domingo 21.07.2019

Las guerras de Trump: ¿sólidas, líquidas o gaseosas?

Las guerras de Trump: ¿sólidas, líquidas o gaseosas?

La primavera llega cargada con tambores batientes de confusas crisis internacionales, rumbos de colisión en el siempre sensible Golfo Pérsico, represalias comerciales de grueso calibre y largo alcance con China e incremento de tensiones en diversas zonas mundiales (Corea del Norte y Venezuela). El protagonista esencial de este clima de inquietud es el inquilino de la Casa Blanca, que soporta a duras penas una guerra política interna más sorda pero mucho más destructiva para sus ambiciones de continuar en el puesto.

LA GUERRA COMERCIAL CON CHINA

Trump se ha propuesto presionar a China con su manual de aguerrido hombre de negocios, convencido de que puede lograr que el gigante asiático se avenga a sus convenientes reglas

De todas estos sobresaltos, el que más daño está haciendo, de momento, es la inepta confrontación comercial con China. Fastidiado por unas negociaciones complejas y tediosas que se alargan más de lo que su escasa paciencia le permite soportar, Donald Trump se ha embarcado en una dinámica de represalias tarifarias y de cierre de aduanas a productos tecnológicos sensibles que sólo pueden generar una escalada y alejar la solución razonable de la disputa.

Las prácticas económicas y mercantiles de Pekín son desde luego ventajistas. Pero Estados Unidos lleva tiempo consintiéndolas, porque se ha creído siempre que, a la postre, la inmersión del gigante asiático chino en el capitalismo internacional terminaría consumiendo su autoritarismo y llevando a las fuerzas dinámicas de la sociedad hacia el orden liberal. Importa poco que el mismo análisis se hiciera de Rusia, con un resultado opuesto al esperado.

Trump se ha propuesto presionar a China con su manual de aguerrido hombre de negocios, convencido de que puede lograr que el gigante asiático se avenga a sus convenientes reglas. Algunos analistas consideran que no le faltan argumentos, porque, contrariamente a quienes han exagerado el peligro amarillo, China está muy lejos todavía de desafiar la hegemonía norteamericana (1).

Pero el presidente hotelero ha repartido muy mal las llaves del acoso a Pekín. Se ha indispuesto con sus aliados tradicionales en Europa, Asia y Oceanía al plantear otras disputas comerciales inoportunas (2). Su ignorante arrogancia le ha llevado a gestionar el problema de manera arbitraria e intempestiva. No hay ventaja mayor para los herederos del Imperio Medio que su rival se deje conducir por la impaciencia. Ellos conciben la lucha como un ejercicio de tenacidad. La enorme dimensión del dossier chino fluirá seguramente por la fuerza de las cosas y dejará de aparecer como una sólida roca en el sendero de la globalización capitalista, para adoptar la forma de un caudal tempestuoso pero líquido que será posible canalizar y embalsar.

LA EXHIBICIÓN DE FUERZA EN EL GOLFO

Congresistas demócratas consideran la actual escalada una crisis “manufacturada” por Bolton y Trump

La otra crisis global del momento viene sazonada con música militar. Trump flexiona músculos ante Irán, por instigación de su consejero Bolton. La República Islámica chií es una asignatura pendiente para este sobreviviente de la patrulla neocon, que siempre consideró insuficiente el desastre de Irak y apostaba por terminar la tarea derribando el régimen de los ayatollahs. No convencieron a Bush de tan ambicioso proyecto.

Ahora, Bolton cree que le ha llegado su segunda oportunidad (3). Ha procedido con astucia, sabiendo lo necesitado que está su Jefe de aportes de popularidad que una campaña internacional siempre proporciona. Aprovechando la fijación de Trump en desbaratar el acuerdo nuclear para borrar cualquier rastro del legado de Obama, Bolton ha cargado las tintas sobre las amenazas que Irán representa para la estabilidad regional, el suministro mundial de crudo e incluso la propia seguridad de Estados Unidos.

Tal ha sido su empeño que ha conseguido que el Pentágono elabore un plan de contingencia a la medida de las grandes ocasiones. El despliegue militar en el Golfo, desvelado por el New York Times, es inquietante (4). No obstante llevará semanas, si no meses, encaminar hacia la zona los 120.000 hombres previstos en el plan, y aún este número resulta insuficiente para un ataque por tierra, como han señalado los propios jefes militares.

Una vez que Washington se retirara del acuerdo nuclear, era de esperar que Irán moviera ficha. Ha tardado en hacerlo y lo ha hecho cautelosamente, sin incumplir en lo fundamental lo pactado, dejando la puerta abierta a un gesto de Europa (puede contar con Rusia y China, pero su apoyo no es suficiente ni concluyente).

Con ironía y dominio del relato mediático, el jefe de la diplomacia iraní y arquitecto del acuerdo nuclear, Javad Zarif, hizo recaer ya hace un mes la responsabilidad de lo que pueda ocurrir en las cuatro Bs: Bolton, Bibbi (Netanyahu), Bin Salman (el príncipe heredero saudí) y Bin Zayed (el homólogo de los Emiratos).

Por el contrario, a los ayatollahs, sobre todo al Supremo Jamenei, les gusta hacer gruesas proclamas y predicciones apocalípticas sobre el destino de los pérfidos enemigos. Pero la teocracia iraní sabe muy bien que la continuidad del régimen, y por lo tanto de sus privilegios, pasa por no deslizarse hacia un conflicto sólido con el Gran Satán.

Congresistas demócratas consideran la actual escalada una crisis “manufacturada” por Bolton y Trump. En la misma línea, los aliados europeos consideran injustificado este impulso bélico, porque no aprecian un incremento del riesgo de ataque iraní en el Golfo (5). Los sabotajes a algunos petroleros el pasado fin de semana pueden ser provocaciones o fabricaciones, aún se ignora.

Por de pronto, esta crisis puede servir para desviar la atención del acoso demócrata al Presidente de las 10.000 mentiras, por los efectos del Informe Mueller y sus opacos negocios y cuentas fiscales. Lo más probable es que este ruido bélico se licue y luego se evapore en forma de retirada discreta sin mayores consecuencias. Pero es innegable que  cualquier incidente, o accidente, puede prender la mecha de una confrontación de gruesas consecuencias.

bolton

John Bolton

ESCENARIOS SECUNDARIOS: COREA DEL NORTE Y VENEZUELA

En Corea del Norte, las nuevas pruebas misilísticas y la reanudación de otras tareas menores relacionadas con el desarrollo de su arsenal nuclear de Pyongyang tienen más aire de rutina que de desafío a Washington. Son gestos que suenan pero no constituyen una amenaza a la altura del esfuerzo que supone para una población hambrienta y sojuzgada.

La atrabiliaria iniciativa de paz con el líder norcoreano acabó en fiasco. Trump se ha aburrido del dossier norcoreano, ahora que sabe que no obtendrá el Nobel por hacerse fotos en dos resorts exóticos al otro lado del Pacífico.

Lo más probable es que este ruido de las últimas semanas se consuma como la estela de los cohetes y se vuelva a una estrategia de negociación más sólida, que no esté basada en la retórica del fire & furious, ni en una paz ficticia de dos líderes desiguales en estatura física pero similares en envergadura ética.

En Venezuela, un desenlace sólido es cada vez más probable, precisamente porque es más plausible y la percepción del riesgo es menor para la Casa Blanca, aunque no para los venezolanos. El fracaso del reciente golpe hace temer otra intentona, quizás más violenta.


NOTAS

(1) Para hacerse una idea completa y objetivo de la dimensión de la disputa comercial chino-norteamericana, es muy útil el desglose presentado en la BBC en su página web.
(2) “Why U.S. allies aren’t rushing to back Trump’s China trade war”. ADAM TAYLOR. THE WASHINGTON POST, 14 de mayo.
(3) Ver mi comentario en esta página, la semana pasada.
(4) “White House reviews military plans against Iran, in echoes of Iraq war”. THE NEW YORK TIMES, 13 de mayo.
(5) “Skeptical U.S. allies resist Trump’s new claims of threats from Iran”. THE NEW YORK TIMES, 14 de mayo.

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