domingo. 21.04.2024

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A este paso tendremos que idear etiquetas para bautizar una nueva época. Quizá no debamos conformarnos con denominar un periodo histórico, porque podríamos encontrarnos ante una nueva era, que no sería la del Antropoceno, sino la del Cibercronoceno. Todo dependerá de cómo evolucione la IA Generativa. La pandemia nos dio pie para reflexionar sobre nuestras inercias económico sociales y detectar sus disfunciones, pero desaprovechamos la ocasión. Algunos oportunistas hicieron su agosto, porque los desalmados nunca desaprovechan aprovecharse de las desgracias ajenas, pero también se dieron cooperaciones internacionales y gestos anónimos muy solidarios. En cuanto expiró el confinamiento forzoso retomamos nuestros perores hábitos, entendiendo por tales aquellos que dañan al planeta y pueden provocar un desahucio masivo sin precedentes de nuestra morada común: la Tierra. Seguimos apostando por la obsolescencia y la caducidad más inmediatas.

Aznar decide conmemorar el veinte aniversario del 11M porfiando en su delirio narcisista de creer que aquella masacre se proponía hacerle perder unas elecciones

Ese cáncer social que suponen las desigualdades extremas entre ganadores y perdedores ha retornado con mayores bríos, aunque parecía imposible ahondar en las diferencias. Se reparten dividendos fastuosos entre los accionistas, pero esos beneficios no redundan en el mercado salarial. Unos pocos acaparan los recursos y las riquezas, mientras el resto sobrevive a duras penas. Hemos vuelto a endeudarnos para costear efímeros caprichos absurdos y las hipotecas están arruinando a familias con ingresos medios. En lugar de aplaudir al personal sanitario, les insultamos por no dar abasto al desatenderse los recursos humanos y las infraestructuras. 

La polarización alcanza cotas insospechadas. Aznar decide conmemorar el veinte aniversario del 11M porfiando en su delirio narcisista de creer que aquella masacre se proponía hacerle perder unas elecciones. Ayuso ha heredado esta megalomanía y defiende a su pareja denunciando una lunática conspiración del Estado. Aunque las evidencias desmientan sus declaraciones, nunca se desdicen para no decepcionar a sus partidarios. El emponzoñamiento de la política y los escándalos de corrupción son insoportables. La discrepancia y el disenso son imprescindibles para mantener debates que generen consensos. Otra cosa es que los argumentos hagan mutis por el foro y ocupen su lugar las descalificaciones más desabridas. El protagonismo del quehacer político lo acaparan quienes han hecho de la política su profesión, en lugar de tenerlo la ciudadanía.

El tablero político internacional da escalofríos. Nadie hubiera previsto dos guerras cercanas como las que hacen pensar a Europa en un eventual escenario bélico dentro de sus fronteras. En vez de paliar las consecuencias causadas por la pandemia, se nos dice que toca invertir mucho más dinero en defensa y el problema es que las armas no parecen tener eficacia en términos de disuasión como lo tuvieron los arsenales atómicos durante la Guerra Fría. Da pánico fantasear con una descabellada camaradería entre Trump y Putin que no dejara indiferente a China. Un efecto dominó en las cadenas de alianzas militares podría desencadenar un escenario bélico de proporciones colosales.

El protagonismo del quehacer político lo acaparan quienes han hecho de la política su profesión, en lugar de tenerlo la ciudadanía

Putin ganará unas elecciones en las que no tiene rival, porque los candidatos a plantarle cara desaparecen del mapa, como los periodistas que no gustan al régimen saudí. Tampoco cabe criticar que la población palestina esté acorralada sufriendo un exterminio masivo, porque al hacerlo se te acusa de confraternizar con el terrorismo. Es probable que Trump ocupe de nuevo La Casa Blanca, gracias a ese Tribunal Supremo cuya mayoría designó. Da igual que defraude al fisco, hurte documentos clasificados o inste a sus huestes para tomar el Capitolio. Con este panorama dudo que Paco Ibáñez pudiera escribir un tema como Erase una vez, donde soñaba un mundo al revés donde había un lobito bueno maltratado por todos los corderos, una bruja hermosa y un pirata honrado. Porque las peores pesadillas pospandémicas parecen despertarnos de sueños como ese. 

He concebido este artículo mientras escuchaba en la Konzerthaus de Berlín el poema sinfónico Así hablo Zaragustra, cuyo impactante comienzo popularizó Kubrick en 2001, una odisea en el espacio. Asociamos esos compases a las imágenes de un primate que descubre cómo dominar con una nueva herramienta. De repente, al deleitarme con ese pasaje melódico, me dio por imaginar que dentro de nada mi móvil bien pudiera registrar mis pensamientos, a modo de dictáfono telepático. Me horroriza la idea de que un artilugio pueda husmear en mi sistema neuronal e irrumpir en mis ocurrencias o recuerdos. Espero no llegar a verlo, pero a lo peor cosas como esa ya no son una fantasía futurista de ciencia ficción. ¿Acaso es razonable no poner lindes morales a un invento que va superando vertiginosamente todos nuestros pronósticos?

Pesadillas pospandémicas