jueves. 25.04.2024

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El caso Koldo demuestra que se pueden designar puestos de altas responsabilidad a personas con escasa preparación para justificar tales nombramientos. Es bochornoso que quienes confiaron en esos colaboradores hagan como si la cosa no fuera con ellos. Dicho esto, las trapacerías de los períodos al proponer o sancionar comisiones de investigación tampoco ayudan a clarificar las cosas. Y la doble vara de medir idénticas corruptelas en función del color político da mucho que pensar. 

La comunidad madrileña podría ganar el concurso de altos cargos mezclados con chanchullos escandalosos. Esperanza Aguirre puso la mano en el fuego por Francisco González y las quemaduras fueron de primer grado, al comprobarse judicialmente que le había salido rana. Cristina Cifuentes aseguró que no dimitiría con una insistencia digna de Rubiales, pese a que le habían falsificado un título universitario. Ella se fue de rositas, aún cuando quienes habían cedido a sus presiones y falseado documentos no salieron tan bien librados. Un vídeo le mostró la puerta de salida por haber hurtado unas cremas faciales. 

Cree tener una patente de corso y una bula para hacer de su capa un sayo. Arrasar en las contiendas electorales le hace gozar de una férrea inmunidad contra cualquier escándalo que pueda rondarle

Ayuso mantiene que hay una campaña en su contra. El peculiar e irregular préstamo concedido a su padre y las comisiones de su hermano pretendían empañar su imagen. A Pablo Casado le costó muy caro manifestar públicamente que no era muy presentable aprovecharse de una situación tan crítica como la pandemia. Ahora le toca el turno a su novio. Sus problemas con hacienda parecen apuntar a un fraude fiscal muy elaborado. Ese dinero hurtado al fisco ayudó a comprar una vivienda que resulta ser el actual domicilio de Ayuso

La izquierda parece poder manipular al entorno de Ayuso para que se vea involucrado en chanchullos financieros. También sería capaz de adivinar el futuro y poner en un mal trance a quien luego devendría la pareja sentimental de Ayuso. Quizá sea una especie de infiltrado y cobre de La Moncloa. Es lo que le queda por decir a la popular presidenta madrileña, quien prevé tener carta blanca para no verse afectada por ningún reproche. Los ancianos de las residencias hubieran muerto igual, asegura con un escalofriante cinismo macabro. 

En lugar de aseverar que la justicia dilucidará los hechos relacionados con su pareja, se defiende atascando a la izquierda en general y al presidente del gobierno en particular. Cree tener una patente de corso y una bula para hacer de su capa un sayo. Arrasar en las contiendas electorales le hace gozar de una férrea inmunidad contra cualquier escándalo que pueda rondarle. Siempre alega una brutal y despiadada conspiración contra su persona para desacreditarla. El gobierno se vale del Estado para ponerla contra las cuerdas. ¿Cómo es posible que un discurso tan delirante pueda tener sus adeptos?  

¿Cómo se compró el piso donde vive Ayuso en su Madrid?