el aspecto ilegal o ilegítimo de esta conducta, la corrupción es definida como una práctica en la que el poder de un funcionario público es utilizado para un beneficio personal de modo que trasgrede las reglas. Desde un acercamiento economicista, la corrupción es un conjunto de pagos a actores (tanto públicos como privados) para incitarlos a pasar por alto los intereses de sus superiores y favorecer los intereses privados de quienes les soborna. 

La característica más llamativa de la literatura sobre corrupción en los últimos 30 años ha sido la notable ascendencia de los estudios provenientes del campo de la economía, desplazando del tablero a los politólogos y a los investigadores del desarrollo humano. En esta línea, la percepción de la corrupción entre iguales ha sido tradicionalmente el área de investigación más potente, especialmente dentro de lo que se conoce como Economía comportamental. Los principales resultados han mostrado que cuanto más perciba una persona a sus iguales como corruptos, más aumentará la probabilidad de que esa persona cometa una conducta corrupta en el futuro. Si se percibe un ambiente corrupto, se propicia que una persona minusvalore las consecuencias en caso de ser descubierta, se incrementan los replanteamientos referidos a las propias creencias sobre lo que significa la deshonestidad, se genera desconfianza social, se distorsiona la percepción de las normas sociales, y se forma un caldo de cultivo que fomenta la realización de estas prácticas ilegales y/o deshonestas. 

Cuanto más perciba una persona a sus iguales como corruptos, más aumentará la probabilidad de que esa persona cometa una conducta corrupta en el futuro

Los estudios que han analizado la corrupción a nivel individual (nivel micro) son escasos y se sugiere que esta deficiencia se debe a que los datos referidos a la corrupción están disponibles solo en un nivel macro (entre países), y es allí donde la investigación ha centrado primordialmente sus esfuerzos. Asimismo, cabe aclarar que no existe una revisión sistemática sobre variables psicológicas asociadas a la corrupción. Sin embargo, una nueva investigación está arrojando luz sobre los rasgos de personalidad que podrían explicar este comportamiento. Las personas propensas a los sentimientos de culpa son menos propensas a aceptar sobornos, particularmente cuando el acto causara un daño obvio a otras personas. La investigación, publicada en Social Psychological and Personality Science, contribuye a un creciente cuerpo de literatura sobre las diferencias individuales en los comportamientos corruptos.

Los resultados tienen implicaciones importantes para los acontecimientos mundiales actuales, particularmente en el ámbito de la política y la gobernanza, donde la corrupción y el soborno son las principales preocupaciones. Más específicamente, los resultados resaltan la importancia de evaluar la propensión a la culpa de los candidatos en la selección de personal, especialmente cuando se elige a un líder para un grupo.

Los investigadores realizaron dos experimentos online con 2.082 estudiantes universitarios, combinando juegos económicos con medidas de personalidad. El primer estudio demostró que ser propenso a la culpa se asoció negativamente con la aceptación de sobornos, mientras que el segundo reveló una conexión entre las preocupaciones de las personas por los demás y su disposición a aceptar un soborno.

Las personas propensas a los sentimientos de culpa son menos propensas a aceptar sobornos, particularmente cuando el acto causara un daño obvio a otras personas

La investigación también destaca el potencial de utilizar modelos computacionales para estudiar la toma de decisiones morales y los mecanismos psicológicos subyacentes que dan forma al comportamiento ético.

El estudio es correlacional en lugar de causal, lo que significa que los investigadores no pueden concluir definitivamente que hacer que alguien sea más propenso a la culpa reducirá su probabilidad de participar en un comportamiento corrupto. La investigación se centra en ser propenso a la culpa como un solo rasgo de personalidad y no tiene en cuenta otros rasgos de personalidad relacionados con la moral que podrían influir en el soborno.

Según estos investigadores sería deseable investigar mecanismos psicológicos alternativos, como la responsabilidad, la obediencia o la conformidad, más allá de la preocupación por el sufrimiento de los demás, que pueden ser la base de la relación entre la propensión a la culpa y el soborno.

Por último, compartir esta reflexión irónica de Jonathan Swift: “El poder arbitrario constituye una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo”.

Soborno y sentimiento de culpa