miércoles. 24.07.2024

@Montagut | El Gran Consejo General Ibérico y la Gran Logia Simbólica Española se constituyó el 15 de febrero de 1887, siendo gran maestro del soberano Gran Consejo, Manuel Gimeno Catalán. Esta Obediencia fue reconocida por el Gran Consejo de Nápoles en enero de 1889. Trabajaba en el Rito Antiguo y Primitivo Oriental de Memphis y Mizraim, de vinculación con la Masonería de tradición egipcia, una peculiaridad en la Masonería española hasta ese momento. En 1889 se puso en marcha el Boletín de Procedimientos del Soberano Gran Consejo General Ibérico y Gran Logia Simbólica Española.

La creación de esta Obediencia supuso un capítulo un tanto especial en el panorama de la Masonería española de la época, y no sólo por el rito en el que trabajaba, sino especialmente porque, sin lugar a dudas, se vinculó mucho con la política, en un sentido claramente progresista, de librepensamiento, republicano y anticlerical. En este sentido, también tuvo preocupaciones obreristas y educativas, como se pondría de manifiesto en su Boletín.

Las “caducas monarquías” acababan de ser expulsadas de su último refugio y baluarte, el de América

Precisamente, en este artículo queremos acercarnos a su opinión sobre la llegada de la República a Brasil,

Recordemos que la República se proclamó en Brasil el 15 de noviembre de 1889 a través de un golpe de Estado, dado por el mariscal Deodoro da Fonseca, que se convirtió en el primer presidente del nuevo régimen. Se destituyó al emperador Pedro II, que marchó al exilio. El Imperio de Brasil pasó a denominarse Estados Unidos del Brasil, aunque luego en 1967 cambiaría a República Federativa del Brasil. En realidad, la proclamación de la República no fue una verdadera revolución, sino que fue realizada por militares, y el propio emperador no se empeñó en reprimir la rebelión, aceptando la nueva situación.

Para los masones de la Obediencia parecía que el hecho de la llegada de la República a Brasil, que se consideraban un acontecimiento feliz, tenía que ver, en cierta medida con la propia Masonería. ¿Pero se trataba de conspiraciones o de algo parecido? No parece que ese había sido el camino según esta publicación.

Para el Boletín las “caducas monarquías” acababan de ser expulsadas de su último refugio y baluarte, el de América.

Era motivo de consuelo que se fuera realizando el “humano progreso”, una obra que la publicación consideraba titánica y que siempre había sido encomendada a la masonería. No habría habido idea o esfuerzo en relación con el progreso que no llevara su sello, y en todas partes. La masonería no había dejado de trabajar por la felicidad humana, y por ello había sido perseguida, así como a sus miembros. Había habido muchos sinsabores, pero siempre se habían visto acompañados por beneficios, que constituían una suerte de consuelo.

Aparecía la masonería como responsable del fin de la monarquía, por el trabajo hecho de divulgación de las ideas y objetivos

Se había labrado la “piedra tosca” (en plena terminología masónica) del fanatismo, la ignorancia, difundiendo todo tipo de conocimientos, y estudiando todas las leyes del universo, además de educar al hombre en el conocimiento de las mismas para que pudiera sentir y pensar según le dictaba la razón, dirigir a la humanidad con la luz de la verdad, concluir con todas las tiranías que esclavizaban a los niños y las mujeres, y que ponían muchas trabas al hombre, extirpar todos los vicios, concluir con todos los errores, acabar con los privilegios, hacer desaparecer las injusticias, y exterminar a todos los que del vicio, error, privilegio o injusticia vivían; es decir, como vemos una tarea casi titánica.

Pero el texto tenía más interés porque explicaba de qué medios se había valido la Masonería para cumplir con todos esos objetivos. Siempre habían sido “armas justas”, medios dignos y partidarios que habrían practicado con el ejemplo. Y esos habían sido los masones siempre perseguidos por los que querían que dominase la ignorancia, el error, el fanatismo y la injusticia.

Estas cuestiones servían como preámbulo para congratularse del fin del imperio brasileño. Se interpretaba como algo que parecía casi inevitable, o que se veía venir por la existencia de un emperador ya anciano y que no podía mantenerse al frente de los negocios públicos, aunque nada se decía del modo en cómo llegó la República que, como hemos señalado, nada de revolucionario tuvo.

Y aquí aparecía la masonería como responsable del fin de la monarquía, aunque no como una organización que hubiera conspirado o trabajado para ello de forma evidente, sino por el trabajo hecho de divulgación de las ideas y objetivos que se habían señalado antes. La masonería había influido por divulgar las ideas sobre que los pueblos tenían derecho a ser gobernados como les pareciera, y extendiendo las ideas del librepensamiento, los brasileños se habían librado de la tutela imperial para demostrar al mundo que no era aquel un pueblo que mereciera la esclavitud, sino que era digno de llevar a la práctica los ideales de justicia y libertad.

La Obediencia masónica terminaba felicitando a los hermanos de Brasil por este cambio.

En el mismo Boletín se hacía una reflexión muy masónica sobre la “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, dirigida a los republicanos de Brasil, una trilogía que habría sustituido a la antigua, “Dios, Patria y Rey”.

Hemos trabajado con el número del 30 de noviembre de 1889 del Boletín referido. Sobre esta Obediencia podemos acudir al trabajo de Pedro Álvarez Lázaro, “Pluralismo masónico en España”, en la obra de José Antonio Ferrer Benimeli (coord..), La masonería en la España del siglo XIX, Junta de Castilla y León. 1987, págs. 19 y ss.

La Masonería española y la llegada de la República en Brasil